Columnas>Confesiones de invierno Archives - El Buho http://localhost:8000/elbuho/seccion/columnas/columnasconfesiones-de-invierno/ Mon, 22 Feb 2016 00:00:00 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.0.2 http://localhost:8000/elbuho/wp-content/uploads/2022/10/favicon.png Columnas>Confesiones de invierno Archives - El Buho http://localhost:8000/elbuho/seccion/columnas/columnasconfesiones-de-invierno/ 32 32 Por qué no votaré por Verónika Mendoza http://localhost:8000/elbuho/2016/02/22/por-que-no-votare-por-veronika-mendoza/ http://localhost:8000/elbuho/2016/02/22/por-que-no-votare-por-veronika-mendoza/#respond Mon, 22 Feb 2016 00:00:00 +0000 Confesiones de invierno]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=10624 En algún momento pensé seriamente en votar por ella y, a pesar de los reparos que le tengo a su candidatura, pienso que los votos por Mendoza son votos legítimos, son votos inteligentes y que si ella llega al poder, estoy seguro, tendrá un mejor gobierno (más digno y honorable, de seguro) que la mayoría […]

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elecciones2016

En algún momento pensé seriamente en votar por ella y, a pesar de los reparos que le tengo a su candidatura, pienso que los votos por Mendoza son votos legítimos, son votos inteligentes y que si ella llega al poder, estoy seguro, tendrá un mejor gobierno (más digno y honorable, de seguro) que la mayoría de los candidatos que ahora se encuentran punteros en las encuestas.

Por qué SÍ votaría por Verónika Mendoza

Primero que nada ojeemos su Currículum más reciente. Fue una buena congresista, demostró coherencia en su trabajo y su actuar en el parlamento siempre fue consecuente con su forma de entender la política y el mundo.

Renunció a la bancada nacionalista en el momento preciso demostrando ser fiel a sus principios. En un país de tránsfugas y acomodadizos haberse mantenido leal a sus creencias es algo digno de aplauso.

Es una mujer con preparación académica real. Es magister en antropología y educación, con estudios en Francia y Madrid. No todo es números y economía en esta vida, nos haría bien tener una presidenta que entienda al país desde otra perspectiva, más allá de los porcentajes de crecimiento económico.

El interés claro y remarcado, sin ambigüedades, en causas sociales justas como la defensa de los derechos civiles para las minorías. Ya era hora de que alguien dentro de la clase política empiece a rajarse y a jugársela por este tipo de causas, justamente, para que puedan dejar de ser causas perdidas.

La capacidad que tendría para lidiar y acabar con los conflictos sociales. Perú es un país chúcaro, díscolo, en perpetua ebullición. Es un país que vive en constante bronca consigo mismo. Si la próxima persona que llegue al poder no es capaz de entenderlo y apaciguarlo, se pueden venir cosas muy malas para todos nosotros.

Es guapa y elegante. Sí, llámenme frívolo e insensato, sexista o lo que quieran pero sus expresiones dulces, esa sonrisa ingenua, meliflua y la elegancia con la que supo torear al patán de Mariátegui en Sin Medias Tintas me parece un gran motivo y virtud para votar por ella.

Por qué NO votaría por Verónika Mendoza
  • Tiene 35 años y, no se a ustedes, pero a mí eso me da terror. Alan García nos ha demostrado, con irrefutables y apocalípticas pruebas, que 35 años es una edad nefasta y catastrófica para ser presidente de este país. Creo que esperar un poco – unos 5 años, digamos – es lo mejor para para ella y para este país.

  • La gente que está a su costado. Marco Arana, el Frente Amplio, Tierra y Libertad  y, en general, la izquierda vieja, polvorienta y amargada que está detrás de ella. Todo es de espanto ahí. El FA se ha pasado lo que va de la campaña peleándose con él espejo, demostrando su habilidad malsana para no saber nunca cómo ponerse de acuerdo. Se han fragmentado por nimiedades pese a estar de acuerdo en lo importante. Si así están ahora, imagínenlos en el poder, imagínenlos como bancada.

