Es infatigable en sus discursos, expone un libreto ideológico con el apuro de su juventud impaciente, alentado por el hartazgo hacia la clase política de su país, la que ha granjeado a España una economía con déficit público, una política tributaria sin equilibrio, un nivel de paro elevado y unos líos tremebundos que han involucrado a la familia de la monarquía en lavado de capitales y fraude fiscal. Y esta situación, obviamente, ha generado una indignación natural en muchos ciudadanos, principalmente jóvenes, que han intentado afrontar estos problemas con alternativas políticas de mayor “sensibilidad social”, para frenar, desde su óptica, el desahucio colectivo que el estado ha venido cometiendo con el monopolio de la fuerza y la complicidad de la oligarquía.
Con este espíritu, soliviantado y decidido, Pablo Iglesias, un joven español y catedrático, conductor de televisión y dirigente del partido PODEMOS, que en las recientes elecciones europeas ha logrado colocar 5 eurodiputados con más de un millón de votos, reprueba el orden democrático de España por sus retrocesos económicos, por ser la cara distinta a la solidaridad y generar injusticias en donde sólo tienen privilegios los millonarios. ¿De qué orden democrático se habla?, se preguntarán, igualmente indignados, algunos simpatizantes de este nuevo revolucionario bolivariano en tierras peninsulares. De un sistema que, como contrariamente se da en el caso venezolano, no sea capaz de generar más de 50% de inflación permitiendo la devaluación de la moneda de manera abismal y la caída acelerada del poder adquisitivo de la gente, de un orden que permita la alternancia en el poder a través de elecciones libres y transparentes, de un sistema en donde los precios no se multipliquen exponencialmente por su control estatal, de un sistema que no permita el despilfarro de los recursos comprando lealtades internacionales y evadiendo la jurisdicción de los organismos de derechos humanos, de un sistema que impida el incremento desesperante de la criminalidad.
Precisamente, y elogiando lo practicado por el gobierno de Hugo Chávez, son todas estas desastrosas consecuencias las que Pablo Iglesias busca apostando por un modelo de mayor intervencionismo estatal que dé respuesta a las imperfecciones de un sistema democrático como el de la Unión Europea, en donde España está integrada aunque con mayores inconvenientes políticos que sus vecinos, inconvenientes que deberían ser resueltos por la vía de la legalidad en el caso de la corrupción de altos funcionarios y delitos empresariales, por la vía del mercado en la economía y la eficiente gestión de Hacienda en el caso de sus políticas públicas.
Iglesias no titubea cuando de dar recetas para salir de la crisis se refiere[1]: para escapar del totalitarismo del mercado (aplaudido, según él, por Hayek), el estado debería tomar el control total de la política monetaria, salir de la zona euro, decretar la suspensión del pago de la deuda, nacionalizar la banca para garantizar el crédito a las familias y a la pequeña y mediana empresa, establecer sistemas de control para impedir la fuga de capitales, nacionalizar el sistema de transporte, energía y todos los servicios públicos estratégicos y aplicar una reforma fiscal redistributiva para acabar con el fraude de las grandes fortunas. La otra parte de América Latina, de la que no se podría aprender, según los cánones de admiración del joven revolucionario, que ahora exhibe mejorías en sus planteamientos económicos como Colombia, Chile o Perú han experimentado en décadas pasadas todas estas recetas –las mismas que el impetuoso Iglesias estaría dispuesto a aplicar como muestra de la transformación social en las políticas de estado de llegar a dirigirlo– pero que aprendiendo de sus funestos errores han hecho, progresivamente, todo lo opuesto a lo revelado por PODEMOS como una epifanía.
