El cura y la candidata, en privado

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Sabes que hay que proteger a la familia de estas absurdas iniciativas que agreden su naturaleza, le dijo el cura mayor, sentado muy derecho sobre el asiento forrado en terciopelo rojo. Lo sé arzobispo, dijo ella, dudando sobre si dirigirse a él llamándolo su santidad o simplemente padre. Como futuras autoridades tenemos la obligación de preservar los valores de la familia, añadió. Sería una tragedia que ese proyecto del matrimonio gay se apruebe, dijo el arzobispo rozando varias veces con el dorso de la mano su barbilla. Aunque fuese aprobada, padre, cuente conmigo para cualquier actividad que le recuerde a la población su deber como católicos, dijo la candidata con una seriedad inmaculada. Eso quería escuchar de ti, criatura del Señor, con tu fe y devoción refundaremos la Roma del Perú, pronosticó el prelado.

Mi hija tiene todo muy claro, padrecito, dijo la madre de la bisoña candidata al Gobierno regional. Ella ha sido educada en valores y respeta mucho la tradición católica de la ciudad, afirmó la señora muy contemplativa, sentada al borde del asiento, como haciendo equilibrio entre el peso de sus piernas y su abultado trasero. No lo dudo señora, dijo felicitando el de la sotana. Estoy seguro que la formación en casa ha sido vital, agregó convencido. Imagínese arzobispo, interrumpió el papá de la candidata, si la viera cómo lee la biblia esta muchachita luego de sus marchas y debates, añadió orgulloso el caballero. Me alegro escuchar eso. Hija, no hay mejor plan de Gobierno que el que está contenido en ese libro sagrado, dijo el cura dirigiéndose a ella. Claro que sí, padre, por eso después de cada debate, me voy directo al Apocalipsis, dijo apurada. Pero hija, replicó el cura, también hay libros con mejores augurios como Proverbios o Hechos. Pero padre, le contesta de inmediato ella, el Apocalipsis dice que en los tronos celestiales sólo se sentarán los que reciban la facultad de juzgar, es decir los que no adoraron a la bestia ni recibieron la marca en sus frentes, dijo reflexiva. ¿Eso dice, hija?, le pregunta y se le abren los ojos al sacerdote, adelantando ligeramente su rostro hacia ella. Todos los que reniegan de la Iglesia llevarán esa marca, su santidad, aseveró ella. Léetelo completito entonces, dijo menos angustiado el prelado, allí está nuestra salvación.

Luego recorrieron juntos los recuerdos de Camaná, los veranos familiares en sus playas y las francachelas de la candidata con sus amigos del colegio en la plaza principal. En el Callao, conocí a una camaneja, más chiquilla que tú, que casi desvía el camino hacia mi ordenación, dijo el arzobispo. Yo era muy joven e inquieto, pero ya estaba convencido que mi destino era el del Señor, agregó nostálgico. ¿La muchachita no logró conquistarlo?, preguntó muy curioso el papá de la candidata. Casi. Era una tentación que el Espíritu Santo alejó de mí a tiempo, confesó el cura sonrojado: “Esa paloma de mierda, entrometida hasta el final”, pensó el clérigo mientras iba sintiendo cierta rigidez en su entrepierna al recordar la curvilínea figura de la bella muchacha.

Padre, dijo repentinamente la candidata rompiendo el hechizo del pasado, usted sabe que cuento con su apoyo y que mi familia siempre estará dispuesta a colaborar con la Iglesia. Gracias hija, dijo el cura ajustándose el reloj dorado en su muñeca, tenemos que unir esfuerzos para impedir el avance de la falsa modernidad que nos quieren vender estos réprobos que hablan de homosexualidad y aborto. ¿Y en ese tema, qué vamos a hacer padre?, preguntó alarmada la candidata. ¿En cuál?, ¿en el aborto?, confirmó el sacerdote. Sí padre. Acuérdese que han aprobado ese manual diabólico que acabará con la vida de miles de niños en las pancitas de sus mamás, dijo ella con un tono mustio. Pues no hay peor batalla que la que no se libra, respondió algo enojado. No saben lo que han hecho. Han firmado con su propio puño su renuncia al cielo, afirmó el arzobispo y los colores se le subieron a la cara. Padre, eso es peor que cualquier pecado capital, dijo la candidata pensando aliviada que había peores culpas que su gula en tiempos de campaña. Hay que dividir la batalla en tres frentes, dijo el cura estratega. Primero el frente legal. Tenemos un bufete de abogados que nos apoyan permanentemente en nuestras demandas, añadió animado mencionando algunos nombres de los que la candidata nunca escuchó hablar, pero fingía conocerlos asintiendo con la cabeza. No sólo eso, continuó el cura, mi buen amigo congresista, el que siempre me visita cuando llega a la ciudad, va buscar la manera de objetar la constitucionalidad de esa norma, explicó. Es que se trata de un asesinato, dijo la madre de la candidata, ¿atentar contra la vida de un bebito?, se preguntó indignada. Y que no me vengan con ese cuento de que cada uno es dueño de su cuerpo, se exasperó el prelado, nadie como los que te cuidan y quieren, como la Iglesia o la familia, saben mejor qué es bueno para uno, afirmó, pero ¿y el Estado?, añadió con poca calma, el que nos tiene que proteger a todos es el primero que quiere que nos matemos, exclamó el cura y los ojos se le encendieron.