  • Esa incapacidad, casi fisiológica, de decir que Venezuela es una dictadura. Ha preferido decir que el gobierno de Fujimori fue una democracia para pasar piola a tener que reconocer que en Venezuela se vive, se padece una dictadura sangrienta y abusiva que, felizmente, se está cayendo a pedazos.

  • Su carencia de sentido del humor. Tanto ella, su grupo político y sus simpatizantes no saben reírse de sí mismos, lo dramatizan todo y confunden solemnidad con seriedad. Nadie pide que Vero sea un payaso como Toledo o baile el teteo como Alan pero tanta ceremonia en sus actos – en especial siendo tan joven – se ve falsa, impostada y aburrida.

  • Que no sepan ver sus propios problemas, que no puedan aterrizar en la realidad. La campaña del frente amplio no funciona y se nota a gritos desde hace meses pero ellos se han pasado anunciando a los cuatro vientos que representan la voz del pueblo sin darse cuenta que, con las justas, un 2% del pueblo piensa votar por ellos. Peor aún, se han pasado ese mismo tiempo, tildando de enemigo, inmoral y corrupto a cualquiera que critique su forma de hacer campaña. Esa falta de reflejo político, que en campaña resulta tragicómica, en el poder podría ser sencillamente trágica.

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Cabellos dorados como galletas recién horneadas http://localhost:8000/elbuho/2015/06/18/cabellos-dorados-como-galletas-recien-horneadas/ http://localhost:8000/elbuho/2015/06/18/cabellos-dorados-como-galletas-recien-horneadas/#respond Thu, 18 Jun 2015 00:00:00 +0000 Confesiones de invierno]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=8408 1 No me gusta dormir, uno sueña cosas agradables y despierta luego con ganas de morirse, de llorar a gritos. Prefiero las pesadillas, despertar es un alivio, salir de la mediocridad una mala idea. Hoy soñé con una chica con la que solía salir ¿o salí con una chica con la que solía soñar? No […]

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1

No me gusta dormir, uno sueña cosas agradables y despierta luego con ganas de morirse, de llorar a gritos. Prefiero las pesadillas, despertar es un alivio, salir de la mediocridad una mala idea.

Hoy soñé con una chica con la que solía salir ¿o salí con una chica con la que solía soñar? No lo sé. Confusión, idilio. Besos entristecidos, manos sobre piel, ojos, complicidad entre sombras. Recuerdos, llanto y desasosiego. Sonrisas incendiarias y cabellos dorados como galletas recién horneadas.

 

2

Seguidilla de días malos. Pelear con viejas amistades. Entender la inclemencia del tiempo, de la vida pasando por encima de las personas hasta destruirlas. Esta ciudad, su clima, tiene la culpa. Seco, terroso, todo lo cubre de polvo. Tengo que escapar, salir antes de que sea demasiado tarde.

Noches de andar por las calles conteniendo el llanto, deambulando por viejos calabozos, escapando de los perros callejeros, con las manos en los bolsillos y sin nada para fumar.

 

3

Ayer vi una película chilena que me hizo dar ganas de escribir, de escribir algo nuevo. Desde la novela sobre el viaje no he podido tocar otros temas, contar otras historias. Y aun no la publico, no puedo ni siquiera encontrarle un buen título. Esta decidía es, seguramente, solo una manera más de sabotearme a mí mismo.

Necesito deshacerme de ese libro cuanto antes o terminara por podrírseme entre las manos, por atrofiarse y atrofiarme con él en su camino.

 

4

  • Es tan fácil hablar del pasado.
  • ¿En serio?
  • Puede que tú no lo creas, pero lo es. Uno solo debe recordar las cosas buenas.
  • ¿Y las malas?
  • No importan. Solo tienes que archivarlas. Olvidarte de ellas.
  • ¿Así de fácil?
  • Sí, así de fácil. El presente es mucho más difícil, uno nunca se da cuenta de nada, no entiende nada.

 

5

Mi regreso a la radio ha agudizado mi soledad. Perpetúa sensación de naufragio. Hablar solo como un loco, conversar con personas que no conozco, contarles mis días, mis problemas. Necesito nuevos amigos. Necesito amigos. Hace demasiado que me siento más solo de lo que puedo soportar y, sin embargo, no hago más que aislarme. Contradicciones con las que no sé cómo lidiar, que no puedo reparar.

