
La muestra Estadio en el Espejo del fotógrafo Julio Del Carpio Rimachi, inaugurada el pasado viernes 14, en la Alianza Francesa de Arequipa, transciende por su condición de recuento sociológico. La protagonista es la ciudad y la trama su efervescente evolución.
Las fotografías plasmadas en placas no se limitan a la subjetividad de los ángulos, además transmiten la vida de la urbe cambiante. Aquella que cobija a los desplazados, la ciudad generosa con el foráneo que cede a su mendicidad y éxito. Todo sin importar la destrucción de sus espacios, el desborde de su cultura y la reformulación de sus creencias.
Del Carpio habla de Arequipa a través del migrante que reestructura las formas sociales: la urbanidad levantada sobre los vestigios de la campiña arequipeña, la desgracia del hombre andino sentado sobre una silla de ruedas enfrentando el amenazante quiebre de escalones, un cúmulo de casas apiñadas en un cerro para demostrar que todos tienen un hogar, un grupo de cachacos en alba llevando en andas a una virgen, los nuevos arequipeños viendo al mesías de La Gran Transformación o una bodega de un céntrico mercado promocionando clases de alemán a domicilio. El migrante lo ha cambiado todo y no se detiene en el debate de lo “bueno” o lo “malo” sino en la reconversión de los estilos de vida. En las imágenes, se demuestra que, como en la física, la dinámica y la energía social no se destruyen sino que se transforman.
El fotógrafo ha confesado que la lectura interna se ciñe al psicoanalista Jacques Lacan. “Las imágenes se tornan objetos personales”, afirma. Es decir, personifica el entorno y genera un sentimiento de arraigo. Por lo tanto, esta ciudad no son los muros de sillar roídos sino la familia, los amigos, el trabajo, la pareja instalada en esto nuevos paisajes: el cerro poblado, el mercado, la mendicidad, el éxito.
Julio Del Carpio emplea a la fotografía como un binocular social desde donde observa privilegiadamente cómo Arequipa devora sus propias entrañas para seguir sobreviviendo. Las fotografías nos remiten a imaginar a una urbe emulando al Catoblepas, ese animal mitológico etíope que practica la autofagia.