¿Cuáles son los otros frentes, padre?, preguntó la joven con el gesto de quien está haciendo apuntes en su cabeza. El frente de la Iglesia, dijo el cura golpeando un puño contra la palma de su mano. Ya sabes hija que ahora quien no está en los medios y en los espacios públicos no existe. ¿Has leído mis artículos en los diarios?, le preguntó con algo de vanidad. Por supuesto, padre, mil veces mejor empezar el día con sus sabias palabras que con las encuestas de las elecciones, señaló la candidata mientras repasaba con enfado la caricatura que un diario local había hecho de ella, correteando detrás del segundo puesto en las preferencias electorales: el voto viciado. Pues eso, no desperdiciaré ningún espacio en los diarios, en las entrevistas, en las misas, en las adobadas y en cuanto evento sea invitado para recordar que cualquier ley que apruebe el aborto es una amenaza a nuestra existencia como especie, afirmó el cura. Ya todos los párrocos están bien instruidos para hablar del tema y solicitar el rechazo de la feligresía; nuestra arma será la persistencia, dijo enfático. ¡Claro!, se sacudió la candidata iluminada por una idea, también podemos pegar la imagen de un bebé sobre las cajitas de fósforos y decir ¡No al aborto!; no sabe cuánto nos ha ayudado en la campaña esa estrategia, aseguró ella. La gente no lee programas de Gobierno, no escucha debates. La gente fuma, la gente cocina, la gente enciende velas y en esos momentos, en los más minúsculos y cotidianos, hemos estado nosotros, acompañándolos desde una cajita de fósforos, añadió. Sí señor arzobispo, dijo el papá de la joven, si nos hubiera visto amaneciéndonos pegando la foto de mi hija en cada cajita.

¿Padre, y cuál sería el último frente?, quiso conocer, inquieta, la candidata. El tuyo pues hija, respondió como ordenando. Desde tu puesto vamos a convencer a los médicos, a los gremios profesionales, a las mujeres de los conos, y a todos los alcaldes que estas leyes pro-muerte son inviables e inhumanas. Tú tan guapa e inteligente, ¿crees que alguien se va a resistir a tus sugerencias o discursos?, preguntó el cura sin buscar ser respondido. Ya el que será tu antecesor nos ayudó mucho con este tema y otros. Pero tú, dijo acentuando su mirada en ella, conservas una fe inquebrantable en nuestra institución. Tú sí eres una sierva fiel a tu Iglesia. No te temblará la voz a la hora de preferir y valorar tus creencias, la elogió. No lo dude padre, así será, dijo muy convencida. Mis mujeres, esas que me acompañan día y noche en la campaña nos apoyarán sin condiciones, sentenció la candidata. Imagínese, su santidad, que hasta las feministas de esta ciudad van a votar por mí, dijo con entusiasmo. Ellas con tal de ver a una mujer como gobernante que les dé espacios en la gestión pública, van a apoyar nuestra candidatura. ¡Cuidado, hija, con ese grupo!, luego no vayan a traicionarte con reclamos indecorosos, advirtió el prelado. Eso mismo le he dicho, dijo como reprendiendo la mamá de la candidata, que no se fíe de esas mujeres que hablan todo el día de género, empoderamiento ¿qué serán esos rompecabezas?, y a veces, hasta tergiversan el rol de la mujer en la casa, creo que ni a misa van, se han olvidado de sus deberes como madres y esposas, protestó la señora. No es tanto así, mami, dijo la joven cogiéndole las manos a su progenitora, son un poco rebeldes pero son muy buena gente, no sabes la cantidad de organizaciones que pueden movilizar y que nos serán de gran apoyo para las elecciones, dijo tratando de apaciguarla.

Bueno señor arzobispo, no queremos quitarle más tiempo, dijo el papá de la candidata fingiendo desprender pelusa de su pantalón. ¿Qué?, ¿ya nos vamos, cariño?, le dijo su esposa, sin poder encubrir con éxito su reclamo con un tono de ternura. Sí, mami, dijo la candidata regañándola con la mirada. Le agradecemos mucho su paciencia padre, por escucharnos y alentarnos, dijo con suavidad la candidata. No hija, ¿cómo vas a decir eso?, le reconvino con afecto el arzobispo. Soy yo el que tiene que agradecer su visita y recordarles que siempre estará la puerta de esta Iglesia abierta para ustedes y para tu Gobierno, jovencita, dijo alegre, mostrando todos sus dientes. Ha sido un gusto, señor arzobispo, conversar con usted, dijo el caballero extendiéndole la mano. Por favor, dijo el cura y llamó a uno de sus monaguillos para entregarles un obsequio, llévense estos rosarios en memoria de este día de reflexión y A-C-U-E-R-D-O-S, recalcó. Muchas gracias, padrecito, le dijo la señora despidiéndose del cura con un beso en la mano. ¡Ah hija, y a ver si convences a este alcalde que eso del monorriel es un absurdo!, ¿cómo va a malograr así nuestro centro histórico?, dijo el religioso desde el centro de la sala a los visitantes que ya se encontraban bajo el dintel de la puerta. Muy bien, conversaré al respecto con él. ¿Qué sugiere usted, padre?, preguntó la candidata. Lo más sensato pues hija, ese monorriel debe construirse para llevarnos de la ciudad hasta el santuario de Chapi, ¿no crees?, dictaminó el cura. Por supuesto, padre, por supuesto.

Twitter: @jorgeluisod

*Ilustración de Eneko, extraída de la página: http://migenteinforma.org/?p=14306