 

6

  • Mira qué bonito se ve todo esto.
  • ¿Te refieres a las estrellas?
  • Si, sobretodo esa al fondo. Parece que se va a hundir en el océano.
  • ¿Cómo una estrella de mar?
  • No, esas no existen, Renato.
  • ¿Cómo que no existen?
  • ¿Alguna vez has visto una?
  • No, pero…
  • Yo toda mi vida, desde muy chiquita, he viajado a la playa pero nunca he visto una sola. Creo que están extintas.
  • ¿Me invitas otro cigarrillo?

 

7

Domingo en la tarde. Gripe. Otro día del padre sin padre, sin nada para celebrar, pensando en la muerte y sintiéndome culpable por demasiadas cosas. Fiebre y dolor de oído. Un mensaje de texto que alegra mi teléfono. Perú celebra un empate mientras yo escribo palabras sin sentido tratando de escapar. Buñuelos y alfajores para luchar contra la congoja, para sobrevivir a la flojera.

Vejas películas que hacen llover. Imágenes, colores y besos, cambios de luz que me reconfortan, me arrullan, me llevan hasta el sueño, hasta la tranquilidad.

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Todos somos perros http://localhost:8000/elbuho/2015/06/15/todos-somos-perros/ http://localhost:8000/elbuho/2015/06/15/todos-somos-perros/#respond Mon, 15 Jun 2015 00:00:00 +0000 Confesiones de invierno]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=8380 No me gustan los perros. Lo siento, sé que suena muy mal y pareciera que no tengo corazón al decirlo así, tan en público, tan abiertamente pero es la verdad. Los perros me desagradan y tenía que confesarlo. Y ya que estamos, aprovecharé para decir que, en general, no me gustan los animales puesto que […]

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perros

No me gustan los perros. Lo siento, sé que suena muy mal y pareciera que no tengo corazón al decirlo así, tan en público, tan abiertamente pero es la verdad. Los perros me desagradan y tenía que confesarlo. Y ya que estamos, aprovecharé para decir que, en general, no me gustan los animales puesto que me generan cierto nervio, cierta sensación de insalubridad, de agresividad y peligro latente (todo esto es completamente irracional, por supuesto).

Sin embargo, son los perros los que me resultan especialmente insoportables.

Todos mis amigos activistas y amantes de los animales, si están leyendo esto, a estas alturas, seguramente, ya estén buscando sus antorchas para ir a mi casa, al mejor estilo de multitud enardecida de Los Simpson, y matarme a mí y a mi familia. Así que mientras terminan de afilar sus trinches y machetes, déjenme explicarles un poco mejor de que va todo esto.

En mi defensa y en aras de la exactitud periodística, tendría que decir que más que odio o desagrado, lo que siento por los perros es temor. Miedo punzante y patológico, acompañado de la enemistad natural entre una presa y su cazador.

Está de más decirlo, en esta relación, yo soy la probable presa y los caninos, con sus enormes dientes y veloces patas, los cazadores.

No tolero a los perros y ellos no me toleran a mí. Me ladran cuando camino por las calles, rugen y me persiguen cuadras de cuadras hasta que caigo a la pista, me rasmillo las rodillas, se me rompen los lentes y un carro aparece de la nada solo para estar a punto de atropellarme. It´s a true story.

En aquella ocasión, la que narro en el párrafo de arriba, recuerdo, estaba caminando por San Lázaro bastante molesto, pues mi novia de la época acababa de darme un ultimátum cuyo único propósito era ultimar nuestra relación.

Aquel noviazgo, entre muchas cosas buenas y malas, tenía como principal y más visible característica el ser un constante pugilato, una lucha por territorios. Éramos como dos osos durmiendo en una cueva. Siempre de espaldas, dándonos zarpadas, intimidándonos, gruñendo, peleando por cada centímetro de espacio y, sin embargo, siempre juntos, pues era la única forma que conocíamos de sobrevivir.

