
POR: Francoise Cavalié Apac
«Señor, en esta despedida ponemos en tus manos la vida de todas esas criaturas recién concebidas en el vientre de su madre. Protégelos, son los más inocentes, los más desprotegidos. No permitas que el hombre en su maldad los mate.” […] «este fue instituido por Jesús entre un hombre y una mujer. La iglesia nos enseña que el matrimonio es uno y una para toda la vida.” […] «Señor haznos este milagro, protege a la familia, no permitas que leyes inicuas vayan contra la familia, utilizando esa ideología nefasta que le llaman ideología de género que es veneno contra la familia.” (Cardenal Cipriani, última salida del Señor de los Milagros)
Siempre he respetado el derecho al culto, las costumbres religiosas, incluso el derecho a la protesta de todos, aunque el tema no sea de mi agrado (marcha por la vida, etc); pero así como respeto, también rechazo el odio y la insolente intromisión y violación de derechos por personajes que no tienen y no deben tener poder sobre estos. Mi antipatía hacia Cipriani no es ningún secreto; y es que cada vez que él habla, un violador, un feminicida, y hasta un pedófilo consiguen las justificaciones necesarias para salirse con la suya; cada vez que él habla atenta contra mis derechos como ser humano, y me degrada a un objeto inservible.
Él no sólo pide por la vida de todos los concebidos, culpa a todas las mujeres por tener el atrevimiento de denunciar una violación; porque para él, nosotras buscamos ser violadas, nosotras somos las culpables por provocar a todos los hombres de bien y convertirlos en violadores. Y es que su razonamiento es tan escaso que no entiende que la despenalización del aborto no promueve el aborto masivo. Él pide por la vida de los inocentes; pero promueve el odio y con este, la muerte a todas las mujeres respondonas, y a todos los que son diferentes.
Que el matrimonio es uno y una para toda la vida, dice él. Está bien, perfecto, lo entiendo y aunque no esté de acuerdo, respeto a quienes tomen esa decisión; pero que él entienda también que no todos somos católicos, y que vivimos en un país de diversidades, y que también merecemos respeto. Y si no estás de acuerdo con el matrimonio gay, pues no te cases con un gay, y listo.
Que el Señor proteja la familia y no permita que leyes inicuas atenten contra esta, dice él. El único inicuo, ser malvado e injusto, es él; está tan lleno de odio que no puede interpretar una ley, que no puede entender que nunca se pretendió y/o buscó desaparece su figura “perfecta” de familia. Es tan egoísta que se olvida y sentencia todas las formas de familia existentes de hace mucho tiempo: abuelos criando nietos; madres solteras, padres solteros; tíos criando sobrinos; familias con hijos adoptados; etc. Aquí, los únicos que merecen ser protegidos por su dios, son los niños violados por curas, niñas violadas y prostituidas a vista y paciencia de todos, mujeres que todos los días mueren en manos de hombres que como él, creen que somos sus objetos personales para dar placer; quienes merecen ser protegidos son todas las personas homosexuales, transexuales, que luchan día a día por sobrevivir.
La ideología de género es veneno contra la familia, dice Cipriani. La ideología de género no existe; los únicos que la utilizan son grupos religiosos, padres, obispos, cardenales, y políticos que están en contra del derecho a la igualdad. La ideología de género fue inventada por quienes rechazan las leyes que protegen la vida, el cuerpo, y la salud de la mujer; por quienes aún creen que nosotras no merecemos derechos; por quienes están en contra de la no discriminación e igualdad ante la ley de todas las personas sin excepción.
Él dice que las mujeres que luchan por sus derechos son respondonas y ponen en riesgo la familia y la vida del concebido, que las víctimas de violación somos culpables de todo, que las mujeres sólo nacimos para casarnos, tener hijos, y hacer lo que el hombre quiera. Él dice que la homosexualidad es una aberración a la naturaleza, pero se queda mudo cuando miembros de su congregación violan niños impunemente; él dice que la homosexualidad es contagiosa, y lo único que él contagia a todos es el odio. Él es el veneno que atenta contra la vida de todos; contra el derecho a ser considerado un ser humano.
Y al final, él dijo «en el corazón del hombre nace la honestidad y en el corazón del hombre también nace la corrupción». Entonces, por qué mejor no te callas, y das la cara por el caso Moreno, y otros tantos más.