Hablar de corrupción política es referirse al mal uso del poder público, ya sea por parte de autoridades o funcionarios, para conseguir algún tipo de ventaja ilegítima. Las modalidades son diversas: extorsión, soborno, peculado, colusión,fraude, tráfico de influencias, etc. Mención aparte merece la falta de ética, que es un tipo especial de corrupción que si bien no tiene que ver directamente con la apropiación ilegal de recursos del gobierno y de ciudadanos , sí entraña entre algunos servidores públicos, una conducta negativa que va en contra de los propósitos y metas de las instituciones públicas. Sin duda, la corrupción política es un obstáculo a la transparencia de la vida pública. En las democracias establecidas, la pérdida de fe en la política y la ausencia de confianza en políticos y partidos desafía a los valores democráticos, una tendencia que se ha profundizado con la exposición de la corrupción en la última década. Téngase presente que la historia nos ha demostrado que ni la corrupción ni el autoritarismo son exclusivos de una u otra ideología o sistema político, tanto en gobiernos liberales, conservadores como socialistas o progresistas se han presentado casos de corrupción. Es comun que ciertos sectores aprovechan estos escándalos, los exacerban y utilizan políticamente para desmerecer a sus rivales ideológicos o políticos , lo mismo que haría cualquier sector en competencia cuando su oponente le ofrezca semejante oportunidad. Pero lo más peligroso en este momento es que los ciudadanos lleguen a la conclusión de que la política es igual a corrupción, que se trata de un dilema sin alternativa. Que crezca la decepción, la resignación, que se fortalezcan los argumentos por los que mucha gente valiosa se queda lejos de la participación política. Los militantes o los simpatizantes de distintos credos políticos no pueden resolver el problema desde la negación. No pueden atribuir cada una de estas evidencias dolosas a un “plan macabro del imperio”, del “sistema” o de “los poderes fácticos”. Deben asumir responsabilidades e identificar a los culpables para que sean sancionados. Es evidente que la concentración del poder a través del control de todas las funciones del Estado y la falta de transparencia e independencia de la justicia son el principal incentivo y mensaje de impunidad. Es sobre esto que deberíamos estar discutiendo y trabajando, en lugar de intentar tapar el sol con un dedo o señalar que la corrupción es propiedad de un determinado sistema. Finalmente, la lucha contra la corrupción no tiene ideología ni color político: el ser corrupto es una condición independiente de partidos y sistemas ; la corrupción afecta el derecho del pueblo a una vida digna, por ello las investigaciones del escándalo Odebrecht deben llegar hasta el final, caiga quien caiga.