
Estos textos pueden tener relación unos con otros o no, pero todos giran voluntariamente, o no, alrededor de dos asuntos cruciales en la obra y vida del Inca Garcilaso de la Vega: el mestizaje, en su carácter específicamente hispano andino, y los juicios de valor sobre los conquistadores inducidos y promovidos por la Leyenda Negra, antihispana en América. Es un punto de vista, no la verdad absoluta. No quiere ser aceptado sino discutido. Y como va contra la corriente, puede generar o enriquecer la discusión, hacer los contrastes y divergencias más nítidos, y luego, más solubles y disolubles. La historia se hermana con el Psicoanálisis y la Filosofía, pero intenta expresarse periodística o literariamente, sino es mucha pretensión.
GARCILASO EN EL COLEGIO
Es muy revelador e ilustrativo que muchos de los nombres de personajes y autores peruanos que pudiéramos haber escuchado en el colegio, producen un rechazo sicológico (si no hay redundancia) una especie de resistencia no consciente a dichos autores y personajes. Pensar en la posibilidad de tener que leer a estos tan desconocidos como aburridísimos autores, nos arruinaba la existencia (aun si aburrimiento y desconocimiento parecen incompatibles: nadie se aburre de lo que conoce, sino de lo que no conoce y cree conocer, o conoce mal). Nos pasó con varios de ellos (y digo nos porque me parece que no fui el único). Entre otros, por ejemplo, con La Serpiente de Oro, El Lazarillo de Tormes y también Los Comentarios Reales y La Florida del Inca, de la que no sabía si era un libro o un jardín ( y un libro de qué), como si hubiera jurado no leerlos nunca.
Luego, muchos años después, un gran amigo español, Jesús Martínez Loza, ante mi estupor e indignación, me confesó que a él, la mera posibilidad de leer a don Miguel del Unamuno lo ponía melancólico y amargado y le producía la misma aburrición que a mí las lecturas obligatorias. Se lo habían dado en el colegio. Todo esto después que yo le confesaba impúdicamente mi tremebunda veneración por el maestro de Salamanca. A mí no me lo dieron en el Colegio felizmente (dicho sea con la debida ironía). Por supuesto que existen profesores de los otros, que ensenan a amar lo que ellos aman, pero esos parecen muy escasos en el Perú de hoy [1]
CONQUISTADOR Y CONQUISTADO
Todo empezó con una pesadilla en la que algunas editoriales indigenistas ocultaban la segunda parte de los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega: la conquista desde el punto de vista del conquistador. ¿Why not? Si se superara el resentimiento (fundado o no) se aceptaría lo obvio: que siendo mestizos en espíritu y cuerpo, raza o sangre, inseparables productos del conquistador y del conquistado ¿por qué solamente vamos a afirmar a uno y negar al otro? Garcilaso afirma sus dos fuentes esenciales de identidad y no solo una como la mayoría, presa del resentimiento justamente.
La perspectiva del poderoso también es y puede ser nuestra; poderoso en el sentido más extenso y noble de la palabra, era indudablemente el conquistador. Eso significa un estado mental inseparable del coraje, de la gran ambición, del carácter emprendedor por antonomasia. Nobleza no es bondad sino auto exigencia, dureza con uno mismo. Noble es virtuoso, de virtús que es, ante todo, fuerza y potencia. Aristocracia, políticamente es gobierno de los virtuosos, pero “vir” no es bonhomía sino fuerza y capacidad para gobernar razonablemente.
PERSPECTIVISMO
Este texto no puede considerarse ni absoluto ni objetivo, pero tampoco relativista porque no tenemos por qué caer en el «relativismo», hace rato sobrepasado. El relativista cree en tiempo y espacio absolutos, en contraste con los cuales nuestros pobres punto de vista humanos tienen que ser por fuerza “relativos” a ellos (espacio y tiempo absolutos). Aquí el término relativo se usa en sentido peyorativo, exclusivamente; es decir, como un defecto, una distorsión, un equívoco, insuficiencia, etc. Porque suponen que hay absolutos en confrontación con los cuales los humanos siempre salimos perdiendo.
Creo que el punto de vista, y por eso se llama así, está relacionado necesariamente con su contexto histórico, regional, familiar, sicológico, etc. de donde brota. Pero no creo que eso sea malo o implique distorsión, subjetividad entendida como no objetividad, es decir negativamente, en sentido excluyentemente peyorativo. Subjetividad significa, sin embargo, relacionado o relativo a un sujeto. Y eso no tiene nada de malo y además es inevitable y todo lo que tenemos: puntos de vista. Un concepto en su sentido afirmativo tiene preeminencia sobre su sentido peyorativo, que puede ser valido pero secundario. A la palabra subjetividad, en este caso, solo le damos un sentido descriptivo: relativo a, o relacionado con, el sujeto, nada más.
