
En tiempos del primer gobierno de Alan García, Arequipa gozaba de esa bonanza ficticia que nos hizo vivir el irresponsable jovenzuelo que fue el actual líder aprista y que llegaba por primera vez al poder bajo el halo del jefe ausente Víctor Raúl Haya de la Torre. Por aquellos años, el dinero circulante inundaba los bolsillos de la clase trabajadora y recibíamos mensualmente una cantidad obscena de billetes que sólo servían para sentirnos poderosos, pero que igualmente no servían para nada. Eran los famosos Intis. Todos ganábamos miles, sino, millones de Intis.
Por aquellos años, una corporación de supermercados abrió su primera y única tienda en provincias, era el famoso supermercado “Monterrey”, que abrió sus puertas en el Centro Comercial Cayma, lo que hoy es la agencia del BCP; y eso fue la locura completa. Miles de arequipeños se volcaron a la avenida Ejército para tratar de entrar y ver qué era eso de comprar en un “supermercado”; pues como era hasta entonces, las mamás iban de compras a los mercaditos de barrio y eventualmente al mercado San Camilo, cuando había que conseguir algo que no había en el distrito.
Lo cierto es que aquella tarde, los arequipeños desbordaron la capacidad de la tienda, la policía no pudo controlar la avalancha de gente que pugnaba por entrar y otro tanto por salir, se perdieron muchos niños, los amigos de lo ajeno aprovecharon para llevarse productos sin pagar, hasta algunos carritos fueron a parar a la cachina. Era la novedad en patines.
Desde aquella experiencia que resultó exitosa, en tanto duró la bonanza económica del gobierno de García, y también porque los arequipeños, desacostumbrados a esa forma de hacer el mercado, optaron por ir abandonando la visita semanal al supermercado y claro, también resultaba un tanto más caro que ir al mercadito de siempre, donde además se enteraban de la vida diaria de los vecinos durante las conversaciones con las “caseras”.
Luego de un tiempo, “Monterrey” quebró y desapareció para siempre, no solo en Arequipa, sino en Lima también. La experiencia fue novedosa y para muchos fue la crónica de una muerte anunciada para este tipo de “retails”. Han pasado ya más de 25 años de aquella experiencia y hoy Arequipa sigue recibiendo la inversión de grupos privados que han apostado al negocio de los súper e hipermercados para una población consumista que ve con buenos ojos el avance de la “modernidad” en la Blanca Ciudad.
Los usos y costumbres también han cambiado, las amas de casa que eran las únicas encargadas de ir al mercado, hoy van acompañadas de toda la familia, porque ir al supermercado es toda una experiencia para los chicos y claro, la posibilidad que los padres sucumban al pedido de los hijos a la hora de comprar una golosina.
El mercado sigue creciendo y los grupos económicos no paran de invertir en este tipo de servicios, ya abrieron uno nuevo en Hunter y otro en Cerro Colorado para fin de año; y se habla que la preciosa y aristocrática Casa Ricketts de la avenida Bolognesi en Yanahuara, sería un futuro supermercado. ¿Será cierto eso, como dice una conductora de talk shows? Es verdad que los propietarios pueden hacer con su casa lo que quieran, pero si la demuelen para levantar un hangar para un supermercado, se habrá destruido parte de la memoria colectiva de Arequipa. Ojalá que sólo sea un rumor.