
Insolente, prepotente, descarado, grosero y barato. Sólo así podría catalogarse el “slogan” que aparece en una improvisada y patética bambalina (bien bamba, nomás) colgada en las cercanías de una obra municipal que muy pronto nos haría borrar de la memoria, de una buena vez y para siempre, un pasado supuestamente aterrador y oprobioso que, don Alfredo Zegarra y su Estado Mayor, parecen avergonzarse hasta lo más hondo de sus modernos e innovadores tuétanos.
Qué le habrá pasado por la mente al alcalde para haber escrito (acaso con su extremidad izquierda), semejantes letras que, además de desvestir una súbita manifestación atefóbica, ocultaría curiosas pretensiones para ser recordado como el alcalde mas “modernizador” que jamás hayamos tenido, desde la fundación española? Qué habrá querido decir don Alfredo con eso de “el pasado quedó atrás”? Quiso, tal vez, insinuar que nuestro pasado vale tan poco que no merece ni siquiera un baúl de los recuerdos? Podrían tolerar nuestros compatriotas, guardando las distancias, un letrero similar en Macchu Picchu, Chan Chan, Caral o Kuelap? La mayoría de los que nos preocupamos por la ciudad en la que vivimos, en la que vivieron nuestros ancestros, y de la cual nos sentimos orgullosos hasta el tuétano, hemos quedado entre aturdidos y atónitos, tratando de descifrar la lógica de semejante frase que, obviamente, no proviene de un orate ni de un cobrador de combi; sino más bien, de una persona que encarna la máxima representación de la ciudad.
Alguien tiene que explicarle, en tono de reiteración, que la modernidad no se logra, única y exclusivamente, a costo de borrar el pasado. Alguien tiene que explicarle que, lo que él llama “modernidad”, no es más que un natural proceso evolutivo típico de toda sociedad, adoptando, poco a poco, nuevas formas de pensar, nuevas formas de vida y nuevas ideologías. Es un proceso inexorable que sólo tiene marcadas excepciones entre grupos radicalmente sectarios y anclados en el tiempo, como los Amish. Sin embargo, nadie puede, por más moderno que pretenda ser, olvidar un pasado tan rico y valioso, gracias al cual figuramos en el mapa turístico mundial; haciendo de Arequipa una ciudad con un pasado histórico digno de mostrarse al mundo entero.
Con qué autoridad, don Alfredo funge de enterrador de la historia nuestra? Con qué apetitos pretende enterrar el pasado? Qué energías negativas lo motivan a pensar de manera tan recalcitrante y poco acertada? Alguien tiene que explicarle, al bueno del alcalde, que muy equivocado anda al pensar que cientos de turistas harán largas colas en alguna de sus “modernosidades”; como si no tuvieran de esas, y mejores, en sus propios terruños. Alguien tiene que susurrarle muy quedo, al oído, que los turistas vienen a ver y gozar las obras que aún guardamos de nuestro pasado, salvo, claro está, que las siguientes obras no impliquen la demolición de Santa Catalina, Santa Teresa y La Recoleta.
Pero, fuera de bromas de mal gusto, la ciudadanía en pleno le exige una explicación y, sin duda, una disculpa pública; aunque tal vez vuelva a ponerse de rodillas para implorar un perdón humedecido en lagañas de leviatán, pues su creencias sobre el pasado lo obligan a renegar de éste, como un obstáculo para sus planes personales. Debe saber, el ilustre (aunque muy poco ilustrado) alcalde, que el pasado de nuestra ciudad es absolutamente indesligable con el presente y con su futuro: no hay forma de entender la ciudad actual y la que viene por delante, sin valorar lo que ésta fue en el pasado. Por más que quiera y por más berrinche que haga, hay que decirle a don Alfredo que el pasado de Arequipa siempre estará presente, por mas bambalinas que mande hacer en sentido contrario.
Para terminar, me veo en la obligada necesidad de enmendarle la plana a un alcalde que, fresco y orondo, y como siempre, manifiesta una fulera “puesta en valor” de Tingo sin saber que sólo se pone en valor aquello que se restaura y se conserva por su valía patrimonial. Curiosamente, nuestro alcalde ha manifestado, varias veces, que Tingo no era patrimonio; pero fiel a su contradictorio estilo de pensamiento, habló de “poner en valor” una obra nueva y “totalmente moderna” (sic), tal como se advierte en el minuto 1.05 de una reciente entrevista televisada. (http://www.youtube.com/watch?v=pWje8JtlbxY). Don Alfredo: no existe forma de “poner en valor” alguna edificación, si no hay nada rescatado en el proceso. Tingo fue arrasado por Atila, rey de los Hunos. El letrero que ordene poner el día de su show mediático, deberá rezar: “Aquí, yo, Rey de los Hunos, he arrasado con el pasado de Arequipa”. Mientras tanto, fieles devotos (entre votos fieles y fieles portátiles), no cesarán de enunciar alabanzas al nuevo rey de la modernidad que ha llegado para salvarnos del pasado. Viva el rey! El pasado ha muerto!