La Gestión Cultural me viene regalando ricas experiencias sensoriales. Hace unas semanas participé como Jurado en el IV Concurso Nacional de Pintura convocado por el Banco Central de Reserva del Perú, conjuntamente con el crítico, curador, historiador, erudito y entretenidísimo Gustavo Buntinx; con el calmo, pacífico, conocedor y reflexivo artista y curador Christian Bendayán; con el serio, cauto e inteligente artista visual Moico Yaker; y con el curioso, rápido, informado y crítico periodista Carlo Trivelli. Me sentí invitada a integrar un grupo de lujo, lo que me lleva a reiterar mi gratitud a los organizadores por considerar mi participación.
Durante el proceso de pre selección de obras finalistas, y durante la misma elección de ganadores y mención honrosa (porque este año solo se otorgó una) comprobé cuán importante es conformar un Jurado Calificador variopinto en procedencia, conocimientos, estudios y experiencia. Afirmo, con enorme placer, que ambas jornadas fueron propicias para enriquecer mis aproximaciones al arte, en este caso, a la pintura, desde diversos ángulos y para reiterar mi convencimiento de que más allá de cualquier consideración técnica y estética, prima el gusto de cada quien al momento de elegir (lo que tiene que darse con ética). Lo importante es educar el ojo para que el gusto no provoque susto.
Del Concurso convocado por el BCR debo destacar su amplia convocatoria (facilitada porque tiene sedes a nivel nacional) y sobre todo, la intención de motivar el trabajo y la reflexión de los participantes a través de un proceso con dos etapas: la primera, con la presentación de sus portafolios, y la segunda, solo para los pre calificados, con la ejecución de dos obras explícitamente orientadas a competir por los premios, para lo cual tienen un tiempo definido en las bases.
Sin embargo, advertimos que algunos de los participantes no cumplieron exactamente con el requisito de crear para el concurso, o que, aunque menos grave, otros re-crearon trabajos ya presentados en otras convocatorias o muestras. Algo de flojera y desidia al momento de comprometer “sus nombres” (que son “sus marcas”), sin darse cuenta que empañan su prestigio.
Esta experiencia me lleva a sugerir a las instituciones organizadoras de este tipo de concursos que revisen sus bases con detenimiento para evitar malos entendidos. Creo que ad portas de cerrar el 2012 es urgente y necesario revitalizar varias convocatorias nacionales para quitarles el pesado polvo de la anquilosada tradición en la que basan sus concursos, para darles más frescura, osadía, novedad pero sobre todo seriedad y merecimiento a esos premios. Evitemos que sean consumidos entre trancas y barrancas, y que el arte no proponga, no cuestione, ni estimule la curiosidad (¡por lo menos, la curiosidad!) del espectador.
Hasta aquí las observaciones de una Gestora Cultural en proceso de aprendizaje curatorial, y decidida a elaborar un proyecto titulado “Cut the crap” (gracias por la sugerencia, Jorge Riveros).