En repetidas ocasiones Iglesias ha afirmado que América Latina, refiriéndose muy específicamente a gobiernos como el de Venezuela, es un reflejo de lo que podría experimentarse en España y que sus logros han desbaratado la idea de que el estado es un mal distribuidor. Pues lo que ha conquistado Venezuela, por cierto, es algo imposible de lograr considerando su riqueza acumulada durante más de una década producto del petróleo y los precios internacionales antes alcanzados: De diciembre de 1999 a julio de 2012, Venezuela exportó petróleo por el valor de un billón de dólares, aunque, igualmente, durante ese periodo regaló –condicionó apoyo, valga decir– recursos a sus aliados o subordinados políticos por un valor de US$170,000 millones, es decir, más del 17% de los ingresos petroleros del país[2]. Según los datos del propio Instituto Nacional de Estadística de Venezuela (INE) se reveló que el índice de pobreza extrema pasó de 7,1% en el segundo semestre de 2012 a 9,8% en el mismo lapso de 2013. Esto quiere decir que 737.364 venezolanos se añadieron al grupo de quienes viven en pobreza extrema. Ahora suman en total 2.791.292 ciudadanos en una población que apenas supera los 30 millones de habitantes[3]. A esta adversidad habría que agregarle su índice de escasez del 25%[4], y el aumento de la inseguridad.
La bonanza petrolera venezolana ha permitido también, y así se ha corroborado con los datos del Ministerio de Cultura español, que PODEMOS ha recibido del gobierno de Chávez durante diez años más de tres millones de dólares a través de la fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS), en cuyo consejo ejecutivo se encontraba Pablo Iglesias, junto a otros dirigentes de la agrupación política[5]. Claro, todo bajo la denominación de contratos de consultoría y asesoría en temas de globalización y elaborando índices de percepción ciudadana. Los vínculos de PODEMOS con el chavismo, entonces, no sólo eran ideológicos –y lo siguen siendo, aunque su discurso se haya vuelto menos estentóreo después de las elecciones– sino también financieros, con el fin expandir un modelo altamente nocivo para la gobernabilidad española.
A todo esto, según la lógica de Iglesias, si ante lo poco que venía haciendo el estado en España tenía como resultado el desastre, la respuesta que él propone es que el estado lo solucione todo interviniendo más. El mayor daño que las dictaduras y los populismos propiciaron en países de América Latina o España en razón a su impacto y prolongación, no necesariamente deviene en detrimento económico, que ya es muy difícil superar, sino el daño moral a las esperanzas de las personas. Inflar artificialmente las expectativas de la sociedad, proclamando la salida a la crisis gracias a un estado salvador es, además de engañoso, truculento y peligroso. Las consecuencias, de acuerdo a la creciente popularidad de PODEMOS como organización y alternativa, saltan a la vista.
Los indignados de España, jóvenes con suficientes razones para esperar mejoras del estado y de su clase política, no deberían trasladar la gestión de sus anhelos a manos que se asumen redentoras y sólo pretenden alcanzar el poder para plasmar en la vida diaria lo que sus consignas dictan: ordenar la vida de todos a su antojo, maquillar el bienestar con dádivas del estado, encumbrar caudillos y limitar las libertades políticas. Los indignados en Venezuela saben muy bien de qué estamos hablando.
Arequipa, 25 de junio de 2014.
Twitter: @jorgeluisod
[1] https://www.youtube.com/watch?v=H59icqt98fs&feature=youtu.be
[2]Apuleyo Mendoza, Plinio; Montaner, Carlos Alberto; Vargas Llosa, Álvaro; Últimas noticias del nuevo idiota liberoamericano, Ed. Planeta, 2014, 1ra ed., p.83-84.
[3] Meza, Alfredo; La pobreza extrema sube en 737.000 personas en un año en Venezuela; El País, Internacional, La economía en Venezuela, 28 de mayo de 2014.
http://internacional.elpais.com/internacional/2014/05/28/actualidad/1401250345_565363.html
[4] Cifra que refleja el desabastecimiento de todos los productos que se ofertan en el país, entre ellos el papel higiénico, la leche y la carne.
[5]Mercado, Francisco; La fundación relacionada con Podemos cobró 3,7 millones de Chávez en 10 años, El País, Política, 17 de junio de 2014.
http://politica.elpais.com/politica/2014/06/17/actualidad/1403039351_862188.html