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Arena y gol

La lluvia persistente de estos d�as no ha impedido que los fieles al castigo acudan al estadio de la UNSA a ver caer nuevamente a la selecci�n nacional sub 20 de f�tbol. Quienes no disfrutan del masoquismo fugan a la playa donde tambi�n habita el peligro.  

En el suelo. Una victoria in�til que s�lo sirvi� para llorar la eliminaci�n.

Solo se necesitaba ganarle 4 a 0 a Uruguay para continuar con vida. La calculadora iba junto al cron�metro, rebuscando en las matem�ticas y el tiempo las posibilidades de seguir en competencia. Gan�bamos 2 a cero y faltaban 20 minutos. -�S� se puede!- empez� a gritar el entusiasta que nunca falta y al que, en esas circunstancias, se le mira con piedad.

Pero el reloj marc� el final y a la calculadora le faltaban funciones. Y eso que a Per� siempre le va bien en los mundiales de matem�ticas.

All� vinieron los llantos y el rechinar de dientes. Se revivieron las im�genes del partido anterior frente a Venezuela, ese que se iba ganando con tranquilidad y que hubiera servido para clasificar. Pero un solo muchacho llanero, de contextura m�s bien endeble, pero con las ganas ovoides que le falta a todo el equipo de Ferr�n, se llev� a 4 compatriotas que prefirieron verlo pasar antes de arrancarle el bal�n, apunt� desde afuera del �rea e hizo el gol de su vida, ese que significaba el empate de la vinotinto. La cara del DT de la bicolor era impagable. Casi, casi cara de autogol.

Con todo, el �ltimo encuentro frente a los charr�as convocaba a los esperanzados, esos que quiz�s han encontrado en los textos de Coelho y Osho la ayuda que necesitan para entender el misterio de la vida. Pero con la c�lera de volver a ser eliminados no hay filosof�a zen que valga. Las iras apuntaban a un solo hombre: Manuel Burga Seoane, sempiterno mandam�s del la Federaci�n Peruana de F�tbol, al que el 94% de los peruanos quiere ver en la Franja de Gaza o en Kabul, sin m�s protecci�n que su cara de "amiquechu".

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Mientras tanto, en el pl�cido balneario de Catarindo, una mujer se abandonaba al placer del chapuz�n en el mar. Y es que en esa playa en particular, el sereno tr�nsito de las olas ofrece la posibilidad de reposar montado sobre un flotador que alguna vez fue la c�mara de una llanta de cami�n. En ese ambiente andaba Janet Castro, dama nadadora de 39 a�os, cuando lo improvisto le ocurri�.

Sin estar todav�a esclarecidas las circunstancias, Janet fue atacada sin misericordia por un Arctocephalus australis, nombre que le da la ciencia al lobo marino de toda la vida. Este mam�fero, normalmente calmo y de buen coraz�n, la emprendi� a dentelladas contra Castro, acaso sinti�ndose amenazado en su h�bitat por la nadadora eventual. Los gritos y manotazos desesperados de la v�ctima fueron la alerta que impuls� a los bravos salvavidas de la zona (y los curiosos que nunca faltan) a lanzarse al agua en evidente riesgo de la integridad propia, ya que, a la distancia, no pod�an saber con certeza qu� clase de criatura pretend�a engullirse a la se�ora de casi 4 d�cadas.

Con gritos, pu�etes y otros ardides improvisados por la urgencia, los tres salvavidas lograron que el lobo marino soltase a su presa, antes de sumergirse en las aguas del mar mollendino. El estado de Castro luego de este ataque era lamentable. El parte del hospital donde fue ingresada indica cinco heridas graves, adem�s de m�ltiples desgarros en la piel y contusiones varias.

En un acto que s�lo puede catalogarse como prevenci�n, Rosmery Ocola, directora del hospital de Mollendo, ha solicitado a las autoridades de la Municipalidad Provincial de Islay que ubiquen con car�cter de urgencia al lobo marino para analizar si presenta alguna enfermedad, lo que explicar�a el ataque rabioso contra una mujer que nada le hizo.

De momento se desconoce el paradero del lobo agresor y se sabe poco si la Polic�a ha montado un operativo para dar con su ubicaci�n. Urge el identikit que ayudar�a en su captura. Por lo pronto, Castro fue dada de alta y parece encontrarse bastante recuperada del incidente, aunque todav�a no se ha acercado a la comisar�a del sector para identificar al lobo mat�n. Entendemos su temor. (Jorge �lvarez)

 

Escena del crimen. Tranquilo balneario de Catarindo fue escenario de ataque inmisericorde.

Fugitivo. Se desconoce el paradero del agresor. Sospechas apuntan a para�so financiero.