Furia líquida

La Revista

Si se piensa en excusas, es raro que para una ciudad enclavada en una zona desértica la lluvia sea el arma que produjo destrozos similares a los de un sismo o un conflicto bélico. Según el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) este año en Arequipa llovió cuatro veces más que el promedio normal. La anomalía no nos mojaba el alma desde hace 40 años.

Es más, hace 22 años (1989) llovió  110 litros por metro cuadrado (l/m2) provocando alarma, pero este verano  cayeron 130 litros de precipitación líquida por metro cuadrado. Casi como una manguera de bombero. Por cierto, las precipitaciones dieron mucho trabajo a los hombres de rojo que desde que comenzaron las lluvias atendieron un promedio de 300 emergencias, según el jefe de la VII Comandancia Departamental de la Compañía de  Bomberos, Percy Rodríguez Ancieta.

Los bomberos tuvieron jornadas que empezaban a las cuatro de la tarde y se prolongaban hasta las cuatro de la mañana. Los distritos que mantuvieron más ocupados a los bomberos fueron Alto Selva Alegre, Socabaya, y las partes altas de Cerro Colorado, donde los huaicos se llevaron casas y cosas de la gente más necesitada.

REBOSES Y ATOROS

Por contradictorio que parezca, las lluvias nos dejaron sin agua varias veces. Durante el periodo de precipitaciones hubo tres ingresos de huaycos en las instalaciones de la toma de agua de la planta de tratamiento de agua potable de La Tomilla y la captación de Charcani. El evento comprometió el abastecimiento del 85% de la población arequipeña….

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