HORA CERO

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Sin haber cumplido un año de gobierno, Ollanta Humala ha llegado a ponerse a sí mismo en la hora más crítica que un gobernante puede atravesar, con un descontrol social en todo el país, víctimas mortales, estados de emergencia, ataques terroristas y la amenaza de ser afectados por la crisis financiera mundial.

Si el gobernante fuera hoy uno de sus predecesores, Alan García o Alejandro Toledo, el político Humala hubiera acusado al gobierno de autoritario, pro minero, antidemocrático, insensible y probablemente hubiera demandado, no sólo cabezas de ministros, sino la del propio presidente, como lo hizo efectivamente, en ambos gobiernos.

Hoy en cambio, hace oídos sordos desde Palacio de Gobierno y tiene la frescura de insistir en que va a realizar la Gran Transformación, habiéndose encaramado definitivamente en esa especie de falso estrado que es la sensación de poder que ha desviado para siempre la trayectoria y aún la mente de tantos hombres que fueron valiosos alguna vez.

Lo hemos perdido definitivamente. Quienes habíamos votado por el presidente Humala, esperanzados en que, pese a sus limitaciones intelectuales, constituía la única alternativa de iniciar los cambios estructurales que requiere el país (nada de revolución ni izquierdismo recalcitrante, sino desarrollo con justicia social), lo hemos perdido. Extraviado en un laberinto que apenas comienza a conocer y sin la asesoría con que contaba cuando candidato, por haber virado 180 grados sus posturas, ahora es, más bien, un peligro.

¿Qué queda ahora?, cuando faltan más de 4 años de un gobierno que no genera ya ninguna esperanza. Si la situación se ha deteriorado tanto en unos pocos meses, ¿qué se puede esperar de los próximos larguísimos 4 años restantes?, ¿con qué nuevas sorpresas desconcertantes nos vendrá Humala, ya solo y extraviado en su propia confusión? Además de “Conga va” y que la bancada de Gana Perú, según él, salió fortalecida después de perder a 4 miembros, ¿qué otra frase de antología nos tendrá reservada?

Sólo puedo pensar en Hurtado Miller y su profética frase, “que Dios nos ayude”.