Recientemente se presentó en Lima un libro sobre la corrupción en el Perú, que debiera ser texto de lectura obligatoria en los colegios secundarios y universidades, motivo de ensayos, exposiciones, concursos y punto de partida para una nueva generación de ciudadanos y un renovado acuerdo nacional: tolerancia cero con la corrupción.
Eso suena a palabrería deja vu, frase hecha o refrán, pero ahora que se acerca el ciclo de declive de los precios de las materias primas y se reducirán y, eventualmente, acabarán los ingresos provenientes de la venta de las joyas de la abuela (oro, plata y cobre), puede ser, perfectamente, nuestra tabla de salvación nacional.
Según la documentada publicación, la corrupción roba –directamente de los bolsillos de los ciudadanos- miles de millones de dólares y es, sin margen de duda, uno de los factores que nos mantienen en la categoría de país subdesarrollado, así, sin eufemismos; a despecho de los muchos malls y “tiendas por departamento“ que se hayan instalado en todo el territorio nacional.
Aunque resulte difícil de graficar y comprender, cada sol que un funcionario estatal extrae al erario público, implica una disminución proporcional en el bienestar del resto de la población. ¿Por qué no hemos podido comprenderlo aún?
Esta pregunta es pertinente a propósito de lo que se viene discutiendo en la escena nacional: las denuncias contra los ex presidentes Alejandro Toledo y Alan García, así como la desvergonzada insistencia del fujimorismo para lograr el indulto de su líder con miras a las próximas elecciones presidenciales. Es curioso, además, como se desgañitan ahora por 5 millones de dólares no explicados, cuando en su gobierno desaparecieron mil millones.
Lo real es que la clase política se encuentra sumida en una alcantarilla y eso hace temer a los analistas el surgimiento de un nuevo outsider, que debilite más aún el sistema formal de partidos como fuente de ejercicio de la política, que la institucionalidad se pulverice y eso genere, a su vez, más corrupción.
Todo eso es real, pero también lo es que, no por esos temores, se pueda aceptar el reciclamiento de este tipo de presidentes, alcaldes, etc. A nivel local, tenemos claras muestras de actuaciones deplorables e intereses aún no revelados en el tema de la suscripción de convenios con la minera Cerro Verde, es claro desmedro del interés público.
Sólo queda volver al origen, partir una más de cero, educar a los futuros ciudadanos, informarnos, participar en lo que nos toca y reforzar nuestras convicciones de evitar la corrupción y no perdonarla bajo ningún supuesto. De lo contrario no habrá historia que seguir contando. Créanlo.