Yo me encontraba en ese instante caminando por la calle, soltando metafóricos ladridos a través del teléfono hasta que un grupo de perros con sus ladridos literales me obligaron a salir, corriendo por mi vida.

Lo descrito más arriba ocurrió luego de eso y, aunque ni yo mismo lo crea, en medio de mi escape tropecé al cruzar la calle y mis lentes los rompió la llanta de un carro que bien pudo haberme aplastado la cabeza. Los perros no me tocaron pero casi me matan. Además, una vez en el suelo, la jauría que me perseguía me hubiera despedazado a mordidas si no fuera por un chico que los espantó a gritos y un pequeño perro blanco que, a punta de rugidos, los hizo retroceder.

Siempre les tuve temor a los perros, desde muy niño, pero fue luego de ese incidente que aprendí a tenérselo de un modo psicótico y paranoico.

Ahora, cruzó las calles cuando veo un perro en mi vereda y, si es más de uno, soy capaz de desviarme manzanas enteras en mi camino, solo para evitar tener que toparme con la jauría.

Mi miedo, se ha convertido con el tiempo, en un pavor absoluto.

No obstante ese pavor no me impide, solo por poner un par de ejemplos, colaborar siempre que el bolsillo me lo permite con los albergues caninos de la ciudad o hacer todo lo que pueda desde mi chamba en prensa para difundir algún evento de ayuda animal. Mi miedo, obviamente, tampoco me impide darme cuenta cuan idiotas son las personas que piden se sacrifique a todos los perros callejeros solo porque dan mal aspecto.

Cuando era pequeño, recuerdo, a pedido de mis padres, uno de mis tíos me obsequió una pequeña bóxer atigrada a quien nombré Lluvia. Era tan pequeña cuando me la dieron que aun a mis 8 años, con mis bracitos diminutos, podía cargarla sin ninguna dificultad.

El obsequio fue un intento de mis padres por hacerme perder aquel temor irracional por los animales. Fue un intento fallido, obviamente. Lo único que cambió en mi vida luego de conocer a la adorable Lluvia fue que había un perro, uno solo, al que no le tenía miedo. El resto me seguían (y me siguen) causando el mismo pánico.

Pero fue gracias a Lluvia y a esos ojos negros y tristes con los que me miraba el día que, de cachorra, me la presentaron. Esos ojos tan asustados como los míos, que aprendí a ver, en los perros, en los animales en general, ya no a las bestias babeantes, brutales y sedientas de sangre que hasta ese día creía, sino a animales tristes y asustadizos como nosotros.

Entendí, gracias a ella, que al fin y al cabo, todos somos perros gruñendo asustados, llorándole a la luna por un poco de amor. Siempre, en la búsqueda de aquel contacto, de aquel calor humano que nos salve de tanta soledad y desesperación.

 

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Mary and Max, grisácea ternura http://localhost:8000/elbuho/2015/05/29/mary-and-max-grisacea-ternura/ http://localhost:8000/elbuho/2015/05/29/mary-and-max-grisacea-ternura/#respond Fri, 29 May 2015 00:00:00 +0000 Confesiones de invierno]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=8210 Mary and Max es una historia improbable creada a partir de dos de los personajes más tiernos y patéticos que el cine ha visto en su historia. Seres disóciales, segregados y entristecidos, con los que, si has tenido una suerte tan desastrosa como la mía, seguramente te sentirás identificado. Descubrí a “Mary and Max” cuando […]

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Mary and Max es una historia improbable creada a partir de dos de los personajes más tiernos y patéticos que el cine ha visto en su historia. Seres disóciales, segregados y entristecidos, con los que, si has tenido una suerte tan desastrosa como la mía, seguramente te sentirás identificado.

Descubrí a “Mary and Max” cuando aún era un escolar. Estaba en tercero de secundaria y solamente iba al colegio para jugar fútbol, meterme en problemas y enamorarme de chicas que nunca me daban bola.

En aquella época, tenía la costumbre de escaparme de clases para, escondido detrás del baño de mujeres, sentarme a leer o ver películas en mi laptop. Fue en una de esas escapadas cuando vi Mary and Max por primera vez.

