Regional

Especial por el 469 Aniversario de moquegua

Cementerios moqueguanos

Las momias de los chinchorro

Cuando se trata de orígenes de Moquegua se dice mucho de los chiribayas. Conocido es que se establecieron en la costa del extremo sur y se expandieron hasta territorio chileno y arequipeño; pero, existieron otros pobladores que forman parte de la historia moqueguana: los chinchorro.

Momias. Tradición mortuoria distingue a las sociedades chinchorro. Difuntos. Su rostro era cubierto con arcilla.

Se denomina chinchorro a una tradición mortuoria, según explica la arqueóloga Betsabé Camargo Padillaos. Es decir que la manera en la que preparaban a los muertos sirve para identificar a las sociedades chinchorro.

Estas sociedades abarcaron desde el norte de Chile (Arica) hasta el sur del Perú (Moquegua). Su tradición mortuoria es muy conocida por lo avanzado de su técnica para la época a la que pertenecieron: el periodo Arcaico (10000 a 3000 antes de Cristo). La tradición se desarrolló entre los años 5000 y 3800 antes de Cristo, aproximadamente.

La cultura Chinchorro es la primera manifestación compleja de un culto a la muerte y a los antepasados en la costa árida sudamericana. Se manifiesta en el complicado proceso de momificación que consistía en la extracción de los músculos y las vísceras del difunto, los que eran sustituidos por vegetales, plumas, trozos de cuero, vellones de lana y otros materiales. Luego, el cuerpo era cubierto con una capa de arcilla. Con pelo humano confeccionaban una peluca que colocaban en la cabeza.

Este proceso pasó por distintas etapas: al principio sólo se momificaba a los recién nacidos y a los niños, utilizando colores llamativos y acompañándolos con figurillas de barro. En el clímax de la cultura, hacia 3000 a.C., se momificaban representantes de todos los miembros de la sociedad y de todas las edades (hombres, mujeres, niños, adultos y ancianos), embadurnándolos con pigmentos rojo, negro y café.

Durante el ocaso de esta cultura, sólo se aplicaba mascarillas de barro. Al parecer, las momias no se enterraban, sino que eran instaladas de pie, formando parte activa de los campamentos, tal vez como una marca territorial del linaje del grupo a partir de un ancestro común. Además de las momias, existían entierros simples sin momificación. Estos son de tipo múltiple, posiblemente familiar, y se ubican en las terrazas superiores.

El desarrollo artístico chinchorro quedó plasmado, casi exclusivamente, en el delicado ajuar de las momias y en cierto sentido, en el elaborado tratamiento que recibían los difuntos. Contaban con turbantes de cuerdas de fibra vegetal o animal torcidas, adornados con cuentas de concha y malaquita, que cubrían la cabeza deformada intencionalmente en vida.

Los rostros eran cubiertos por finas mascarillas de barro y los cuerpos envueltos con elaborados textiles de fibra animal y/o vegetal a modo de fajas y cordones. Estos combinan distintos colores según la época, primando los tonos crudos, ocres y terracotas.

Algunas momias presentan faldellines de totora. Los cuerpos descansan sobre esteras de fibra vegetal y sacos de piel animal. Muchas de las momias eran acompañadas de estólicas, cuchillos, arpones y otros instrumentos. A veces, también de láminas de cobre nativo o natural que iban dentro del conjunto funerario. Los chinchorro se dedicaban a la caza, pesca y recolección. No incursionaron ni en la cerámica ni metalurgia, pero utilizaron materiales malacológicos (moluscos) para elaborar anzuelos.

Orígenes moqueguanos

En su andar por el Perú, los primeros moqueguanos poblaron la región hace 1200 años, siendo pequeños grupos de cazadores dispersos, hasta que los huaracanes, grupo agroalfarero y ganadero, se asentaron en la zona alrededor del año 1000 antes de Cristo. Tiempo más tarde, alrededor del 500 después de Cristo, surgieron dos grandes civilizaciones: Tiahuanaco, de origen altiplánico; y Wari, de Ayacucho.

Luego del colapso Tiahuanaco-Wari, aparecieron los chiribayas (950 a 1350 después de Cristo) y los estuquiñas (1000 a 1475 después de Cristo), grupos que fueron integrados al Tahuantinsuyo a la llegada de los incas.

EVIDENCIAS CULTURALES EN PELIGRO

En Moquegua, exactamente en la provincia de Ilo, el Centro Mallqui, a cargo de la arqueóloga Sonia Guillén Onelio, ha dedicado sus esfuerzos a combatir el huaqueo en un programa para conservar las momias que tanto tienen por decir.

Para Camargo Padilla es necesario asignar mayores recursos económicos y tecnológicos para la conservación de momias, y que los pobladores protejan el legado de sus ancestros. "Sólo así tendremos las cosas claras y un panorama completo de nuestra historia", refiere la especialista y menciona el caso de los restos de un niño encontrado en Moquegua, en el límite con Puno, al interior de una cueva. Luego de algunos estudios, se podrá determinar si perteneció o no a la sociedad chinchorro.