
Leyendo los ensayos de Vargas Llosa en su reciente publicación “La civilización del espectáculo”, no puedo sino entrar en un dilema que me obliga por momentos a darle toda la razón y empezar a levantar altares en su nombre por haber descifrado el mayor de los problemas de la modernidad. Pero claro, en otros momentos creo, como Jorge Volpi, que el Nobel está hablando del fin de la era de los intelectuales como él.
Y me aferro a la hipótesis vargasllosiana cuando veo a Andy V. anunciando el disco de rap y reggaetón que prepara junto a su consorte, la virginal Susy Díaz, mientras Dj Memo, integrante de los Wachiturros, es acusado de violación la misma semana en que «Recargados de risa» tiene el más alto rating y el gringo Karl, frente a la pregunta sobre qué le gustaría que fuese el bebe que quiere tener su pareja, Flor de Huaraz, responde sin inmutarse: “mío”.
Y sigo convenciéndome de los argumentos del ex candidato presidencial cuando dice “La prensa sensacionalista no corrompe a nadie; nace corrompida por una cultura que, en vez de rechazar las groseras intromisiones en la vida privada de las gentes, las reclama, pues ese pasatiempo, olfatear la mugre ajena, hace más llevadera la jornada del puntual empleado, del aburrido profesional y la cansada ama de casa”. Entonces reviso las portadas de los diarios que dan cuenta de cómo fue insultada Rosario Ponce en su llegada a Arequipa o hago la matemática medición del despliegue fotográfico y en área escrita sobre la presentación del más reciente libro de Vargas Llosa frente a la nueva imagen que Tilsa, convertida en la semicalata Caperutilsa, publica en su Facebook y vuelvo a asentir.
En el colmo de la ironía, en la web de un diario colocan la noticia del trabajo del Nobel con el titular en forma de pregunta “¿La cultura ha muerto como cree Vargas Llosa?”. Allí mismo, en la columna de la “noticias” más leídas, se puede ver que puntean (o lideran) los titulares: “El backstage del topless de Larisa Riquelme”, “Carla Giraldo, la sirena de Christina Meier” o “Ibeth Arce, una bella princesa”. Sí pues, todas invitan a revisar fotos de mujeres, ninguno de los títulos sugiere otra cosa que no sea ver las carnes de la muchachas mencionadas.
Sospecho que a Vargas Llosa le dan ganas de llorar cuando en vez de Mozart hay Arjona. Cuando en lugar de Van Gogh un señor amontona cajas y dice que el arte está adentro. Cuando en lugar de “El Padrino” se estrena “Crepúsculo”. Y otra vez me pongo su camiseta. Y hasta dan ganas de juntar firmas para hacer algo. Porque pareciera que, en efecto, todo tiempo pasado fue mejor. Y uno quiere ser viejo.
Pero hay algo que quizás no se ha tomado en cuenta y es momento que lo revisemos, junto al mismo hombre que defiende la tauromaquia y dice que el toro de lidia “es tratado con inmenso amor”. (Continuará)