Si se permite esa re elección, el nuevo gobierno, o sea el mismo, tiene todas las de ganar, porque salvo que sea Pérez de Cuellar, Paniagua, Vargas Llosa, Bustamante o Belaunde, tratará de aprovechar todo lo posible su poder político para promover su candidatura, con muchos más recursos y poder para hacerlo, siempre en beneficio propio, familiares, allegados y amigos, con la plata de todos, con la plata de la República.
La rotación del poder es expresión del espíritu republicano que abomina todo lo que recuerda o representa la monarquía absoluta. Es su negativo. República significa, entre otras, cosa pública, lo que concierne a todos, lo que es de interés general, de interés público, lo que comprende a todos los ciudadanos. Concierne al Estado, pero no hay que reducirlo al aparato de poder o a los gobernantes, porque el territorio y la población también son Estado, cosa pública, cosa de todos. “El Estado somos todos” decía el sapiente jurista argentino German Bidart Campos. (La República también es laica democrática y social, pero esos rasgos los dejamos por ahora).
Como dice el diccionario JURIDICO OMEBA, se entiende la palabra República como opuesto inseparable de Monarquía. Teniendo siempre presente que, como señala ese diccionario, República “no es sólo un concepto, una categoría política. Implicaba la total modificación de las estructuras del Ancien Régime” absolutista. Eso se llama ruptura. Cosa que no se ha dado en este país y en los que se le parecen, y es la razón más general por la cual el Perú no ha sido nunca una República “firme” sino sólo “bamba”. “República” es inexplicable sin “Monarquía”, “modificación de las estructuras” monárquicas. Aunque no es sólo eso.
La idea actual de República nace contra y en crítica a todo lo que evoca la Monarquía centralizada o absoluta. Ahora el poder pasa a todo el pueblo, entendiendo por pueblo algo más que un conglomerado de seres humanos: una “comunidad política” , una “sociedad civil” y también un sistema jurídico que le da unidad, algunos intereses, necesidades y metas comunes, un mismo pasado, una misma historia. Pero sobre todo, y eso es lo que falta, un estado de ánimo ,un sentimiento, una intuición, una visión, un mito, que corresponde, más o menos, a una educación y a unos valores determinados. Sin estos últimos ingredientes la República parece más formal que real. Y de ahí los expresivos sobre nombres a las “repúblicas” tercer mundistas. Aquí fallan esos ingredientes todavía: educación, valores y conductas republicanas .
En el concepto de Republica “lo que cuenta por encima de todo son las connotaciones emocionales, la carga afectiva de uno u otro vocablo”, dice OMEBA. Y en otra parte “Odio a todo lo que se asocia a la monarquía”. Creo que hay que suponer que se habla de la monarquía absoluta. El concepto de Republica ha variado históricamente. Y a grandes rasgos se puede decir que, antes de Maquiavelo, se entendía esa palabra como sinónimo de gobierno en general, cualquiera que sea éste, aristocrático, monárquico o republicano u otros. Ahora ya no es tan general (continúa)