Marcha subversiva

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«Arequipa no permitirá que se aplique este currículo… tenemos también que actuar», bramó el arzobispo en el mitin de cierre de la marcha «Con mis hijos no te metas» que se realizó este sábado. Enseguida llamó mentiroso al presidente de la república, Pedro Pablo Kuczynski, cuya vacancia en el cargo se pidió en mitin similar en la ciudad de Lima, a causa de la implementación de una currícula escolar que promueve la «igualdad de género». En contraste, en Arequipa no hemos visto ni la mitad de esa indignación por los casos de pederastia denunciados en un grupo que le es muy afín, el Sodalicio, ni por la fuga de un sacerdote que está requerido por la justicia por tocamientos indebidos a niños de un colegio estatal, donde era profesor de religión. Algo que ocurrió en su propia grey.

Es comprensible que, como la Iglesia lo pregona y practica hace siglos, les resulte chocante escuchar que las mujeres tenemos la misma valía, potencialidad, inteligencia, capacidad; y, más importante, los mismos derechos. Para comenzar tenemos el derecho a hablar, a opinar, como lo hace él, incluso de manera subversiva. Si no acepta eso, menos aceptará que los homosexuales, y otros grupos de diversos géneros, tengan alguno de estos derechos. Todo esto amparado, lamentablemente, en la ignorancia y falta de recursos de un buen sector de la población, otra característica del statuo quo y poderosa razón para defenderlo. A estas alturas es clara la motivación política (y económica) de la marcha, utilizando el miedo y la mentira para conseguir adhesiones.

No es la primera vez que el religioso cuestiona las políticas de estado, llama a sus files a votar por la candidata fujimorista, advierte que sería pecado votar por candidatos menos conservadores, y pretende hacer promulgar y derogar leyes con miras a mantener el statuo quo, que no cuestiona los poderes de facto, uno de ellos, precisamente, su institución.

Pero el tono y las pretensiones que ha adquirido con esta nueva cruzada en contra de valores universales reconocidos por la Unesco y denostados por el grupo radical de #ConMisHijosNoTeMetas, resulta preocupante por la ausencia de límites.

Ese discurso exaltado de rechazo a otros seres humanos, ha provocado en las personas más humildes y afectas al fanatismo, discursos homofóbicos y actitudes agresivas que amenazan desbordarse en violencia. Durante la marcha de este sábado, tanto en Lima como en Arequipa, se registró escenas de agresión a ciudadanos que piensan distinto, a periodistas y, especialmente, hacia miembros de las comunidades LGTBI, que están registradas en decenas de videos que circulan por las redes.

Que ese mensaje sea absolutamente apuesto a la doctrina cristina y al mandamiento mayor de «amar al prójimo como a uno mismo», no es tan grave como constatar que se trata de un discurso subversivo que llama a la resistencia civil frente a una política de Estado, en base a acusar de homosexual a la ministra de Educación; y que promueve la discriminación contra quienes optan por géneros diversos. Como resultado, no son pocos sus seguidores que hablan de «matar» a lesbianas, apedrear cabros y expulsarlos de los colegios.

Si a los opositores a la actividad minera se les ha tildado de «terroristas antimineros», ¿cómo se puede llamar a estos desbocados antigénero?