Todavía no había escuchado el presagio de Sonia Ramos cuando volví a nadar en Mamacocha. Desde crío, tengo la costumbre de meterme a nadar a todos los lugares donde pueda hacerlo. Mares, ríos y lagunas. Ya había estado en Mamacocha, cuando la Organización de Gestión de Destino (OGD) del Valle de los Volcanes me invitó por primera vez el año pasado. La geografía desértica y marciana, por el color marrón de las altas montañas combinadas con el rojo agua de las rocas volcánicas que descansan a un lado del camino, me habían conducido a la laguna. Y nadé.
Sin saber que me conectaba, de una vez y para siempre, a este oasis interandino. El mirador de Jojoloche Nos despertamos al amanecer y fuimos a Chachas. Asistimos a la inauguración del mirador de Jojoloche que la OGD, en coordinación con las autoridades y los pobladores de Chachas, construyeron para el turismo. Desde este escenario cerca al cielo se puede observar el pueblo, la andenería y la laguna de Chachas, cuyas aguas se filtran bajo tierra 17 kilómetros al sur para darle vida a Mamacocha. Al otro lado…
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