mauricio huaco

Ecopolis


Ciudad efervescente

Los tiempos cambian y vaya si las cosas no han cambiado en los �ltimos tiempos en Arequipa. De ser una ciudad l�nguida y medio an�mica, ha pasado a un estado de efervescencia que est� echando ra�ces y semillas para el surgimiento de una nueva fisonom�a urbana. Y es que las ciudades no pueden permanecer congeladas en el tiempo, ajenas a cambios globales que, de alguna manera, imprimen los formatos de evoluci�n de la sociedad en una era de modernizaci�n tecnol�gica sin precedentes.

Sin embargo, muy pocos han prestado o�dos a quienes ya hab�an anticipado algo de lo que Arequipa hoy est� viviendo. El decir de muchos -que �sta ola de bonanza ha aparecido de la nada- es poco cre�ble y nada cient�fico; como lo es igualmente, el pensar que Arequipa no ten�a porqu�, ni c�mo, saber que �ste momento de cambios estaba en ciernes.

Lo curioso del caso es que a�n no estamos tomando muy en serio la decisi�n pol�tica para marcar el nuevo rumbo del desarrollo de nuestro espacio territorial, desde su dimensi�n regional hasta sus dimensiones barriales, bajo una pol�tica integral e integradora. Mientras no se apueste por la planificaci�n del espacio como �nico medio para garantizar el �xito de cualquier empresa que busque aprovechar, sabia y coherentemente, �sta ventana de bonanza para construir un ambiente m�s adecuado para todos; estaremos condenados a perder el tren del desarrollo f�sico espacial sostenible.

Pero tambi�n es cierto que las autoridades no deben cargar con el �ntegro de �sta responsabilidad. Arequipa ya bordea el mill�n de personas, pero s�lo una fracci�n de ellas pueden ser considerados ciudadanos con legitimidad de obra y pensamiento. La gran mayor�a, permanecen imp�vidos en su c�moda y an�nima condici�n de simples "habitantes". Construir ciudadan�a entre sus habitantes es un buen negocio para la ciudad. En la medida que hayan mas ciudadanos, entonces habr�n m�s conciencias y mentes participando activamente en el desarrollo local. M�s ciudadanos conscientes y mejor educados representan un sustancial ahorro en el gasto corriente de limpieza, mantenimiento y descontaminaci�n de la ciudad. Menos imprudencias y negligencias traer�n menos accidentes y m�s seguridad. En tal sentido, la idea de la injerencia municipal en la educaci�n no es, despu�s de todo, una idea descabellada. Deber�a inclusive llegar hasta la educaci�n superior, planteando retos de formaci�n profesional y t�cnica en las �reas que la ciudad demanda con m�s urgencia para fortalecer y mantener el rumbo de su propio desarrollo.

El sue�o de una ciudad de parques sin rejas, de calles sin rompe-muelles, de avenidas bien iluminadas, de r�os limpios y �rboles saludables; con un transporte urbano r�pido, limpio, eficiente y seguro; con ciudadanos felices y orgullosos de su ciudad y su patrimonio, es un reto a�n pendiente para la autoridad. Pareciera que, al menos, hay la buena voluntad de escuchar consejos e ideas. Ojal� as� sea. Por algo se empieza.