Un manifiesto menos

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(Por la democracia, la república y los derechos humanos)

Ante la globalización de la crisis de valores e instituciones que desde hace un tiempo viene afectando también al Perú y a nuestra Región, el pueblo de Arequipa – representado por sus legítimas autoridades y por reconocidos miembros de la sociedad civil – en fidelidad a su identidad cultural y tradición democrática, así como al legado de sus antepasados, movido por el deseo de alcanzar un verdadero desarrollo humano integral expresa su firme decisión de unir esfuerzos para evitar que la colonización de ideologías extranjeras continúe afectando a nuestras nuevas generaciones, para lo cual es preciso promover, entre otros, los siguientes derechos e instituciones:
Por enésima vez se repite el estribillo, “crisis de valores”. Por enésima vez se olvida un pequeño detalle: explicar claramente en qué consiste esa crisis de valores. Y la crisis consiste en que, como no se han internalizado los valores modernos, no se practican esos valores (es decir, valores democráticos y republicanos). Apenas se menciona uno, una vez, en el Manifiesto. Y los valores viejos de nuestra sociedad tradicionalista y conservadora no dan más. Están demasiado viejos (no siempre ha sido así, obviamente). Y las nuevas generaciones no los practican. Ni valores modernos, ni tradicionales. Bastaría pensar en lo que ocurre con el máximo representante de la Iglesia en el Perú, Juan Luis Cipriani y preguntar por el sentido ético y político de su nefasta conducta pública. Es todo un signo de los tiempos.
La identidad cultural y la tradición no es algo fijo a lo que hay que aferrarse como el bebé a su chupón. Tradición que no se renueva se muere, como le ha pasado al Yaraví y le está pasando al vals, porque cada año se repite tal cual, el día de Halloween. La innovación, la crítica, la sub-versión, es mínima (salvo en la cocina y en la literatura). Nada raro en una sociedad conservadora, que cree que su cosmovisión, que sus paradigmas son verdaderos y eternos. ¡Qué diferencia con el tango¡ Gracias a artistas como Astor Piazzola, que cometió todas las herejías que sintió y consideró necesarias para mantenerlo vivo y reconocido mundialmente haciéndolo renacer, recreándolo.
Y en cuanto a la “colonización de ideologías extranjeras”, no señalan a qué ideologías se refieren en este caso. ¿Defender la igualdad de derechos de peruanos no heterosexuales, o el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo y alma, es “ideología extranjera”? ¿La Constitución peruana se basa en una “ideología extranjera”? Para el pensamiento tradicionalista, el cardenal Cipriani a la cabeza, sí. Por eso enemigo de los derechos humanos (“esa cojudez”) ¿Y los dogmas eclesiásticos que se hacen intervenir de contrabando en las discusiones jurídicas, no vienen de Roma? ¿O surgen de las espumas del Lago Titicaca?

1. EL DERECHO A LA VIDA, como primer don y derecho fundamental de la persona, que debe ser respetado desde el instante de su concepción hasta su terminación natural. No es aceptable, por tanto, atentar contra la vida humana en cualquier etapa de su existencia, sea a través del aborto, la eutanasia o cualquier forma de asesinato u homicidio.

Nadie ha declarado que niega el derecho a la vida, en general. Pero cuando se baja a la realidad uno se encuentra con casos, como el del “aborto” terapéutico por ejemplo, donde estando todos de acuerdo en general con el derecho a la vida, no todos entienden lo mismo por “derecho a la vida” en un caso concreto y específico, como el aludido “aborto” terapéutico. Es necesario interpretar, es necesario construir el sentido concreto en un caso particular como el del ejemplo. “Derecho a la vida” es muy genérico.

Pero el reconocer solo de palabra y en general el derecho a la vida, no da razón a nadie, no lo hace dueño de la verdad. No lo hace automáticamente defensor de la vida. Y no coloca automáticamente a los que no piensan como ellos en el bando de los “defensores de la muerte”, como los más fanáticos sostienen. El derecho a la vida es un derecho fundamental que la Constitución consagra y nadie lo niega. Pero la discusión no es o no debe ser sobre el aborto en general, porque aborto en general no hay. Solo hay casos específicos de interrupción del embarazo: terapéutico, por violación, etc. Sobre eso se discute.

Nadie tiene derecho o atribución para obligar a otra persona al suicidio, expresa o tácitamente. Salvar al feto en este caso es, necesaria e inevitablemente, atentar contra la vida o la salud de la gestante. Un problema jurídico, no un problema moral, como creen los fundamentalistas que no aceptan ningún tipo de “aborto”. Y no entienden o ignoran el “estado de necesidad”, porque es un supuesto jurídico y no moral. Y ellos colocan a ésta por encima de aquel. Y hablar del aborto en general es hacer trampa, porque solo hay “abortos” específicos, interrupciones específicas y no “abortos” generales.

No se trata entonces de los que están por la vida y los que están por la muerte, si no de quien tiene derecho o atribución a decidir, jurídicamente, en cada caso. Continuará

(*) A propósito del Manifiesto suscrito por algunas autoridades el 15 de agosto….