Nunca antes las arcas municipales de la mayor parte de comunas y del gobierno regional habían sido tan abundantes como en estos años. Y nunca antes la ciudad estuvo peor.
En esta década de crecimiento económico continuo generado básicamente por las exportaciones mineras, la ciudad no sólo no ha mejorado, sino que se ha deteriorado notablemente. La abundancia de recursos a la que la gran mayoría de la población solo accede a través del canon que administra su municipalidad, no ha beneficiado a la ciudad, pues los administradores no han hecho obras notables que hayan causado algún impacto positivo. Ninguno de ellos.
Si bien es cierto que se construyó una nueva planta de tratamiento de agua potable, La Tomilla II, y está en curso la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales, ambas a cargo de la empresa Cerro Verde, y con costos muy discutibles en el segundo caso; esto solo prueba la incapacidad de las autoridades locales que abdicaron de sus obligaciones y solo esperan los “regalos” de la minera que, como todos podrán adivinar, a la larga terminan costando más caro.
Faltando un año para las próximas elecciones, ahora se percibe un repentino furor por “hacer”. Los anuncios –algunos completamente descabellados- se suceden uno tras otro y no importa que los proyectos sean improvisados, que no tengan los necesarios estudios que los respalden o que no vayan a tener un real impacto positivo. A estas alturas, lo único que importa es que sea “visible” y que, a partir de esa visibilidad, entre en escena el respectivo “gestor”, candidato a la reelección, a otro cargo mayor, o padrino de su sucesor a quien ha elegido con su voto particular.
Veamos. A nivel del gobierno regional, los proyectos estrella eran el Puente Chilina y la carretera Arequipa-La Joya. La serie de negligencias que malograron el proyecto del puente, lo encarecieron al doble, pero al haber sido entregado a un consorcio privado, se espera que esté concluido el próximo año, al filo del final del periodo de Juan Manuel Guillén: desarticulado (no se harán los accesos) y discutido aún, ojalá no acabe como un nuevo elefante blanco sobre el Chili.
Lejos de aprender la lección, ocurrió algo similar con la carretera a La Joya. Iniciado por administración directa, se terminará concesionando el proyecto a un costo varias veces mayor, con un rediseño muy discutido y ahora semiparalizado. Entonces la administración del GRA sacó de la chistera el proyecto de mejoramiento de la Variante de Uchumayo, desechado por la mayoría de técnicos como innecesariamente fastuoso. Su fin electoral es más que evidente.
En el municipio provincial el drama no es menor. Su tragedia, en principio, fue su sumisión a la Asociación Civil Cerro Verde. La obra estrella, el SIT, acaba de sufrir un golpe mortal, con su anuencia. Los tres intercambios viales y el consecuente caos que acompañó casi toda la gestión, serán inservibles al haberse trocado el proyecto de buses rápidos por el de un tren eléctrico. Dinero, tiempo y estudios al agua. Lo mismo ocurriría con lo invertido en el corredor Bolívar-Sucre, aunque la peatonalización y arreglo de estas calles hecha en el gobierno municipal anterior, mantiene su utilidad más allá del SIT. ¿Es posible obviar 10 años de estudios en dos semanas? Aún si aceptamos las ventajas de un tren sobre los buses, el costo casi cinco veces mayor no garantiza que se culminará ni que será útil para la gente con menos recursos pues ni el gobierno municipal ni el nacional podrán subsidiar el pasaje permanentemente. ¿Y las rutas alimentadoras, con qué presupuesto? Lo mínimo que esta decisión merece es una discusión técnica previa.
Por otro lado, el relleno sanitario sigue aguardando desde la gestión anterior, la avenida Venezuela ha quedado inservible y su rehabilitación se está planeando de forma apurada, mientras no hay ninguna pista nueva. En cambio, el alcalde Zegarra anuncia que culminará el puente Héroes del Cenepa o hará otro(s) puente(s) sobre el Río Chili y construirá tres intercambios viales más (¿?)
A nivel distrital el panorama es similar. Solo mencionando los monumentos que hará con recursos del canon el alcalde de Yanahuara y el fraude tecnológico que representa el sistema de videovigilancia de Alto Selva Alegre podemos hacernos una idea.
¿Y ahora? A llorar al río.
