La incomodidad se ha vuelto una constante en las actividades de Alfredo Zegarra. El aún invicto líder de Arequipa Renace se muestra esquivo en sus comparecencias y actividades públicas, con la mirada perdida en la nada. En contraste, su retirada es violenta. Apura el paso hacia su camioneta, mientras responde “al paso” las preguntas de los periodistas, en decidida huida.
Se trata de la campaña más dura que afronta Zegarra, tras 20 años de mantenerse en el poder. El último tramo de su segundo periodo al frente de la municipalidad provincial fue particularmente desgastante. Pero él se encuentra en esa etapa de la vida de la mayoría de los políticos en que la renuncia es un imposible, pese a las claras señales de decaimiento que el tiempo viene alertando al pasar.
La insistencia en proyectos truncos, como el viaducto Salaverry y el Programa Municipal de Vivienda (Promuvi), acabaron por enfrentarlo a la población, colegios profesionales y hasta funcionarios estatales. En ambos tuvo que retroceder, algo que parece ser contrario a su naturaleza. Pero ambos chocaban con normas legales de manera insalvable. Al igual que sus proyectos, las obras que llegó a ejecutar también le acarrearon duras críticas. Los 20 intercambios viales que prometió se redujeron a serias fallas en el de las avenidas La Salud – Dolores – Los Incas. El colegio de Arquitectos se convirtió en su peor enemigo y los retrasos en las obras fueron reiterados…
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