INVENCIÓN DE LA REALIDAD
Cuando desperté después de hojear la segunda parte de «Comentarios Reales» llamada “Historia General del Perú” y leer «La Historia de la Florida» , estas obras me mostraron, por oposición, con suficiente claridad, los estragos de una educación que enseña a rechazar y en el fondo a odiar lo mas sustancialmente nuestro, sólo porque lo nuestro nos parece ajeno : el decisivo ingrediente hispano de nuestra identidad, transmitida además maravillosamente mediante una especie de realismo literario (si cabe el oxímoron): La Historia de la Florida.
Muchos solo reconocen el lado indígena de nuestra identidad compuesta y por tanto no pueden ver ni reconocer ni aceptar la predominancia hispánica; como ocurría en sentido contrario con los hispanistas respecto a lo indígena. Sin embargo, se trata de cristianos greco latinos que hablan español y que rechazan lo español… en español. Eso no se ve, por ejemplo, entre los africanos radicados en Europa, a pesar del común tercer mundismo. Pero sí pasa en países como el Perú: país del auto engaño. Perú: la mejor comida del mundo. Puro nacionalismo patriotero.
AUTOENGAÑO
Mentirse tanto que se llegue a creer en la propia mentira. Miente, miente…que algo (o todo) queda.
BÚSQUEDA DE ABSOLUTO
«La historia de la Florida» del Inca Garcilaso sería un éxito de taquilla, si encontrara el debido representador, (hollywoodense o no). Pero habría que ver a los conquistadores sin resentimiento, dejar de confundir al malo con el fuerte. Ser fuerte no es malo. Ser débil no es bueno. Es lo que provoca que a los conquistadores se les sienta como ajenos a lo peruano. Werner Herzog, cineasta alemán, aunque duela, entendió a los conquistadores mejor que los supuestos conquistados, sus descendientes directos: los peruanos del presente que los niegan y no los quieren ver ni en pintura (por no decir ni en estatua) tanto que un resentido alcalde limeño dispuso la erradicación de la estatua del primer Gobernador del Perú, de la plaza de armas de Lima, donde Pizarro construyó y cultivo su casa. Ésa que lleva su nombre y que ahora sólo tiene inquilinos que se renuevan cada cinco años. Más simbólico y significativo que eso, ya no hay; salvo que otro alcalde resentido ponga en el espacio vacío que dejó el conquistador y primer gobernador, la estatua de Manco Cápac.
Herzog lo hizo envidiablemente bien con el cinematográfico, metafísico y poético Miguel Lope de Aguirre, «o la cólera de Dios», que ahora uno asocia a la fisonomía y anatomía de Claus Kinski (el actor que hizo maravillosamente el papel) en pos de la conquista del Dorado. Es decir de la utopía, de lo absoluto, de lo inasequible, de lo indecible y desconocido, como toda aventura, sin lo cual nada tiene sentido en esta vida: como San Juan de la Cruz, Don Quijote o Lope de Aguirre. No hay nada tan quijotesco o novelesco como la experiencia vital del conquistador, salvo los místicos españoles en la misma época, la misma promoción española: «aventureros a lo divino» los llamaba don Miguel de Unamuno.
LA SANGRE DEL ESPÍRITU
El punto de vista del Inca mestizo proviene del conquistador y del conquistado, pero es nuevo producto, producto inédito, ni quechua ni español, más bien ambos y un plus: lo peruano, es decir, lo mestizo, que se expresa esencialmente en español. El lenguaje es un primerísimo aspecto a considerar en esta historia, sin negar ninguna de las fuentes mayores o menores de identidad. Por algo Garcilaso Inca es, en todo sentido, “ el personaje más representativo y el más alto exponente de la fusión de las dos razas integradoras de nuestra nacionalidad» (Alejandro Miro Quesada). Es, ante todo, un escritor genial. En «La Historia de la Florida» los actores son de verdad, de carne y hueso, con nombres y apellidos de verdad, ya que se trata de historia y no de literatura, aunque la literatura aquí sea inseparable e indiscernible de ella como maravilloso recurso expresivo.
