Cuando el general Pirro logró una victoria sobre los romanos a costa de inmensas pérdidas, cuentan que dijo: “Una victoria más como esta y volveré sólo a casa”. Y eso es lo que ha logrado Keyko Fujimori, una victoria pírrica al haber hecho renunciar a PPK utilizando métodos mafiosos, haciendo que uno de los suyos grave conversaciones confidenciales a otros que fueron suyos y ahora son gente de su hermano. La mafia se ha dividido, es como la guerra en la novela y película “El Padrino” entre los Corleone y los Tatattaglia. Keyko cumplió su cometido impulsado por el odio y la frustración de haber perdido las elecciones dos veces seguidas, defenestró a PPK, pero ha quedado claro que los métodos que usaba su padre los sigue utilizando. Sus adláteres se llenan la boca y gritan desaforados acusando al gobierno de que han comprado votos para evitar la vacancia de PPK dándoles obras a los congresistas; sin embargo, Alberto Fujimori y Montesinos compraban congresistas y medios de comunicación con plata robada al Estado. Qué autoridad moral puede tener una organización que en el pasado y en la actualidad usan métodos mafiosos para lograr sus fines que no son otros que su ansia de poder para seguir robando porque no tiene ningún principio, nunca han planteado nada que sea de beneficio para el pueblo, el que desgraciadamente gran parte de él por ignorancia vende su voto por una bolsa de arroz, un gorro y una camiseta. La gente por fin ya se ha dado cuenta de qué cosa es el fujimorismo, observa una agrupación dividida que empezó con 73 congresista y ahora tiene 59, claramente obstruccionista y desembozadamente mafiosa, coludida con parte del Apra y toda la izquierda. Es que tienen en común lo retorcido de los métodos para lograr lo que más ambicionan: El poder para robar y convertir al Perú en un país como Venezuela. El periodista Mirko Lauer dijo en una de sus columnas en el diario “La República”: “Da ganas de echar a todos los políticos actuales al inodoro, pero nadie tiene la autoridad moral para jalar la cadena”. Yo digo que nosotros, los que elegimos a los que nos van a gobernar somos los llamados a jalar la cadena, y elegir a gente con valores morales y no a lumpen. De nosotros depende, si es que no lo hacemos, entonces no tendremos de qué quejarnos.