
a
esa tarde, el mundo se partió en dos. / en un lado salvador y en el otro ella. / el mundo renacía / y yo era capaz de renacer en el. / ese día, / fui feliz, y supe que todos los nombres / eran los suyos.
g
pronto te veré y no sé como andaremos. / quizás de pies, o de cabeza. / tú lo tendrás a él. / lo imagino como a ti. / con los ojos gigantes, cargados de vértigo. / como un perfil asustado, como un fragmento de tu cabello.
de carne, hecho una prolongación de tu sonrisa.
(…)
i
y te contaré con los pechos inflados de leche / con las manos escuálidas, / con los ojos trasatlánticos. / querré protegerte con este fajo de cartas. / querré contarte, tantas cosas, / tantas. pero no lo haré y seré partera de un silencio ajeno, / de una boca fría.
De Uno rojo:
la eternidad de una esquirla
—una obra sin telón—
(fragmento)
(la historia está sucediendo, el lugar somos nosotros. no
hay un narrador que hile el desencuentro, solo un golpe
al no encontrar nuestros brazos).
b. dice: si pudiera dejar en la pared que circunda
tu cama,
un maullido roto
la huella de las plantas, de mis pies,
si pudiera una vez más, hundirme en tus zapatos
y besarlos como lo haría con el agua, si no
existiese la palabra perdón sino los siete
corazones que cargas y la faz de la melancolía.
a. dice: (piensa en BATman)
entonces los mandiles flotarían en el aire como
lo hace la luna
y vería en tus ojos los reflejos de la perfección:
rasgados por el sol
gigantescos como el sol.
b. dice: la luna es un paisaje de vainilla, deslumbra
el tiempo de las cortezas y me prometes sin
escudos, con el brazo izquierdo, anegada e
interminable, un jardín de puertas, de escaleras
como ciénagas. insistes. mi cuerpo murmura
cielos y mares.
(última necesidad de dos: una caja fuerte para guardar
nuestra piel desnuda, para que no se pierdan nuestros
números. última canción de fuego).
ahora juntas los puntos de tu herida,
no sabes coser,
gravemente tus piernas se levantan
veo tus huesos porque los puntos no
existen, no sabes coser,
y ambas, desde tu médula hasta la mía
dejando huellas en casa, en mi único
refugio,
la rutina de los días, cocinar: solamente
tomates, cebolla rota en varias partes, un pollo
luminoso mil veces muerto, o quizás
pescado cogido de raíz; camas y ojeras
por el rostro de las clases donde solo
existe la palabra destino y se repite como
detenida y triste, detenida, percibiendo
el barro en su contorno, you are my
favorite word of art / you are my favorite
word of art
a. dice: tu boca descifra mis santos,
y las velas que pensaste que eran amarillas, eran
solo de noche.
el alfabeto, tu casa que se come las señales, las
luces
Andrea Cabel.- (Lima, 1982). Bachiller de la especialidad de Literatura hispánica por la PUCP. Sus poemas han sido traducidos al inglés y al catalán. Ha sido publicada en la muestra poética del grupo Claroscuro (Lima-Peru) y en la Antología de Poesía hispanoamericana de la revista Noise (Australia). Su primer libro Las falsas actitudes del agua es ganador del primer premio del concurso Esquina de Papel, organizado por el Centro Cultural de España. Ha publicado además Uno rojo en la colección Underwood de la PUCP.