Acreditación educativa… ¿sin eliminar la corrupción?

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Transparencia Internacional reporta que según el Índice de Percepción de Corrupción que ellos miden, el Perú es un país tipificado como corrupto, y señala al sector educación como uno de los más afectados por este mal.

Beatriz Merino, afirmó en su momento como Defensora del Pueblo, que “la corrupción, se ha convertido en privilegiado componente de la crisis educativa peruana”. De otro lado, el psicoanalista Jorge Bruce, destaca que “uno de los factores más graves para impedir que tengamos una educación de calidad es la corrupción”. Por su parte, el Padre Ricardo Morales, plantea que en tales circunstancias ¿Qué se podrá esperar de la educación en el cumplimiento de su rol formativo? Este panorama se torna más desolador, considerando que el 78% de la población peruana tolera la corrupción, según la última encuesta Ipsos Perú-Proética.

En este contexto la Ley 28749: Ley del Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Calidad Educativa, aparece como una oportunidad para transformar tan lamentable estado de cosas en educación.

Lograr el diploma de acreditación, exige realizar un proceso de autoevaluación que está a cargo de los propios actores de la institución educativa, para detectar todo aquello que atente contra la calidad. Asimismo, tal diagnóstico debe llevar a plantear planes de mejora que permitan superar las deficiencias y construir bases sólidas de calidad hacia la excelencia.

Este gran reto, pasa ineludiblemente por realizar tres acciones: mejorar, eliminar y construir. Mejorar lo que ya se tiene de bueno y que pudiera alcanzar niveles superiores. Construir lo que falte, integrando todos los aportes y los talentos de los actores. Eliminar lo que no sirve, lo que hace daño, y que finalmente mata todo esfuerzo de cambio constructivo.

La corrupción es lo que hay que eliminar en el sector educación. Entendida ésta como la acción o inacción de una o varias personas reales que desvirtúan los fines institucionales, y manipulan para beneficio propio y/o ajeno, los sistemas y mecanismos establecidos legalmente, en perjuicio del conjunto de ciudadanos a quienes por derecho, se debía servir y beneficiar.

Hay que resaltar, que no existe corrupción sin corruptos que la ejecuten. Se trate de un colegio o de una universidad, los corruptos, encubren su conducta ilegal, con mentiras, agresiones, amedrentamientos, violencia organizada, para delinquir. Una de las formas más frecuentes de corrupción consiste en ofrecer “facilidades” al margen de la ley, para aprobar un curso, u obtener un grado. Peor aún, son varios los casos en que los corruptos logran pervertir a algunos estudiantes incorporándolos a sus mecanismos delictivos.

Este accionar va corroyendo los principios institucionales, desmereciendo todo esfuerzo de mejora, porque el imponerse el miedo y la violencia, se afirma la ilegalidad y la impunidad. Por tanto, no es posible llegar a ser una Institución Educativa Acreditada, si es que en el proceso no se ha enfrentado y derrotado a la corrupción.

De allí que se requiera en primer lugar, que las autoridades competentes den claras muestras de idoneidad, liderando la lucha anticorrupción en su ámbito de influencia. Igualmente es necesaria la participación organizada de docentes, estudiantes, administrativos, padres de familia. Se trata de emprender una gran cruzada por la verdad y la justicia, como valores poderosos que nos harán capaces de transformar las tinieblas de la corrupción, en luz que ilumine la ruta hacia la excelencia.

Los tibios, los cobardes, los que prefieren “tolerar la corrupción” para no hacerse problemas y acomodarse, son al igual que los corruptos, traidores a los más caros derechos de los niños y jóvenes.

Nuestros hijos, se merecen una educación de calidad que los ayude a crecer y realizarse como personas profundamente humanas, en un mundo crecientemente deshumanizante. Como tributo a los niños y jóvenes peruanos, rescatemos y afirmemos nuestra dignidad de personas, y compartiendo lo mejor de nosotros, formemos REDES HUMANAS, para romper las trincheras de la corrupción y eliminarla de raíz.