Columnas>Crónicas Descarriadas Archives - El Buho http://localhost:8000/elbuho/seccion/columnas/columnascronicas-descarriadas/ Sun, 06 Mar 2011 00:00:00 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.0.2 http://localhost:8000/elbuho/wp-content/uploads/2022/10/favicon.png Columnas>Crónicas Descarriadas Archives - El Buho http://localhost:8000/elbuho/seccion/columnas/columnascronicas-descarriadas/ 32 32 Mi próximo solitario gozo http://localhost:8000/elbuho/2011/03/06/mi-proximo-solitario-gozo/ http://localhost:8000/elbuho/2011/03/06/mi-proximo-solitario-gozo/#respond Sun, 06 Mar 2011 00:00:00 +0000 Crónicas Descarriadas]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=105 Terminaré de escribir estas líneas y sin duda buscaré un café en una plaza arbolada donde me olvide del resto y me dedique a pensar solo en mi próximo gozo. La suerte y la decisión me han llevado de un extremo al otro del continente: hace unos días México y ahora Brasil. Más allá de […]

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Terminaré de escribir estas líneas y sin duda buscaré un café en una plaza arbolada donde me olvide del resto y me dedique a pensar solo en mi próximo gozo.

La suerte y la decisión me han llevado de un extremo al otro del continente: hace unos días México y ahora Brasil. Más allá de las obvias diferencias, me impresionan las similitudes de estos dos gigantes: gente sumamente amable, un mestizaje masivo y omnipresente y un nacionalismo totalmente asumido y casi obsceno. Pero bueno, esta es la parte folklórica de la moneda, por así decirlo, pues la otra cara de los parecidos reluce mucho menos; en ambos casos, las tasas de crimen y violencia figuran entre los más altos del mundo. Inmediatamente uno se pregunta por qué. Ahora bien, la primera impresión cuando uno llega al DF o a Sao Paulo es la de un estado de bienestar que estaría funcionando: hay obvio progreso en las comunicaciones y en los transportes, hay un desarrollo que se evidencia en los populosos barrios de clase media, hay una sensación de hormigueante trabajo en las calles. Sin embargo, un ojo mínimamente entrenado (o que acepte ver) comenzará a notar poco a poco las fallas del paisaje: desheredados en las esquinas, niños mendigando, jóvenes desempleados (lo deduzco) en las plazas. Me retrucarán con justa razón que no estoy haciendo sino el típico cuadro de una gran ciudad latinoamericana. Es verdad, no digo nada nuevo. Pero hay algo que de tanto verificarlo, afortunadamente, tiene el poder de seguirme interpelando: con qué facilidad justificamos el estado de abandono social y económico de estas miles de personas con el argumento de que son el efecto colateral “inevitable” para que una mayoría consiga el ya mencionado “estado de bienestar”. Qué difícil (y a la vez qué práctico) se nos ha hecho constatar humanidad allí donde el sistema “sistemáticamente” deshumaniza al individuo; qué complicado comprender que las diferencias socio-económicas son artificiales, arbitrarias y naturalizadas por nosotros mismos. Debo admitir, no obstante, que en el fondo no escapo a la regla, terminaré de escribir estas líneas y sin duda buscaré un café en una plaza arbolada donde me olvide del resto y me dedique a pensar solo en mi próximo gozo.

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Mi próximo solitario gozo http://localhost:8000/elbuho/2011/03/06/mi-proximo-solitario-gozo-2/ http://localhost:8000/elbuho/2011/03/06/mi-proximo-solitario-gozo-2/#respond Sun, 06 Mar 2011 00:00:00 +0000 Crónicas Descarriadas]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=1632 La suerte y la decisión me han llevado de un extremo al otro del continente: hace unos días México y ahora Brasil. Más allá de las obvias diferencias, me impresionan las similitudes de estos dos gigantes: gente sumamente amable, un mestizaje masivo y omnipresente y un nacionalismo totalmente asumido y casi obsceno. Pero bueno, esta […]

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La suerte y la decisión me han llevado de un extremo al otro del continente: hace unos días México y ahora Brasil. Más allá de las obvias diferencias, me impresionan las similitudes de estos dos gigantes: gente sumamente amable, un mestizaje masivo y omnipresente y un nacionalismo totalmente asumido y casi obsceno. Pero bueno, esta es la parte folklórica de la moneda, por así decirlo, pues la otra cara de los parecidos reluce mucho menos; en ambos casos, las tasas de crimen y violencia figuran entre los más altos del mundo. Inmediatamente uno se pregunta por qué. Ahora bien, la primera impresión cuando uno llega al DF o a Sao Paulo es la de un estado de bienestar que estaría funcionando: hay obvio progreso en las comunicaciones y en los transportes, hay un desarrollo que se evidencia en los populosos barrios de clase media, hay una sensación de hormigueante trabajo en las calles. Sin embargo, un ojo mínimamente entrenado (o que acepte ver) comenzará a notar poco a poco las fallas del paisaje: desheredados en las esquinas, niños mendigando, jóvenes desempleados (lo deduzco) en las plazas. Me retrucarán con justa razón que no estoy haciendo sino el típico cuadro de una gran ciudad latinoamericana. Es verdad, no digo nada nuevo. Pero hay algo que de tanto verificarlo, afortunadamente, tiene el poder de seguirme interpelando: con qué facilidad justificamos el estado de abandono social y económico de estas miles de personas con el argumento de que son el efecto colateral «inevitable» para que una mayoría consiga el ya mencionado «estado de bienestar». Qué difícil (y a la vez qué práctico) se nos ha hecho constatar humanidad allí donde el sistema «sistemáticamente» deshumaniza al individuo;  qué complicado comprender que las diferencias socio-económicas son artificiales, arbitrarias y naturalizadas por nosotros mismos. Debo admitir, no obstante, que en el fondo no escapo a la regla, terminaré de escribir estas líneas y sin duda buscaré un café en una plaza arbolada donde me olvide del resto y me dedique a pensar solo en mi próximo gozo.

