
Hace unos días el alcalde, Alfredo Zegarra, declaró en un diario local que por “intereses políticos” están presionando para que el Viaducto Salaverry no se inicie. El alcalde es político, los ciudadanos arequipeños no tenemos interés político alguno, solo amor por nuestra tierra y nos oponemos que lleve a cabo un proyecto que está mal conceptuado, diseñado, y elaborado; por eso no debe ser ejecutado.
No solo hay oposición de la comuna, sino también del Ministerio de Cultura que no les ha dado el permiso necesario, el Colegio de Ingenieros ha puesto varias observaciones al proyecto, le falta el Certificado de Restos Arqueológicos CIRA, y de acuerdo a la legislación internacional, toda obra que tenga impacto sobre grupos de personas tiene que contar con procesos de inducción y mitigación de daños, aspectos que no están dentro de los expedientes técnicos de la Municipalidad Provincial de Arequipa.
Sin embargo, el alcalde, erradamente, sigue adelante amparándose a la Organización Internacional de las Migraciones, entidad que desconoce nuestra realidad, quienes lanzaron la licitación Nr. Proy. 001-MPA/OIM-2017, a la cuál ninguna empresa se presentó siendo declarada nula. Al parecer las compañías constructoras están tomando conciencia, luego del sonado caso Odebrecht, lo que representa inmiscuirse en una licitación con falacias y entredichos como es el Viaducto Salaverry.
No contento con ese veredicto, ha anunciado que se volverá a lanzar la licitación, lo cual carece de sentido por varias razones. Para empezar, en Vallecito existen restos arqueológicos hispánicos y pre hispánicos, eso quedó evidenciado cuando se remodeló la casa de Vargas Llosa y también cuando se asfaltaron algunas pistas. De igual forma, el túnel de ese proyecto es solo de dos carriles, lo que lleva a cuestionar: ¿Qué sucedería si hay un accidente dentro de ese túnel? ¿Cómo va a entrar la policía, ambulancias, bomberos si no hay un tercer carril de socorro? Hoy en día las pistas deben tener un mínimo de dos carriles de ida y dos de regreso, lo ideal sería tres de ida y tres de regreso, proyectándose de acá a 10 o 20 años, pero el señor Zegarra sigue pensando que en Arequipa continúan transitando carrozas del siglo XVIII.
Aun así, el alcalde ha afirmado que los carros circularán a gran velocidad por el túnel, luego bajarán a Vallecito y ¿adónde irán? ¡A ninguna parte! Las calles de Vallecito son angostas, el barrio no ofrece salidas y se formarán “cuellos de botella”. Tampoco se puede tocar la margen izquierda del río Chili para construir una pista como su proyecto propone, pues el Chili es intangible y la pista que pretende hacer no estaría encima de roca sólida, sino de relleno pedregoso que los vecinos, en el transcurso de veinte y pico de años, han ido colmando con pasto y árboles, para evitar la erosión del Chili y aparente ser terreno fijo. En época de lluvias esa zona se ha visto seriamente afectada por desbordes del río y, si sacan los árboles, la corrosión regresará poniendo en grave riesgo a transeúntes, vehículos y las familias que viven en la margen del río. De forma similar, cuando las excavadoras entren al barrio de Vallecito destrozarán no solo restos arqueológicos, agua, desagüe, etc., sino también árboles centenarios, cuyas raíces cruzan las pistas de lado a lado; y los arboles morirán. El alcalde afirma que hará nueva arborización. Un árbol demorará años en crecer y dar el oxígeno que, desesperadamente, la ciudad requiere. Vallecito es casi el único pulmón existente dentro de la zona Monumental e Histórica de Arequipa. La Organización Mundial de la Salud recomienda un mínimo de diez árboles por persona, Arequipa no cuenta ni con dos per cápita, ¿aun así quiere poner en riesgo más de quinientos árboles que hay en esos barrios? El oxígeno no es de algunas personas, es de todos, por lo tanto, el alcalde está atentando contra la salud y la vida de los arequipeños. Asimismo, la Constitución peruana ampara los Derechos Fundamentales de las Personas. El Articulo 1 reza: “La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la Sociedad y del Estado”. El artículo 2 sostiene que “los ciudadanos tienen derecho a la vida, a su integridad moral, psíquica, física, al libre desarrollo y bienestar, a la paz, a la tranquilidad, al descanso, a gozar de un ambiente adecuado para el desarrollo de la vida, etc.” Es por eso que, no solo los vecinos de Vallecito, Los Pinos, Los Álamos, San Isidro, Arboleda, Salaverry, Ferroviarios, etc, si no que gran parte de la ciudadanía se opone a la construcción del Viaducto Salaverry.
El alcalde Zegarra dice que el Gobierno Central ha destinado más de cien millones para hacer el proyecto, de los cuáles ha adelantado casi diez millones sobre los que el alcalde deberá rendir cuentas a la comuna, ya que ese dinero NO es del Gobierno Central. El dinero pertenece al pueblo arequipeño por los impuestos que los ciudadanos pagamos, por eso tenemos el derecho a decir NO a sus proyectos mal ideados. También dijimos NO a la alteración de nuestro maravilloso lago de Tingo, pero a pesar de la oposición, el alcalde hizo una construcción moderna llena de cemento, discordante con el entorno bucólico. Igualmente le dijimos NO a la cúpula del ex Patio Puno que el Ministerio de Cultura, vía judicial, le ordenó sacar, pero posteriormente consiguió permisos del Ministerio de Cultura para que la cúpula permanezca ahí. En este caso cabría preguntar ¿por qué el Ministerio de Cultura le dio esos permisos? Si la cúpula tenía que ser removida, el alcalde tendría que haberla sacado con su propio peculio, no con el dinero de los arequipeños, ya que no tenemos que pagar por las ideas peregrinas que se le ocurren. De igual forma, de los impuestos que pagamos sale el sueldo del alcalde y el de su entorno, ya que es un servidor público no un dictador y debe escuchar lo que el pueblo le reclama. Dice que nos oponemos al progreso y desarrollo de la ciudad. NO, no nos oponemos al progreso de nuestra querida Arequipa, nos oponemos a proyectos carentes de sentido común solo por obtener algún tipo de beneficio, aparte del político.