Gómez Suarez de Figueroa o Garcilaso de La Vega, Inca mestizo, ante todo un maravilloso narrador de aventuras, o sea un maestro en el uso del lenguaje, noble y moderno a la vez (en simbiosis típica del Renacimiento). «Nobleza» entendida como potencia y no necesariamente apellido o sangre, aunque en él se daban también esas dos características, por padre y madre, por los cuatro costados. El español propio del siglo XVI que se usa en su obra ,ahuyenta al lector bisoño de hoy, porque en el colegio uno capta solo el arcaísmo, ingrediente del aburrimiento del lector. Y no repara en la modernidad rinacente y la belleza del nuevo lenguaje literario, dentro de la cultura de occidente.
El Inca está entre quienes construyeron, al lado de Cervantes, el novelesco español de la época. Por primera vez se usaba en literatura el lenguaje de todo el mundo, el lenguaje de la calle, el lenguaje común, mezcla de latino, griego, godo, celta, árabe, etc. Así, contando la terrible muerte de Hernando de Soto en su ultima parte, en «La Historia de la Florida» se lee: «Estas fueron las obsequias tristes y lamentables que nuestros españoles hicieron al cuerpo del adelantado Hernando de Soto, su capitán general y gobernador de los reinos y provincias de la Florida, indignas de un varón tan heroico, aunque, bien miradas, semejantes casi en todo a las que mil ciento y treinta y un años antes hicieron los godos , antecesores de los españoles, a su rey Alarico en Italia, en la provincia de Calabria, en el rio Bisento, junto a la ciudad de Cosencia…»
Leer «La Historia de la Florida» es como leer una novela de aventuras. Historia sumamente verosímil y plausible, aun antes de evaluar sus fuentes. Pero en este caso no interesa la verosimilitud o la plausibilidad solamente, como puede ocurrir en la buena literatura de aventuras a lo Stevenson o Conrad; directa o indirectamente, en la historia importa siempre el referente real (si cabe la palabra hoy, aunque luego inevitablemente intervenga la interpretación, la traducción a través del propio lenguaje) hasta donde puede caber la palabra «real», sin confundir el lenguaje con el ser.
MATICES
Los ejemplos del elogio o reconocimiento al carácter del conquistador, como el que hace de pasada y directamente al comienzo de la historia en relación a Hernando de Soto, no niegan conductas reprobables y otros muchos y variados matices en sus juicios y descripciones de los hombres, que el Inca jamás oculta y los ejemplos son reiterados: la descripción histórica y el juicio de valor. Así culmina ese comentario a la muerte del conquistador y gobernador de la Florida: “Dije semejantes casi en todo, porque estos españoles son descendientes de aquellos godos, y las sepulturas ambas fueron ríos, y los defunctos las cabezas y caudillos de su gente, y muy amados de ella, y los unos y los otros valentísimos hombres, que, saliendo de sus tierras y buscando donde poblar y hacer asiento, hicieron grandes hazañas en reinos ajenos». «Un varón tan heroico» y «valentísimos hombres» no son calificativos que se conjugan con la Leyenda Negra.
Y quien lo acuse de pro hispánico, conservador o pasadista, que recuerde que José Carlos Mariátegui también veía las cosas de manera semejante: “Garcilaso nació del primer abrazo, del primer plexo fecundo de las dos razas, la conquistadora y la indígena. Es, históricamente, el primer peruano, si entendemos la peruanidad como una formación social determinada por la conquista y la colonización española”. Habla también de la “grandeza española” . Y más allá agrega: “que cerca estaremos de la España de Unamuno, de la España revolucionaria, agónica, eternamente joven y nueva”. De aquí pueden derivar muchas preguntas y habría que hacerlas.
Pero el Inca no se ocupa solo de los más famosos y destacados conquistadores. Así, respecto a una misión puntual encargada a dos españoles que participaron en la conquista de la Florida, Juan López y Gonzalo Silvestre, a quienes no se puede calificar de famosos (salvo por la obra de Garcilaso que probablemente los sacó del anonimato total) en la “Historia de la Florida” se puede leer esta opinión del autor: “En lo poco que de estos dos españoles hemos dicho, y en otras semejantes que adelante veremos, se podrá notar el valor de la nación española que, pasando tantos y tan grandes trabajos, y otros mayores que por su descuido no se han escrito, ganasen el nuevo mundo (…).” No se refiere solo a los conquistadores sino a “la nación española”. Ni rechazo, ni resentimiento, ni odio a España, como se puede ver.
