ADOQUÍN. Pieza de granito o basalto, cortada en forma troncopiramidal, empleada en pavimentación por su gran resistencia al desgaste y a la acción atmosférica. Caramelo de gran tamaño parecido al adoquín. fig. y fam. Persona torpe e ignorante.
Ese es el significado de la palabra adoquín, según la Real Academia de la Lengua y de verdad debemos rendirle culto al diccionario y al habla culta, pues nada más preciso para entender la conducta de algunas autoridades que se esmeran en sacarle lustre a su reafirmada torpeza y a su incalculable ignorancia. Pues cuesta creer ¿cómo es posible que un profesional de la salud que se quemó las pestañas durante 10 años, logre llegar al quirófano para operar a un paciente y a la hora de intervenir, corte por donde mejor le parezca, sin anestesia, ni oxígeno disponible y sin autorización del paciente simplemente por el hecho de tener un bisturí en la mano?
Vale este símil para entender qué pensamientos abstractos y obtusos pueden pasar por la mente de nuestro señor alcalde, a la sazón médico de profesión, para que tenga especial predilección por trasgredir las normas, violarlas y en el mejor de los casos obviarlas. Un profesional con estudios superiores y con el criterio necesario sabe que las leyes y las normas se han hecho para respetarlas y cumplirlas; sin embargo para don Alfredo Florentino Zegarra Tejada (nunca olviden ese nombre) eso no parece tener sentido alguno.
La última de Alfredo, ha sido el impasse con la Dirección Regional del Ministerio de Cultura por las obras de adoquinamiento de la avenida Tacna y Arica y en el que, una vez más, se debió a la falta de la autorización que corresponde cuando se trata de intervenir una zona que es parte del Bien Cultural, Ambiente Urbano Monumental de Primer Orden, declarado mediante Resolución Ministerial N° 775-87-ED; eso quiere decir en cristiano, que cualquier cosa que se quiera hacer en esa zona necesita de la autorización respectiva.
Para variar, el alcalde y su gerente de Desarrollo Urbano, Carlos Moya, que parecen ser tal para cual, se zurraron en la autorización y sin esperar respuesta alguna, metieron maquinaria y levantaron el asfalto. La historia es simple, en mayo de este año la Municipalidad presenta el expediente ante la Dirección Regional del Ministerio de Cultura y ésta lo desaprueba, dos meses y medio después, vuelve a presentar otro expediente incluyendo nuevos tramos, y una semana después los montacargas de Moya entran a trabajar sin esperar la autorización respectiva. Es decir, una vez más la política de “hagamos las cosas a nuestra manera”.
Es verdad que Arequipa necesita rehabilitar sus pistas y veredas, pero ¿es tan difícil caminar derecho? (dixit Nadine). Ahora la sanción que podría caer sobre la gestión municipal parece inminente, pues la Dirección de Fiscalización y Control del Ministerio de Cultura ya lo tiene atravesado al alcalde arequipeño por sus constantes atropellos a las normas y de esta no salva. Moya ha dicho muy suelto de huesos que eso se archivará como en otros casos; sí claro, porque aunque haya que pagar una multa, ésta no saldrá de sus bolsillos, ni de los del alcalde, sino de los bolsillos de todos los arequipeños. Así de simple.