Esta película australiana, basada en hechos reales, se centra en la amistad por correspondencia entre Mary, una niña inocentona y solitaria que vive en Australia, y Max, un judío neoyorquino, cuarentón y algo neurótico (no, no se parece en nada a Woody Allen) que sufre Síndrome de Asperger.

La trama es tan atractiva como suena y se extiende en una relación epistolar que dura una vida entera, evolucionando junto con los personajes. Si los protagonistas llegan o no a conocerse en persona, no se los cuento porque les arruinaría el final; sólo les digo que lo más probable es que, llegada la última escena, terminen tan llorosos como sonrientes.

La animación es ingeniosa, detallista, brillante al punto de adaptarse perfectamente a la historia que narra. Por ejemplo, algunas escenas en otro formato se hubieran sentido forzadas, pero el stop motion las hace fluir con naturalidad permitiendo que la cinta avance sin que el espectador se salga de la historia.

Los personajes, pese a ser muñequitos de plastilina, transmiten mucho. Están llenos de emotividad, de pensamientos complejos, de sentimientos reales. Ambos (sobretodo Max) miran el mundo desde la imperfección, desde el lugar de los perdedores.

Mary y Max, son dos náufragos que se encuentran, que se salvan mutuamente. Ambos están parados al costado del camino, perdidos en un punto gris, intermedio, mirando como la vida transcurre sin tomarlos en cuenta, ajena e indiferente a su existencia.

Pese a no ser para niños, la cinta está narrada con un tono infantil que permite procesar la amargura y frustraciones de los personajes, sin generar ningún resentimiento en el espectador, impregnando en la película de una atmosfera de pureza y permitiéndonos entender que la ternura, la verdadera ternura, la que conmueve hasta las lágrimas, solamente puede provenir del dolor, la frustración y un irrefrenable deseo de ser amados.

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Red Bull y helado de vainilla http://localhost:8000/elbuho/2015/05/22/red-bull-y-helado-de-vainilla/ http://localhost:8000/elbuho/2015/05/22/red-bull-y-helado-de-vainilla/#respond Fri, 22 May 2015 00:00:00 +0000 Confesiones de invierno]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=8154 Camino las tres cuadras más largas de mi vida en busca de alguna tienda. El sol, felizmente, ya se ha ocultado. Las resacas cada vez son peores. Quizá debería dejar de tomar por un tiempo, dejar que mi cuerpo se recupere, se cure. Me falta él aire y me duelen las costillas. ¿Por qué no […]

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Renato Amat y León

Camino las tres cuadras más largas de mi vida en busca de alguna tienda. El sol, felizmente, ya se ha ocultado. Las resacas cada vez son peores. Quizá debería dejar de tomar por un tiempo, dejar que mi cuerpo se recupere, se cure.

Me falta él aire y me duelen las costillas. ¿Por qué no puede haber tiendas más cerca? Creo que soy el único peruano en este mundo que no tiene un chino bodeguero atendiendo en la esquina de su casa.

Últimamente, después de tomar, despierto con ganas de comer helado. Una amiga dice que es porque le falta azúcar a mi vida. No sé si se referirá a que podría ser que me esté haciendo diabético o a que, últimamente, ando con un humor demasiado agrio. Quizá se refiera a ambos.

El sujeto que me atiende en la bodega (no es chino) me mira con asco, como si fuera una cucaracha. No oculta ni intenta ocultar su lástima por este hombre que compra un litro de helado sabor a vainilla y seis latas de Red Bull con cara de resaca a las ocho de la noche del sábado.

Recuerdo la borrachera y me río para mis adentros. No tengo fuerza suficiente para hacerlo exteriormente. Las cosas empezaron tan tranquilas anoche. No logro entender cómo fue que se descontrolaron tanto ¿Cómo es que siempre todo se descontrola tanto?

Unos tragos en casa de Marco, un antiguo compañero de promoción, se convirtieron, de pronto, en una repentina excursión al colegio en el que habíamos terminado la secundaria.

La nostalgia, el cariño desmedido por los viejos tiempos saltan a flor de piel cada vez que tomo con Marco o cualquier otro amigo del colegio. De todas formas, quizá esta vez, llevamos todo este asunto demasiado lejos. Quizá sea hora de dejar de hacer este tipo de cosas, pienso mientras recibo mi vuelto y emprendo el camino de regreso a casa.