Y en otra parte agrega : «Por esto poco que hemos contado que pasaron en esta breve jornada, se podrá considerar lo que los demás españoles habrán pasado en conquistar y ganar un nuevo mundo, tan grande y tan áspero como lo es de suyo, sin la ferocidad de sus moradores, y, por el dedo del gigante, se podrá sacar el grandor de su cuerpo…» Nobleza y resentimiento, por lo demás, son polos extremos que no se tocan. Y ya se dijo que el Inca de la Vega es doblemente noble, lo que no significa “buena gente” o “bonachón”, ni mucho menos, sino potencia capaz de afectar y ser afectada por aquello que la aumenta: un espíritu productivo, constructor y creador.
Garcilaso inca recibe y quiere recibir su herencia completa, que no se limita, por supuesto, a los conquistadores. Y el reconocimiento de su propia nobleza empieza por el reconocimiento de la nobleza de su herencia indígena, en un sentido que él aclara cuando distingue “nobleza” de “caballería”. No pudo haber indios caballeros, pero sí nobles: “ese nombre caballero en los indios parece improprio porque no tuvieron caballos, de los cuales se dedujo el nombre, mas por lo que en España se entiende por los nobles, y entre los indios los hubo nobilísimos, se podrá también decir de ellos…” Hay una ética garcilasista, en la cual la etnia o la sangre no son decisivas en la idea de nobleza: una idea aristocrática y democrática a la vez: el espíritu de Garcilaso. La nobleza: es un poder elevado a la “n” potencia.
LOVE HISTORY
La capacidad de contar, que es motivo de placer y contento para el lector de Garcilaso, adulto intelectualmente, se encuentra indiscerniblemente vinculado a la rica cultura que el primer autor de las letras hispanoamericanas expresa sin ninguna ostentación. Jamás descuidó su buena formación humanista, que incremento en cantidad y profundidad en los largos años vividos en la España del Siglo de oro. Basta con tener en cuenta el carácter de su primera obra, la traducción de “Diálogos de amor” de León el Hebreo (Judah Abarbanel). Y en sus narraciones históricas se transluce esa sabiduría, un poco oculta en el enorme talante literario que disimula casi completamente la erudición, poco reconocida a su vez.
Creo que el olvido de Garcilaso tiene que ver con el estigmático empeño peruano en ignorar o ningunear completamente a varios de sus grandes seres humanos en el pasado: lo que a su vez tiene que ver con la mala educación, la baja estima nacional, pero también las ideas indigenistas en su vertiente popular y las de la izquierda (ambas de fondo moral). Y ni se diga de la ideología conservadora de tufo oligárquico, que nunca ha querido saber nada con el pensamiento revolucionario (Gonzales Prada, Mariátegui , Vigil) Y, directamente dicho olvido tiene que ver con los profesores de historia, que probablemente no aman la historia y sin embargo tienen que enseñarla, porque de algo hay que vivir. ¿Cómo podrían enseñar a amarla?
EL INDIGENISMO Y GARCILASO
Reconocido o no conscientemente, el indigenismo como ideología (como falsa conciencia) se ha extendido a las capas populares peruanas, que difícilmente entenderían y mas difícilmente aun aceptarían la posición del Inca frente al mestizaje, si la conocieran. Y menos aun se identificarían con su opinión y consideraciones acerca del conquistador español, a pesar de su justicia y veracidad y los variados ejemplos históricos que ofrece a través de su narración, en las distintas versiones o tipos de conquistador y en sus diferencias y nuances. Algunos se aproximaban a la estructura mental del último hombre medieval, otros parecían más bien los primeros hombres modernos, como el capitán Garcilaso de la Vega, padre del Inca. Y, entre ambos extremos, esos diversos matices.
El espíritu anti vargasllosiano, que es más abundante de lo que se podría suponer, reivindica a José María Arguedas algo revanchistamente, pero no a Garcilaso. No parece que importe mucho el valor intrínseco de la obra, sino lo que representa en el escenario de las relaciones de fuerza político sociales de la coyuntura (de ahí el rechazo irrazonado a Vargas Llosa, que subsiste a pesar del Premio Nobel y a pesar de su innegable y luchador espíritu democrático, o por ello mismo). Es otra cuestión de poder y de ideología que se niegan como tales. Por eso se ha impuesto socialmente una visión distinta e incompatible con el punto de vista y la cosmovisión del Inca Garcilaso respecto al mestizaje y la imagen de los conquistadores, que resalta claramente en esta divergencia.
