EL CHOLO QUINTANILLA

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En una excelente entrevista de Gonzalo Pajares en Perú 21, el pintor cuzqueño Alberto Quintanilla sostiene que los peruanos “no queremos aceptar nuestra identidad. Cuando Occidente llegó con la cruz y la espada, no fue un encuentro de culturas sino un choque”. Y no sólo choque —agregaría yo— sino conquista, imposición forzada de una cultura a otra, alguien conquista y alguien es conquistado. Pero ni el “choque” ni la “conquista” son incompatibles con el “encuentro”, porque para que haya guerra, conquista o choque (o partido de futbol) tiene que haber “encuentro” de los contrincantes, porque si no cómo compiten. Por eso a un partido de futbol se le llama “encuentro”, aunque los contrincantes se saquen toda la mugre posible uno al otro y recíprocamente. Para competir tienen que encontrarse.

Para Quintanilla hay una bipolaridad irresoluble aquí: o “encuentro” o “choque”. Pero no ambos. Tercio excluido. Para él la diferencia entre “encuentro” y “choque” “no es sólo semántica” Ante esto, mi primera pregunta es: ¿ese razonamiento del pintor peruano es incaico u occidental aristotélico? Una pregunta compleja resuelta con la reducción del problema a una bipolaridad abstracta de dos términos incompatibles: si es “encuentro” no es “choque”, si es “choque” no es “encuentro”.
Nadie dice que el encuentro fue pacífico y agradable, que se sepa. No hay conquista militar amable y cariñosa. Y que es sumamente importante hurgar en los momentos originales, como puede serlo para un individuo la primera infancia. Pero es más importante recordar el presente, el mestizaje realmente existente y no negarlo. Somos la consecuencia de la conquista, pero ya no conquistados o conquistadores sino ambos, aunque no sólo una suma aritmética de ambos sino algo nuevo, inédito y original, como la obra de Garcilaso Inca, por ejemplo: el primer mestizo.

La guerra de la conquista ya terminó y duró poco, en realidad. No podemos seguir situándonos, en 2012, como si aún viviéramos en el siglo XVI, en la perspectiva de uno u otro conquistador o conquistado (bipolarización y antagonismo) porque los peruanos somos ambos, o sea culturalmente mestizos y predominantemente hispanos (no hablo de raza o color). Los conquistadores y los conquistados hace mucho que ya no están. Nosotros somos la consecuencia, después de 4 siglos de mestizaje. Conquistados y conquistadores. Y algo más.

Esa predominancia hispana se debe al hecho innegable de la conquista, del choque que no terminó en empate. Alguien ganó e impuso su cultura: religión, estructura mental, lengua, derecho. Por eso nos dicen “hispanos”, porque lo somos sustancialmente. Nuestras religiones no son incaicas, ni nuestro derecho, ni nuestra lengua predominante, ni nuestra estructura mental, etc.
Pero luego viene una pregunta a la vez delicada y picante de GP al pintor Quintanilla: “¿no siente que a veces pecamos de resentimiento y de provincianismo? ¿Usted a tratado de escapar de esto?”. Y Quintanilla responde: “El resentimiento es normal. Ahora, le aclaro, que hable español no significa que sea occidental (…)”. Así como usted lee. Habría que preguntarle más adelante, al pintor peruano, qué significa para él que “el resentimiento es normal”, porque sólo lo ha mencionado sin hacer ninguna aclaración. Pero se llama Alberto Quintanilla, su lengua materna es el español, su estructura mental es aristotélico cristiana, vive en Paris a la europea (a menos que adore al sol en su taller parisino). Y dice que no es occidental. ¿Entonces qué es? Tal vez hay que responder la pregunta de GP a Quintanilla y después de él: “¿Usted a tratado de escapar de esto?” Él dice que “habla español”. ¿Sugiere que no es su lengua? ¿La lengua no es la “sangre del espíritu, como decía Unamuno? Además de aristotélico, seguramente es cristiano, platónico y romano, es decir occidental.

En mi opinión la pregunta de GP insinúa —conscientemente o no— que nuestro pintor aún está preso de la ideología indigenista. La idea que “nosotros” significa, en esa ideología, solamente lo andino, excluyendo lo hispano, como si no fuera parte sustancial de nuestra identidad. Lo que Fernando de Trazegnies llama “falso nosotros”. Su razonamiento aristotélico es: si es andino no es occidental, si es occidental (hispano) no es andino. No puede aceptar que los peruanos somos ambos: mestizos. Los mestizos, para esa ideología, son el Tercio excluido, la opción inadmisible, aunque sea verdadera.

La mayoría peruana es mestiza (suponiendo que alguien no tenga de inga ni de mandinga, como el pintor Quintanilla que parece ser “andino puro”) y culturalmente todos los peruanos lo somos. Pero la ideología (indigenista) es más fuerte que la pobre y triste realidad mestiza. Negar el mestizaje es negarnos a nosotros mismos. Negar nuestra identidad hispano andina. El pintor cae en lo que predica no hacer. La identidad no depende de lo que queremos, de lo que nos gustaría, sino de lo que realmente somos.