Pese a lo borracho que estaba no me olvido de la cara que puso el nuevo portero cuando – cansados de no poder trepar el muro – empezamos a tratar de atarantarlo para que nos dejara pasar. Hasta ahora no logro creer que hayamos podido convencerlo.

Aún era temprano cuando entramos. Las clases todavía no habían comenzado. Salvo por unos pocos alumnos madrugadores que deambulaban entre las aulas, el lugar estaba vacío y silencioso, aislado, como si no fuera parte de este mundo.

El colegio queda apartado de la ciudad y conservaba ese olor a aire de verdad, a aire fresco, limpio y lleno de vida que siempre había tenido. Un olor lleno de nostalgia, también. Lleno de esa alegría, polvorienta y anhelante, que adquieren las cosas bellas cuando se marchitan.

Las paredes, antes amarillas, las han pintado de azul y han puesto un toldo nuevo sobre la cancha de futbol. A pesar de todo, el lugar seguía siendo el mismo. Como nosotros. Como yo, que con más años encima y pese a todo lo vivido sigo siendo el mismo chiquillo triste que se paseaba por estas aulas y se escapaba de clases para leer y fumar donde nadie pudiera molestarlo.

Regreso a mi casa, me sirvo helado y destapo una de las latas de Red Bull. Nada de esto logra quitarme el sabor a tabaco y bilis que tengo en la boca. Entro a Facebook, escribo alguna tontería en mi muro y busco algo que ver en Netflix.

Estoy cansado y confundido. No soy capaz de encontrarle un lugar adecuado a los recuerdos. No sé qué hacer con el pasado, no entiendo cómo lidiar con él. En fin, la vida continúa y en la Tv, un par de niños empiezan a escuchar una historia larga y entreverada sobre el amor, la madurez, una piña y un paraguas amarillo.

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Avengers: Age of Ultron, Age of Marvels http://localhost:8000/elbuho/2015/05/02/avengers-age-of-ultron-age-of-marvels/ http://localhost:8000/elbuho/2015/05/02/avengers-age-of-ultron-age-of-marvels/#respond Sat, 02 May 2015 00:00:00 +0000 Confesiones de invierno]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=7932 (reseña sin spoilers) Finalmente estrenó Avengers: Age of Ultron y la fase dos de Marvel prácticamente ha llegado a su fin. Aún falta ver lo que será Ant-man y qué aportará la película del hombre hormiga a este universo cinematográfico pero, definitivamente, Avengers será siempre lo más resaltante de cada fase. Estas son mis impresiones […]

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avengers

(reseña sin spoilers)

Finalmente estrenó Avengers: Age of Ultron y la fase dos de Marvel prácticamente ha llegado a su fin. Aún falta ver lo que será Ant-man y qué aportará la película del hombre hormiga a este universo cinematográfico pero, definitivamente, Avengers será siempre lo más resaltante de cada fase.

Estas son mis impresiones después de ver la película por primera vez. (Sin Spoilers)

 

Más complejo no siempre es mejor

Empecemos por lo malo. Salvo por un par de líneas memorables dentro de la película, los diálogos de Age of Ultron no están tan trabajados ni son tan precisos como los de la primera película. La estructura del guión tampoco llega a sentirse tan compacta como en su antecesora.

Mientras que en la primera película de Vengadores la historia fluía con naturalidad y era extremadamente dinámica a causa de su trama simple y fácil de seguir, está secuela por momentos se complica inútilmente volviéndose innecesariamente lenta y difusa.

Las incógnitas que el guión plantea durante el segundo acto no generan el suspenso necesario y únicamente logran que la historia se vuelva confusa, reduciendo el interés del espectador.

No obstante esa carencia es compensada por la interacción que vemos entre los personajes y la manera en que el guionista (Joss Whedon) nos va soltando, poco a poco, información nueva sobre los protagonistas. Ya sea respecto a sus historias individuales o la forma en que estos se relacionan mutuamente.