Las bien fundadas opiniones positivas de Garcilaso de la Vega sobre ellos abundan, sean famosos o no. Habría que hurgar en esta divergencia respecto al valor de los conquistadores y tratar de tocar el fondo. ¿Qué valores se juegan y quiénes compiten en tan significativa disyunción? ¿qué representa tan aleccionadora divergencia? En nuestra hipótesis Garcilaso veía y sentía la realidad histórica con suma lucidez y calma, entre otras razones, por su alto nivel educativo , por su genio intelectual y porque en su perspectiva no había resentimiento, rechazo u odio o complejo de inferioridad frente a su fuente de identidad más decisiva, la hispana (ni a la incaica, ya se dijo) no estaba obnubilado por el sentimiento, como ocurre ahora con el indigenismo que se ha convertido en parte del sub consciente colectivo peruano: La leyenda negra se complementa y culmina con el indigenismo «pop».
¿De qué podría estar resentido el Inca hispano, con la holgada, larga y rica vida espiritual y material que vivió? Y a pesar de los relativos fracasos judiciales o administrativos, en el trámite del reconocimiento de «las mercedes que le correspondían por los servicios de Garcilaso y la restitución patrimonial de la Palla Chimpu Ocllo», su madre, nieta de Túpac Inca Yupanqui, prima de Huáscar y Atahualpa, como recuerda Antonio Miro Quesada.
OLVIDÓ EL QUECHUA
Podemos no estar de acuerdo con el Inca Garcilaso, pero no negar que él no sólo apuesta por la occidentalización sino que se sabe occidental, lo que significa asumir sin complejos su hispanidad, que no encuentra incompatible sino complementaria con la indigenidad, de la cual, como lo manifiesta más de una vez, se siente también muy orgulloso. Pero él sabe que es occidental, es decir, que su lengua, su religión, su estructura mental, su sistema jurídico greco latinos son occidentales. Que no se puede ser cristiano católico y no ser occidental a la vez. Y si hay un problema existencial en él, es la búsqueda de dicho reconocimiento jurídico, de su rango y sus derechos como «hijo del capitán español Garcilaso de la Vega, de ilustre abolengo en las letras y en las armas”, gracias a quien el Inca pudo gozar de una excelente educación superior en España, tan completamente occidental que hasta olvida el quechua, en el que era un experto en su primera juventud.
Pero como felizmente no lo carcome el bicho de la culpa, lo cuenta todo en «La historia de la Florida», al ocuparse de un español que participo en la conquista, Juan Ortiz, que estuvo cautivo durante diez años entre los indios, los cuatro primeros cruelísimamente torturado y tratado : «Porque con el poco o ningún uso que entre los indios había tenido de la lengua castellana, se había olvidado hasta el pronunciar el nombre de la propia tierra, como yo podré decir también de mí mesmo que por no haber tenido en España con quien hablar mi lengua natural y materna que es la general que se habla en todo el Perú, aunque los incas tienen otra particular que hablaban entre ellos entre sí unos con otros, se me ha olvidado de tal manera que, con saberla hablar tan bien y mejor y con mas elegancia que los mismos indios que no son incas, que son los que mejor y más apuradamente hablan por haber sido lenguaje de la corte de sus príncipes y haber sido ellos los principales cortesanos, no acierto ahora a concertar seis o siete palabras en oración para dar a entender lo que quiero decir , y más que muchos vocablos se me han ido de la memoria, que no se cuales son para nombrar en indio tal o tal cosa. Aunque es verdad que, si oyese hablar a un inca, le entendería todo lo que dijese y, si oyese los vocablos olvidados, diría lo que significan: empero, de mí mesmo, por mucho que lo procuro, no acierto a decir cuáles son. Esto he sacado por experiencia por el uso o descuido de las lenguas, que las lejanas se aprenden con usarlas y las propias se olvidan no usándolas».
Inicialmente contra su voluntad (porque estaba gestionando su permiso para viajar al Perú, que no prosperó) el Inca se quedo en España desde los 21 hasta que murió cerca de los ochenta años. Y vaya que el lenguaje tuvo importancia decisiva en su vida. Su opinión sobre España no ha sido afectada por la Leyenda Negra, que recien empieza a gestarse en indias y además él vivió casi toda su vida en España. Él percibe al Perú como suyo, pero con cierta inocencia que no es ingenuidad infantil, sino ausencia de complejos, odio o resentimiento. Garcilaso exuda generosidad y empatía por todas sus señas de identidad, aún cuando no lo dice expresamente.
[1] Un profesor arequipeño llamado Alberto Heredia Márquez, por ejemplo, enseñaba a amar a Vallejo a los chicos de primero de secundaria de la Unidad Escolar en los años sesenta