Grandeza

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Es el gran reto del presidente electo, Pedro Pablo Kuczynski, a partir del momento en que se ha confirmado su ajustadísima victoria. Y esa cualidad tiene varias dimensiones: la primera, retribuir a sus electores, a quienes le concedieron el mando sobre la marcha del país en los próximos años. NO con puestos de trabajo, cargos, prebendas o favores desde el Estado, sobretodo, no con eso; se trata de una retribución moral, mas bien.

Que consiste en comportase a la altura de las circunstancias: no como Alberto Fujimori, envileciendo a los más pobres con la entrega de baratijas y desbaratando la institucionalidad del país para asegurar su permanencia en el poder; no como Alejandro Toledo, ofendiendo la majestad del cargo y olvidando su principal encargo que era reivindicar a la raza andina; no como Alan García, queriendo reivindicarse a él mismo al aliarse con el gran capital para que obtenga extraordinarias ganancias a cambio de aceptación, ni dejando hacer a las mafias y narcotraficantes; menos aún como Ollanta Humala, traicionando directamente a sus electores, sin tocar el modelo que entroniza la desigualdad, resignándose a paliarla con sus programas sociales.

Le toca, a sus 77 años, ya realizado personalmente y con envidiable fortuna; trascender el cálculo inmediato y la ganancia material, llevar al Perú a una mejor situación social- antes que económica- con miras al bicentenario de vida republicana. Su deuda con el país es enorme. Está obligado a pensar en el futuro de esos jóvenes, hoy sin esperanza, que prefirieron la decencia al cinismo, aún sin vislumbrar ninguna ganancia en ello; en el futuro de miles de trabajadores honrados que, a pesar de romperse el lomo, no han podido salir de su situación de postergación, mientras un puñado de “amigos” del gobierno se llena los bolsillos profundizándose, de manera inmoral, la brecha entre peruanos, sin otra justificación que el abuso del poder que ya tienen; a los izquierdistas de corazón, que sueñan con una sociedad más equitativa, menos material, más humana; y a las mujeres, que pese a las dádivas que les ofrecieron desde el fujimorismo, optaron por pensar en el futuro de la sociedad en la que vivirán sus hijos, confiando en la promesa de  una sociedad democrática, con oportunidades para todos, libre y digna frente al poder económico que -insaciable- quiere seguir incrementando las utilidades a costa de las personas y las familias postergadas o marginadas. Sus dotes de experimentado economista deben servir para reducir la desigualdad, expandir el crecimiento, hacer crecer a los de abajo, ésta vez.

Que dialogue y busque consensos, pero que no se sienta satisfecho con haber obtenido poder, y olvide los por qué de su victoria, como la ya caduca líder del PPC que se ha atrevido a sugerir que nombre, como Premier del nuevo gobierno, a Keiko Fujimori, confundiendo su extravío moral que la llevó a aliarse con su antes enemigo, el Apra, con la necesidad de conseguir gobernabilidad. Hay principios que no se negocian y a esos principios, precisamente, le debe PPK la mayoría de sus votos, lo que no quiere decir que los ciudadanos que se los entregaron, hayan abdicado a su voluntad, como parece creer Carlos Bruce, quien ya ha ofrecido carteras ministeriales al fujimorismo. Que Fuerza Popular, actúe con racionalidad y altura, contribuyendo desde el Congreso a reformas y objetivos comunes, será su responsabilidad histórica con el país; pero que no se atrevan a negociar con nuestros votos con el bando que -hasta ayer- representaba el autoritarismo y la corrupción, porque entonces se habrá consumado una nueva traición. Y no se quejen, por lo que venga, entonces.