Conga ya fue

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Sin importar el desenlace final del conflicto minero en Cajamarca, el nombre de este proyecto y la frase acuñada por el propio presidente de la República, “Conga va”, ha pasado a ser un símbolo de su primer y -quizá decisivo- gran fracaso como gobernante. Conga, en verdad, como logro económico del gobierno de Ollanta Humala, ya fue.

Lo peor de esto es que Conga sí pudo haber ido. Si es que este gobierno hubiera tenido el tino, la capacidad de análisis, la firmeza, la convicción del “agua primero, oro después” y, sobretodo, la humildad que mostraba el candidato Humala. El afán –atribuido a Valdez- de imponer la autoridad tensó la situación al extremo de producir muertes que quedarán como huella indeleble y símbolo de la incapacidad de diálogo de un régimen que, de esa manera, se deslegitima por la menos éticamente. Ya no digamos nada del giro de 180 grados que ejecutó el presidente.

Tirios y troyanos, pro mineros y antimineros, coinciden en esto: el manejo gubernamental del proyecto, probablemente presionado por el poder económico de la empresa en cuestión, estuvo profundamente equivocado. Los 3 mensajes a la nación pronunciados por el presidente Humala, percibidos como concesiones para la empresa Yanacocha, las infelices “negociaciones” del premier Valdés, el poco transparente manejo de la información sobreel Estudio de Impacto Ambiental, y el tufo autoritario que se desprende de la actuación de las fuerzas policiales así como la declaratoria de emergencia y las innecesarias detenciones como la de Marco Arana; han pasado la factura.

Ahora se ha ingresado en una etapa de enfriamiento que no tiene plazo de término en el corto plazo. La “mesa de escucha” ante la imposibilidad de diálogo, podría extenderse por meses. La población esta erizada y desconfía profundamente del gobierno, tanto como de la empresa Yanacocha. Los líderes de la protesta han adquirido el estatus de héroes ante la satanización de que son objeto por parte de los medios de comunicación y de los “líderes de opinión” limeños. Y el país profundo, en cambio, está con Cajamarca, sin importar su sus razones están equivocadas o no.

Al presidente Humala, también contra sus cálculos, el tema le ha costado casi 10 puntos de popularidad y ha desnudado sus limitaciones como estadista. La única opción que le queda hoy es volver a fojas cero, al punto en que relevó, insensatamente, a su primer presidente del Consejo de Ministros, Salomón Lerner de la conducción del diálogo en Cajamarca porque le pareció demasiado “blando”.

Otra vez en el punto de partida, señor Ollanta Humala. Y a ver si esta vez no subestima a los líderes y a la población “del interior”. Su afán por encontrar un nuevo Jefe de Gabinete que provenga de esta parte del país, que ha dejado de ser el patio trasero de la gran Lima, es un avance, pero no se engañe creyendo que un gesto insulso y vacío de contenido de verdadero propósito de enmienda va a engañar a la población. El Perú, afortunadamente, ya no es el de antes.