Había decidido casarse con él. Viajarían a mediados de enero del 2018 a Cusco para la pedida de mano. Su familia ya estaba enterada, pero la tradición es la tradición, se emociona. Ella quería una boda sencilla. Él le dijo que tenían que invitar a muchas personas. Ella insistía en una boda sencilla. Él se reía. Le decía que era imposible, tenían que invitar a los compañeros antropólogos de la Universidad Nacional de San Agustín, a los futuros abogados de Alas Peruanas, a la familia. Ella quería tener un hijo el próximo año. Él estaba escogiendo la música para el gran día.
Ella mira su anillo de compromiso. Le da vueltas sobre su dedo anular izquierdo. Tiene lentes oscuros para evitar que le vean los ojos. Para evitar que la vean quebrarse. Él murió dos meses antes de la pedida de mano. Ella se quiebra. Él se cayó siete minutos antes de su clase de Derecho Municipal y Regional. Ella dice que eran las 5 y 13 de la tarde. Él acababa de salir del baño. Ella lo vio. Él le dijo “vamos, amor”. Ella se levantó de una banquita y cogió su mochila. Él se resbaló, trató de sostenerse pero no pudo y cayó de espaldas. Ella escuchó un sonido fuerte y seco. Él estaba en el suelo. Ella se acercó rápidamente, pidió ayuda, gritó. Él nunca más le diría “vamos, amor”, ni ninguna otra cosa. Ella lo vio convulsionar de pronto. Él moriría tres días después….
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