Para hacer realidad el proyecto Tía María, Southern necesita siete millones de metros cúbicos al año. Es así que para obtener la licencia social, descartó la extracción en fuentes de agua dulce. Ahora desalinizarán el mar para lo cual invertirán en una planta valuada en US$ 70 millones que permitirá el procedimiento.
Sin embargo la desalinización también ha sido cuestionada. Los opositores aducen que el agua con concentraciones de sales que ya no utilice la minera contaminará el ecosistema marítimo cercano a las playas de Mejía y Mollendo.
De otro lado el jefe de Proyectos de Tía María, José Vargas, explicó que la desalinización no tendrá tal impacto en el ecosistema marino pues el recurso será captado 450 metros mar adentro por una tubería. Luego será bombeado a unas membranas especiales que a modo de filtro separarán la sal. Según Vargas solo se usará el 40% del recurso captado y el otro 60% retornará al mar transportando las sales retiradas que no afectará el ecosistema
Indicó que en el punto de descarga existen corrientes externas que impedirán que esa agua regrese a las playas.
El agua tratada tendrá hasta tres usos: para la lixiviación del cobre, evitar la generación de polvo y además se potabilizará para el consumo del campamento. Edwin Guzmán, representante del Dialogándo Sur, proyecto que se encarga de visitar los diferentes procesos de utilización de agua en las mineras, explicó que el uso de agua desalinizada es popular en yacimientos cercanos al mar y que hasta el momento no han registrado problemas.
