Policial

Mañana se dictará sentencia contra los asesinos

El muertito de Characato

Ese día habían entrado los burros con el capo en los lomos a la plaza de Characato y con ellos la fiesta del Jesús Nazareno vivía su hora punta, mientras que el cuerpo de Marco Antonio Luza Cutire yacía rígido y destrozado en una chacra. Tres sujetos lo violaron y torturaron, dejándolo muerto y abandonado. Pero nada les hacía sospechar que un niño escondido entre los matorrales se convertiría en la pieza clave para desvelar los más pervertidos atajos de un crimen que desde el 2008 acabó con la paz de un pueblo.  

Cadáver. Al momento de su levantamiento, su estado era irreconocible. Una piedra enorme en la cabeza le quito la vida.

Su patrón lo había violado, pero la policía de Mollebaya no le hizo caso a su denuncia y le recomendó volver cuando nuevamente fuera víctima de abuso. El pequeño W.P.T. de 13 años terminó huyendo para Characato y allí recibió ayuda de una vecina que le dio comida y casa. Esa misma tarde el pequeño rondaba cerca del lugar del crimen. Oculto en una zanja pudo ver cómo "el flaco lo agarraba por atrás", el otro le "mordía el pene" y el "gordo cachetón le tiraba la piedra al muertito". Según el menor, eran Paúl Herrera Mendoza, Elvis Acosta Condori y Omar Peralta Herrera, vecinos del distrito de Characato, quienes ultimaron a Marco Antonio Luza Cutire amparados en la bulla de la fiesta patronal, confiados de que nadie se enteraría de su crimen.

Al día siguiente la calma del distrito se acabó ante el cadáver de un sujeto en estado irreconocible. Desde la tarde anterior los hermanos de Marco Antonio lo estaban buscando en casa de su abuela y sus tías, pero nadie tenía noticias de él, luego de que saliera de casa como todos los domingos para jugar un partido de vóley en la zona de El Cerrillo. Pero la garúa hizo que los jugadores nunca aparecieran.

Entonces él, en compañía de Marleny Macedo, su tía, fueron a pasar el rato a la tienda bebiendo un par de cervezas. La lluvia continuaba, con lo que el juego de cada fin de semana se había frustrado definitivamente. Marco Antonio habría salido de la tienda, sobrio, rumbo a su casa, hasta donde llegaría por la ruta de siempre cruzando la plaza, hecho que nunca sucedió.

Uno de sus hermanos salió a trabajar temprano. Vio el tumulto alrededor de un cadáver, pero no le prestó atención pues nada le hacía sospechar que sería el menor de sus hermanos quien yacía maniatado en esa chacra. Los peritos llegaron hasta la zona e hicieron el levantamiento del cuerpo, recogieron las pruebas y se pusieron a estudiar el caso luego de que la fiscalía lo pusiera en investigación. Hasta ese entonces no se mencionaba ningún sospechoso del asesinato.

La llamada

Las investigaciones continuaron pero no se tenía rastro de ningún sospechoso, ni se conocía de la existencia del testigo presencial del crimen. Ante esto, el pequeño W.P.T. decidió nuevamente denunciar el abuso al que había sido sometido. Luego de tanto insistir mencionó haber visto todo lo sucedido el día 17 de febrero en una de las chacras más alejadas del distrito.

(Izq.) "El Muertito". Así se refería a la victima el niño que fue testigo del crimen. (Der.) Zanjas. Familiares denuncian que en la zona del crimen luego se cavaron zanjas para borrar las evidencias.

Este hecho, sumado a una llamada anónima que acusaba a Paúl Herrera Mendoza, pusieron en alerta a la policía para intervenirlos, además de los rumores que ya se filtraban entre los vecinos del pueblo por conocerse que Herrera Mendoza era "un matón que solo ocasionaba conflictos y peleas" en Characato. También fueron apareciendo los antecedentes penales de Elvis Acosta Condori, que había sido sentenciado a dos años de libertad condicional por robo de ganado, y Omar Peralta Herrera por lesiones graves, aunque sin condena.

Las pruebas

Para acusar a estos tres sujetos se contaba con algunas pruebas biológicas para determinar la culpabilidad, como un fragmento de cabello encontrado en la escena, que coincide en un 70 por ciento con los de Paúl Herrera y por supuesto con el testigo presencial a quien se pretendió confundir en la recreación del asesinato. Sin embargo el muchacho, que ahora tiene 16 años, no mostró ninguna duda al señalar en el reconocimiento a los tres implicados. Incluso describió el papel de cada uno al momento de acabar con "el muertito".

Los tres sujetos fueron internados en el penal de Socabaya donde permanecieron dos años, luego fueron puestos en libertad tras vencerse el plazo de sentencia y declararse la nulidad del proceso en la Corte Suprema de Lima, reabriéndose en Arequipa durante la semana pasada. W. P. fue traído nuevamente a testificar, brindando el mismo testimonio. (Giuliana Gutiérrez)

DATO

Muchos de los vecinos han acudido a pedir garantías al ser víctimas de amenazas pero las denuncias han sido rechazadas. Afirman que el gobernador favorece a sus familiares.

 

Denuncias

Luego de ser puestos en libertad bajo supervisión de buena conducta, los tres inculpados en el asesinato de Marco Antonio Luza Cutire volvieron al distrito. Algunos vecinos denuncian que fueron víctimas de amenazas, en las que les decían que "a cualquiera le podría suceder lo mismo que al finadito". Los tres no habrían respetado las condiciones del Poder Judicial y se habrían dedicado a organizar fiestas y hasta encabezar algunos desórdenes en el pueblo. Hecho que algunos vecinos denunciaron a la policía del sector, en donde acusan al Gobernador del distrito, Elvis Herrera Torres, de favorecer a los delincuentes por ser primo de estos sujetos.

Además se encuentra en tela de juicio el actuar del alcalde de aquel entonces, Percy Herrera Morales, por entorpecer las investigaciones del asesinato. Luego de haberse levantado el cadáver, habría mandado a cavar zanjas con el pretexto de instalar tuberías de desagüe, precisamente en el lugar donde se encontraban restos de sangre y otras pruebas. Así el paisaje cambiaría al momento de la reconstrucción. Herrera Morales es también pariente de los implicados.

Ahora, los tres acusados están en la carceleta del Poder Judicial, donde esperan que el proceso se reabra y se dicte finalmente la sentencia que confirme o contradiga las evidencias y el testimonio del menor, que jura haberlo visto todo aquel terrible día, oculto entre los matorrales.