El Plan de Desarrollo Metropolitano (PDM) es un instrumento técnico que cualquier ciudad mediana tiene como biblia, en lo que a decisiones de expansión o autorizaciones se refiere (antes se llamaba Plan Director).

Lamentablemente, desde siempre, no es el caso de Arequipa. Eso explica el caos en el transporte, la contaminación, la falta de espacios públicos recreativos, de áreas verdes y servicios de calidad; en suma, la pésima calidad de vida que tenemos hoy.
La razón, además de incapacidad, falta de compromiso e ignorancia de las autoridades; es el clientelismo político. La constante y masiva migración, que agrava el déficit de vivienda y de servicios, junto a la pobreza, crean una oportunidad de negocio y rédito político inigualable que los traficantes de terrenos y políticos han aprovechado sin dilación.
El enriquecimiento fácil a través de la necesidad de vivienda de los pobres, ha elevado la actividad de invasión de terrenos a las dimensiones de una verdadera industria que ha alimentado a dirigentes populares, autoridades demagógas e irresponsables y toda laya de oportunistas buscando prebendas fáciles.
Por eso, el actual PDM, en lugar de cautelar la conservación de la campiña arequipeña y promover un crecimiento ordenado y equilibrado en la ciudad, ha sido utilizado para generar pingües ganancias entre dirigentes, traficantes, autoridades, funcionarios de medio mando, empresarios angurrientos y organizaciones religiosas en busca de lucro. Todos en contra de la campiña (leer nota en la sección Destacados).
No necesito dar nombres para que cada uno de ustedes imagine a su autoridad favorita, facilitando terrenos a los traficantes que les proporcionan votos o gente para sus portátiles; o al funcionario intermedio que dizque preside una mesa de diálogo y no hace sino negociar con los inescrupulosos dirigentes que se llenan los bolsillos pidiendo cuotas a sus asociados y asistencia a marchas para pagar favores políticos.
El resultado: una ciudad inviable, destruido parte de su patrimonio como es la campiña, contaminada y fea, más allá de su centro histórico. ¡Felicitaciones exalcaldes de Arequipa, he aquí la ciudad que era ejemplo de orden y belleza!