A Kuczynski desde Arequipa

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Presidente Pedro Pablo Kuczynski:

Recordándole que fue esta región la que le dio la victoria en las pasadas elecciones, para evitar la asunción de una mafia, nos dirigimos a usted para solicitarle no termine por arrojar al tacho aquel acto de buena fe.

KuczynskiY es que aun tiene una forma de dejar el cargo con dignidad. Y, con ello, otorgarle sentido a esta etapa final de su vida. Algo que los peruanos creímos lo había motivado a postular al cargo, a los 77 años, tras una vida entera dedicada a los negocios. Esto es: tratar de devolverle a este país, lo mucho que les ha proveído a usted y a los empresarios de su clase. Sintetizando: justicia social, equidad, oportunidades, dignidad y futuro.

Hoy que difícilmente podrá mantenerse en el cargo al que lo encumbramos como «mal menor», se le termina esa oportunidad, única en su vida, de pasar a la historia.

Aunque su versión de los hechos es confusa y poco convincente, tampoco parece una trama de corrupción al estilo elemental de sus antecesores Toledo, Fujimori, Humala o García. Mas bien, parece que usted ha naturalizado el hecho de servirse del Estado desde un cargo público, al que se llega, principalmente, con ese fin. Como lo han hecho todos los nombrados.

La corrupción alrededor de la brasileña Odebrecht, como usted sabe, no es novedosa ni única. Es, más bien, la costumbre ancestral en nuestros países, desde que los codiciosos españoles arribaron a estas tierras.

La exacción de los fondos del estado en favor de las corporaciones y sectores privilegiados es casi la definición de estados como el nuestro. Es la generalidad y no la excepción. Es la costumbre, no una desviación. Y usted lo sabe perfectamente, aunque su tendencia natural sea negar lo evidente y sobrevalorar sus méritos profesionales, que seguramente los tiene.

Ante la angurria fujimorista que lo espera con las hachas afiladas en el Congreso, y ante el descreimiento de la población frente a las evidencias, solo tiene dos caminos: 1) ser vacado en el cargo por incapacidad moral, en medio del repudio general y la inestabilidad subsecuente en el país; y 2) renunciar confesando la verdad. Esto es, explicando los mecanismos que se usa en las puertas giratorias que Ud. conoce bien parar desangrar permanentemente los recursos de un estado pobre, en favor de los que ya tienen un «banquito», empresas en el exterior, dividendos y demás, gracias a un sistema que ofrece todos los privilegios a esta clase de «empresarios», de manera injusta e inmoral.

Usted no es el único que hizo su fortuna de esa manera, mientras millones de peruanos viven con el sueldo mínimo, sin oportunidad alguna de cambiar su situación, por el sistema de privilegios establecidos, contrarios a las leyes y al mercado, pero que en la práctica rige con mano de hierro nuestro país.

Su gesto sería revolucionario, lo enaltecería como ninguna otra «salida digna» en que esté pensando. Su coartada es que el sistema no ha sido creado por usted, que TODOS los grandes empresarios se han valido de él; y, si lo van a condenar, lo justo es que en su caída se lleve también a toda esa clase de empresarios mercantilistas que antes lo aplaudieron en los CADE y que hoy pretenden escandalizarse o hacernos creer que no se valen de ese sistema de «business con el Estado» como la gran palanca para «su» crecimiento. De paso, la mitad del fujimorismo se vería descubierto.

Ahora que han sido puestos al fresco algunos empresarios como los señores Graña y Camet, se dará cuenta que usted no está solo al haber sido descubierto haciendo negocios en ese esquema «lobista».  Por allí siguen circulando y pontificando, orondos, otros lobistas, entre mineros y empresarios de la pesca, de las AFPs, de los bancos, etc., cuyos pecados son probablemente peores que los suyos. Todos le darán la espalda, ¿por qué tendría usted que protegerlos con su silencio?

Si devela los secretos a voces de cómo las grandes empresas hacen negocios con el estado en nuestro país y se disculpa sinceramente por haber sido parte de ese sistema que abarca absolutamente todos los ámbitos, se ganará usted nuestro aplauso y agradecimiento eterno. Es posible que el país avance mil años y eso se lo deberíamos a usted, exclusivamente. De ser un «incapaz moral», pasaría a ser un héroe.

Y lo más importante: millones de niños pobres regados en todo el país, campesinos, madres y jóvenes talentosos sin recursos, le deberán un mejor futuro. Es una gran oportunidad para sacar al Perú de su impronta colonial y abrir la puerta a la verdadera modernidad. Llévese en su caída a todos los empresarios corruptos, o solo «vivos» que le hacen tanto daño a este país.

Presidente Kuczynski, ¿ve usted que aún es posible la dignidad? O estoy soñando solamente…