La Columna

MABEL C�CERES CALDER�N


Consumir

Aunque el discurso oficial nos dice que estas inversiones son esencialmente buenas y no tienen ninguna contraindicaci�n, el paisaje de multitudes copando los nuevos centros comerciales, con varias bolsas de pl�stico bajo el brazo, seguramente portando mercader�a con calidad china, a precio de americana, despu�s de haber hecho uso de una tarjeta pl�stica, me deja una sensaci�n de que algo no anda bien.

Por estos d�as, todos los malls, las marcas, las franquicias y los lugares de comida r�pida, se han esmerado en presentaciones, conferencias, inauguraciones y colocaciones de sus tarjetas, porque la �poca navide�a trae consigo ingresos que representan el triple de sus ventas normales.

Y en estos d�as es que afloran y se hacen m�s dolorosas las grandes diferencias entre distintos sectores sociales. El desasosiego que causa la sensaci�n de haber gastado m�s all� de nuestras posibilidades, de haber realizado una compra excesiva o mala que nos va a costar varios meses de trabajo, es demasiado frecuente en esta fecha. Mientras los inversores seguramente frotan sus manos con el sudor de nuestra frente.

Tal vez sean los a�os de privaciones los que empujan a grandes sectores a lanzarse desenfrenadamente a las fauces del nuevo mercado de consumo, pero lo que s� es seguro, es que no ser� de esta manera como lograremos consolidar nuestra econom�a, ni familiar ni socialmente. La regi�n no puede basar su esperanza decrecimiento sostenido, s�lo alentando el comercio y el gasto artificial de moneda pl�stica, pues se formar� una burbuja de alta peligrosidad para la estabilidad de las finanzas. Lo que hay que desarrollar ahora son los sectores productivos, con calidad y competitividad suficientes para hacerse sostenibles en el tiempo. Mientras que el consumo por s� mismo es ef�mero y vol�til.

Adem�s, el consumo basado en las enga�osas estrategias publicitarias, trae consigo otros males como un falso sentido de competencia, falta de solidaridad, enajenaci�n, ausencia de decisiones racionales, entre otros, que los sic�logos sabr�n explicar mejor, especialmente entre el p�blico adolescente.

La constataci�n de que hay bienes que no podemos adquirir, a�n cuando sean innecesarios, es una de las m�s perniciosas estrategias de venta desarrolladas por el marketing moderno, destinadas a ese p�blico vulnerable. A veces, con resultados desastrosos para la econom�a familiar.

Tal vez en estos d�as, lo mejor sea no dejarse tentar por esta falsa sensaci�n de bienestar y buscar la satisfacci�n en lo inmaterial que, no nos remitir� su estado de cuenta mensual, provocando nuevas e inacabables preocupaciones.