El regreso

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Entre las bombardas y cohetes que celebran una fecha sin mayor significado real, aunque altamente simbólico, es hora de preguntarnos si realmente tenemos algo que festejar.

Poniendo al margen el paisaje, las costumbres, tradiciones, personajes históricos y todo lo que constituye motivo de orgullo para los arequipeños, pero que, claramente, pertenece al pasado; no es una pregunta fácil de responder.

Lo real es que el 473 aniversario de la ciudad la encuentra en el umbral de la desesperanza. El gran proveedor y locomotora del crecimiento económico, el sector minero que genera el 80% de nuestras exportaciones, ha iniciado su curva descendente. La compañía minera más importante de la región, Cerro Verde, ha disminuido su facturación en 25%. Esto ocurre porque la economía asiática, donde están sus principales compradores, se está enfriando, lo que quiere decir que la costumbre de estirarle la mano, asumida por muchas autoridades, debe terminar.

Por otro lado, Arequipa ha tenido, y tiene, un enorme potencial, desligado por completo de la minería que siempre supimos efímera y no renovable. Aunque no tan prósperos como los anteriores, aún quedan algunos años por delante para reorientar los ingresos –a nivel personal e institucional- hacia inversiones productivas y sostenibles en el tiempo. Pongamos un alto al consumismo fatuo y autodestructivo al que la ilusión de la bonanza nos ha arrastrado. Dejemos de pensar en la riqueza fácil como un objetivo. Y prohibamos la costumbre de pedir “auspicios” hasta para respirar.

Todo eso es apenas el inicio de un largo camino de regreso a la Arequipa “lírica y audaz” de los poetas. Los días de gloria y heroísmo, nunca transcurrieron en un mall ni ocurrirán en una convención minera. Ninguno de los tribunos arequipeños anduvo de pedigüeño con los poderosos circunstanciales ni los recios characatos de ayer hubieran permitido la depredación de la campiña o la contaminación del agua, a cambio de unas cuantas monedas.

Hay algo tangible en ese asunto del temperamento telúrico, de los volcanes que rodean el valle y del paisaje que inspira a escritores, músicos y pintores, que tendríamos que aprovechar para retomar ese glorioso camino que recorrieron nuestros ancestros, sacudirnos del vano materialismo, despertar al león del sur y volver.

Volver a ser la Blanca y Heroica Ciudad, renovar los enmohecidos laureles y luchar por una auténtica libertad, cuando la mayor amenaza para ella es, hoy en día, el salvajismo del libre mercado y el consumismo.

Tenemos que volver por esa senda. Arequipa espera.