No era la primera señal de muerte en la vida de los Talavera. Esa oscura y misteriosa presencia ya se anunciaba desde que su madre entró en agonía por un cáncer terminal de estómago. Desde entonces, la familia se inclinó irremediablemente por la resignación ante una mortal inminencia. Los hermanos Talavera lo sabían, la matriarca se iría en cualquier momento y, desde ya, a pesar del “aviso”, la única lectura del hecho era la tragedia, a pausas, pero tragedia. Nada podía ser peor en la historia de la familia, excepto la anunciación de otra muerte a través de un sueño que parecía extraído de una maldición griega.
VIAJE A LA MUERTE
Rodolfo Talavera, extraño soñador de premonitorias desventuras, tuvo una clásica representación de la muerte mientras dormía. Entre la noche del 16 y la madrugada del 17 de junio del 2002, en pleno fragor civil del arequipazo, se soñó navegando en una barca sobre blancas arenas. Sus acompañantes eran su hermano mayor, Fernando, y la muerte, quien al parecer patrocinaba el sueño y se presentó en el mismo como la conocemos todos gracias al ejercicio ficcional literario o fílmico: manto y capucha negros, rostro en sombras y colosal guadaña, en silencio, sin hacer movimiento alguno….
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