Este es el aspecto que ofrece ahora la ciudad de Cocachacra al foráneo. A primera vista, parece un día festivo, porque las banderas han vuelto a ondear en casi todas las casas. No tienen la fosforescencia de antes pero el mensaje es inequívoco y permanece: Agro sí, mina no.
El valle está en paz. Durante esta pausa que optó por ofrecer la empresa Southern, la mayoría de habitantes se abocó a las labores de la tierra. El campo está ahora labrado y sembrado. En teoría, no existe ninguna justificación para prorrogar el Estado de Emergencia, pero la realidad podría indicar otra cosa. La gente está callada, pero dolida. Temerosa aún, pero firme. Tranquila, pero en estado de alerta permanente.
El alcalde provincial, Richard Ale Cruz, ha advertido que, a la menor provocación, retomarán el paro. Jaime de la Cruz, pelea aún por la alcaldía de Dean Valdivia, pero todo indica que deberá instalar su trinchera junto a los protestantes anónimos. Sin Pepe Julio Gutiérrez, hoy en prisión por intento de extorsión, tal vez falte la logística, pero no la garra, parecen…
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