Pusilánimes

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La denuncia publicada en El Búho, sobre la tesis del Rector de la UNSA, Valdemar Medina Hoyos, ha generado un pasmoso silencio, dentro y fuera de la universidad. Sólo algunos se han atrevido a pronunciarse. La mayoría, aunque sabe de éstas y otras barbaridades que ocurren en la centenaria universidad, “se hacen los locos”. Como ocurrió durante el más largo, y más bárbaro, gobierno de Rolando Cornejo Cuervo. Cuando esta inverosímil autoridad, finalmente, fue desenmascarada, los docentes y estudiantes involucrados en dirigencias, dijeron “que no sabían nada” de lo que estaba pasando.

Otra vez, esa vergonzosa actitud se repite. La respuesta de la autoridad ha sido atribuir la denuncia a intereses políticos de grupos de izquierda que quieren hacerle daño. Seguramente eso existe, pero el periodismo, al menos este periodismo que practicamos luchando a diario por conservarlo intacto, no tiene que ver con otros fines que no sean el de informar y denunciar lo que debiera ser corregido por los propios actores de las instituciones. En este caso, esa masa docente agustina, cuya única preocupación es cobrar su sueldo homologado a fin de mes.

Incluso durante la elaboración de la investigación hubieron quienes, al ser consultados, prefirieron huir, no poner la cara, evadir, “para no tener problemas” con la autoridad y con sus pequeñas ambiciones, económicas, de cargo, de relaciones, o incluso, para no dejar de ser invitados a los “almuerzos institucionales”. Después de haberse difundido la denuncia, con pruebas, no se interesan por el hecho, no profundizan el análisis, no les preocupa que algo así pueda estar ocurriendo en “su” universidad. Más bien, evaden, dicen “yo no sé nada”, “no creo”, “no podría pronunciarme”, “desconozco mayormente”, hasta que la ola pase y ellos no vean afectada su cuenta bancaria. Si ese es el perfil de la docencia agustina, la universidad no tiene salidas.

¿Y la prensa local?, ¿qué hizo? Salvo muy contadas excepciones, ignoró el tema, como si no fuera noticioso, como si no fuera de interés colectivo, como si no fuera su obligación hacerlo, a pesar de sus simpatías o antipatías personales. Pero lo noticioso en Arequipa, ya se sabe, está determinado por las conveniencias económicas de los dueños de los medios y de algunos notorios periodistas, la mayoría, muy bien establecidos en el arreglo local de distribución de poder y fondos públicos. Todos amigos, dueños y autoridades, y muchos arreglos bajo la mesa. Si estoy mintiendo, por favor, pido encarecidamente que me desmientan, que alguien salga a defender su limpieza, su transparencia, su profesionalismo. Seré feliz de equivocarme, al meter a la mayoría de medios en este saco.

Pasarán los días y la mayoría de autoridades, periodismo y empresariado local, seguirán ignorando la denuncia. Porque “no quieren hacerse problemas”, porque hay otros tontos que pueden ponerle el cascabel al gato. Y si cae, entonces sí saldrán a manifestarse. Entretanto, seguirán haciendo cuentas. Como si nada.