Se trata de Héctor Guillén Tamayo y su solitaria pelea de 15 años contra un poderoso movimiento, hoy descubierto en toda su maligna dimensión, entre otros factores, gracias a la lucha de este padre de amor infinito. El Sodalicio de Vida Cristiana (SVC) le arrebató con engaños a su hijo mayor, Franz, quien fue captado desde que era un estudiante del Colegio Max Uhle y lo sometió al ya explicado por el periodista Pedro Salinas, “lavado de cerebro” usual, poniéndolo, en principio, en contra de sus padres.
UN FINAL FELIZ
Como suele ocurrir en sociedades tradicionales como la arequipeña, el peso e influencia de la Iglesia Católica lo convirtió en un apestado, a pesar de su prestigio profesional. El aparato represor, a cuyo servicio suelen estar las autoridades y los poderes económico y social, silenciaron su dramática denuncia: se llevaron a su hijo desde que era menor de edad, lo sacaron del país, le prohibieron comunicación con
el exterior, y lo instaron a escribir cartas durísimas donde rompía con su propio…
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