Chauvinistas

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“Aborrezco a los arequipeños que piensan que son mejores que los demás por el solo hecho de ser arequipeños”. Ni pestañea el arequipeñista Juan Guillermo Carpio Muñoz mientras dice algo semejante, hablando de esa delgada línea que separa el chauvinismo más espeluznante del orgullo por la patria chica.

Veo a Raúl Vargas, el barbado locutor de voz engolada, entrevistando a Juan Manuel Guillén, presidente regional de Arequipa, para su programa de televisión. En medio de las flores que se lanzan a mansalva, hablan de Miguel Grau, el peruano del milenio. Guillén, sonriendo, dice que el único defecto del Caballero de los Mares fue no ser arequipeño.

En el diario Correo de Arequipa se lee un titular casi de matón: “Cusco ahora se porta bien”, como si antes se estuviera portando mal solo por el hecho de defender algo en lo que cree: que el proyecto Majes Siguas II puede perjudicar su vida. Entonces Arequipa es como un “papa lo sabe todo” y los cusqueños son masomenitos los chibolos faltosos a los cuales hay que poner en orden y mandarles su “pórtate bonito” para que quede claro quién manda o, más todavía, quién es el mejor.

No es nada raro encontrarse con alguien que proclama superioridad por haber nacido al pie del volcán. Acaso la principal razón de los chistes sobre characatos y las antipatías conocidas en el país se deban a ese espíritu soberbio por las puras huevas. Quizás el tema Majes Siguas II es el que ha puesto incluso a la prensa al servicio del etnocentrismo más absurdo y elemental, tratando a “nuestros hermanos del Cusco” como si fueran deficientes mentales por oponerse al proyecto.

De la trascendencia del mismo no hay duda. Es más, creo con fervor que, de hacerse bien, Majes Siguas II será el salvavidas de una región que todavía no se da cuenta que se está ahogando, paradójicamente, en el desierto. Pero empujar el tema como una causa narcisista lo convierte en abominable. Sobre todo cuando la primera parte del asunto (Majes Siguas I) es un fracaso redondo que sirve en su gran mayoría para el cultivo de alfalfa y en donde los terrenos se hunden cada día de manera inevitable.

Que ahora se plantee como un asunto birregional no borra el hecho que nació con la perorata de “que no se metan los cusqueños en este asunto porque el agua es de Arequipa y además qué tanto pitean si la gente de Espinar vive en su mayoría en Arequipa”.  ¿Qué, ya no te acuerdas de ese discursito de algunos dirigentes? Difícil olvidar un ejercicio tan patético de egolatría. Un delirio de grandeza que hoy no termina, pese a que los llamados a resolver el impasse están por fin sentados en una mesa tratando de avanzar.

Si Majes Siguas II por fin se hace podría convertirse en la piedra angular de la reconciliación de Arequipa con Cusco y, por extensión, con el resto del país. Mostrará un ánimo de conciliación y debate, más allá del deseo intrínseco de impugnar cualquier argumento con un simple “soy arequipeño”. Sería una victoria de la tolerancia frente al fanatismo propio. Sería un combate ganado contra nosotros mismos.