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El estallido del sur: algunas explicaciones http://localhost:8000/elbuho/2011/02/20/el-estallido-del-sur-algunas-explicaciones/ http://localhost:8000/elbuho/2011/02/20/el-estallido-del-sur-algunas-explicaciones/#respond Sun, 20 Feb 2011 00:00:00 +0000 Crónicas Descarriadas]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=56 Entre los últimos hechos en el mundo árabe, es pertinente identificar la ecuación que está llevando las protestas al éxito : importantes revindicaciones de equidad social y económica, dobladas de una aspiración a la libertad política y a la alternancia en el ejercicio del poder. Apoyar únicamente la demanda política de las clases medias y […]

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Entre los últimos hechos en el mundo árabe, es pertinente identificar la ecuación que está llevando las protestas al éxito : importantes revindicaciones de equidad social y económica, dobladas de una aspiración a la libertad política y a la alternancia en el ejercicio del poder. Apoyar únicamente la demanda política de las clases medias y olvidar aquellas revindicaciones de justicia y de equidad socio-económica de las clases menos favorecidas conduciría a fatales desilusiones. Ahora bien, el sistema que ha conducido a estos paises a la desesperacón social es la « cleptocracia » en que se hermanan las oligarquías locales con las grandes firmas europeas y los poderosos grupos financieros del Medio Oriente. La ola de neoliberalismo impuesta a los Estados del sur del Mediterráneo desde hace treinta años ha facilitado la constitución de oligarquías locales corruptas que especularon con el sistema bancario y predial. Encima, muchos economistas apostaron inocentemente por el hecho de que los nuevos empresarios serían el motor de un dinamismo económico innovador y creador de empleos que conduciría a la emergencia de una democracia liberal. La realidad fue radicalmente otra. El Estado se retiró de la economía y redujo considerablemente sus gastos de inversión pública para asegurar el equilibrio presupuestario; todo esto no fue compensado por una esperada alza de la inversión privada. Además, se suponía que estas empresas debían crear nuevos puestos de trabajo para enfrentar las pérdidas de empleo provocadas por los planes de ajuste estructurales neoliberales. Finalmente, el mundo rural fue literalmente abandonado en provecho del libre comercio que provocaron mgraciones masivas a la ciudad. Las mismas que hartas de su situación de subalternidad y de exclusión se lanzaron a las plazas de las grandes ciudades reclamando aquello que durante muchos años les fue negado: libertad y democracia.

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"Soy diferente como tú eres diferente también y como cada uno de los 30 millones" http://localhost:8000/elbuho/2011/02/20/soy-diferente-como-tu-eres-diferente-tambien-y-como-cada-uno-de-los-30-millones/ http://localhost:8000/elbuho/2011/02/20/soy-diferente-como-tu-eres-diferente-tambien-y-como-cada-uno-de-los-30-millones/#respond Sun, 20 Feb 2011 00:00:00 +0000 Crónicas Descarriadas]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=58 Argentina y México, que están casi a tiro de piedra, reconociendo el matrimonio «gay» reconocen que las minorías de su territorio tienen en el siglo XXI derechos y deberes como los de la mayoría. Más allá del reconocimiento legal en estos países, del matrimonio entre personas de un mismo sexo, el mensaje del mismo es […]

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Argentina y México, que están casi a tiro de piedra, reconociendo el matrimonio «gay» reconocen que las minorías de su territorio tienen en el siglo XXI derechos y deberes como los de la mayoría. Más allá del reconocimiento legal en estos países, del matrimonio entre personas de un mismo sexo, el mensaje del mismo es que una sociedad está integrada por individuos que comparten no solo vínculos culturales e históricos comunes, sino también diferencias de índole diversa y que justamente definen a los individuos en su especificidad.

O sea, en esencia, una sociedad no está constituida por iguales sino también por diferentes. Hace una semana, en el centro de Lima, la más grande y cosmopolita de las ciudades peruanas, un grupo de jóvenes decidió revindicar su orientación sexual por medio de un evento por demás pacífico: besarse en la plaza pública. Si uno se detiene a considerar el hecho, además de la afirmación y celebración de una diferencia sexual, se trata del vital reclamo a la diferencia. Sentirse sistemáticamente rechazado y marginado por el simple hecho de «sentir» diferente es absolutamente frustrante y profundamente deprimente. La respuesta a tan simbólico y elemental acto fue la represión más oprobiosa: policías se ensañaron con los jóvenes, expulsándolos, y hasta golpeándolos salvajemente so pretexto de no tener derecho a «manifestarse» en un lugar público.

Las imágenes que circulan en videos son inverosímiles y denigrantes; vistas desde fuera dan una visión retrógrada de la sociedad peruana actual. El problema es que quizás esa percepción siga siendo aún cierta: sexismo, clasismo y machismo siguen siendo el filtro práctico que organiza la interacción social y nos impide mirarnos como individuos, miembros de un colectivo, sin duda, pero ante todo únicos y diferentes y por lo tanto con derechos inviolables. Ser homosexual es una faceta más de la vida; ser diferente es la esencia misma de la vida.

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