A unque el balance final es indudablemente negativo, por las denuncias de corrupción en la gestión, hay algo que la ciudad debe reconocerle al ex alcalde, Luis Cáceres Velásquez, y es el haber desterrado a los comerciantes ambulantes que invadían la Arequipa céntrica de los 80s, así haya sido a punta de lanzarles al cuerpo “agua coloreada” como él solía decir. La clave es que sí les ofreció otras alternativas para realizar su actividad comercial.
Sin embargo, el otro problema que caotizaba el paisaje urbano, entonces mucho más leve, -el del trasporte público- siguió sin resolverse en las siguientes 6 gestiones municipales, aunque todos lo intentaron y fracasaron. Los gremios de transportistas y sus centrales sindicales podían paralizar la ciudad y así lo hacían ante la pasividad y falta de recursos de la autoridad. En el año 2000 en el que se aprobó el Plan Director de la ciudad, se iniciaron también los estudios para reformar el….
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