Si la primera película se centraba en el nacimiento del equipo, esta secuela parece estar más abocada a contarnos cómo es que funciona el grupo y el vínculo entre Los Vengadores.

 

Hablando de los personajes…

Joss Whedon demuestra ser un especialista en las historias corales y no parece ser para él un problema la cantidad de protagonistas que requiere la cinta.

Si bien es cierto en algún momento Clint Barton (interpretado por Jeremy Renner) toma una importancia inesperada al ser planteado como el eje del equipo, este planteamiento queda en el aire. No hay ninguna escena que concluya o cierre lo que el guión insinuó sobre el personaje en un primer momento. Esto permite que sea el equipo entero el que brille, sin ningún punto aislado que opaque al resto.

A diferencia de la primera película en donde Iron Man sobresalió en comparación a los otros Vengadores, en Age of Ultron cada uno de los personajes ha sido tratado con el mismo cariño, fuerza e importancia que el resto. Incluso los nuevos Vengadores; tanto la aparición de los gemelos Maximoff y La Visión, como su posterior inclusión dentro del equipo se sienten absolutamente naturales.

Whedon, sin llegar a excesos, se toma su tiempo para que conozcamos y aceptemos a los nuevos del grupo.

 

El villano tampoco se queda atrás

Ultron ha logrado ser un villano a la altura de las circunstancias, no solo por lo amenazador que llega a ser, si no por su capacidad de generar empatía pese a su cuerpo robótico. Tanto el trabajo de interpretación bucal de James Spader como la animación elegida para el rostro de Ultron, logran convencerte de tienes en frente a un ser vivo real, con emociones verdaderas y no una simple máquina que entendió mal su programación y se salió de control.

El villano y los desafíos que enfrentan Los Vengadores en su primera película (con lo grande e incontrolable que se veía, Loki y su ejército Chitauri) parecen cosa de niños comparados con la amenaza que representa Ultron.

En esta película, a diferencia de la primera, se puede sentir con mucha más fuerza lo amenazador del enemigo y lo terrorífico de su ambición. Los protagonistas son llevados al límite constantemente y gran parte de sus acciones parecen estar impulsadas por la desesperación.

Y es seguramente por lo inconmensurable de esta amenaza que en Age of Ultron se siente con mucha más claridad, de un modo mucho más tangible, la responsabilidad y el peso que cargan nuestros héroes.

En la primera película, las reacciones de muchos de los Vengadores eran infantiles y esto hacía que parezcan niños peleando. Aquí, en cambio, la cinta sí logra transmitir con mucha más claridad el peso de tener el destino del mundo en tus manos.

La era de las maravillas

El humor es muy ingenioso y esta dosificado de forma que la película no llegue nunca a caer en el ridículo, además las escenas de acción son, en definitiva, de las mejores que he visto. Excelentemente dirigidas y perfectamente coreografiadas con muchas tomas en donde los movimientos de cámara y la cámara lenta son fundamentales, rebosando prolijidad y precisión.

Avengers: Age of Ultron confirma que Marvel sabe siempre cómo llevarnos al siguiente nivel. Que Marvel quiere seguir siendo más grande para poder volver a maravillarnos, siempre, un vez más. Si esta película es mejor o peor que su antecesora es, al fin y al cabo, cuestión de gustos. Pero, que a nadie le quede una duda al respecto, lo que tenemos aquí, es una gran película.

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Cigarrillos http://localhost:8000/elbuho/2015/04/12/cigarrillos/ http://localhost:8000/elbuho/2015/04/12/cigarrillos/#respond Sun, 12 Apr 2015 00:00:00 +0000 Confesiones de invierno]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=7847                                          UNO Enciendo un cigarro y siento aquel viejo sabor a humo en mis pulmones. Me gusta. Debería dejar de fumar. A la larga me hará mucho daño o, por lo menos, eso es lo que me dicen muchos de los que me rodean. Tienen razón. Tienen razón, pero yo soy muy tonto y prefiero […]

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UNO

Enciendo un cigarro y siento aquel viejo sabor a humo en mis pulmones. Me gusta. Debería dejar de fumar. A la larga me hará mucho daño o, por lo menos, eso es lo que me dicen muchos de los que me rodean. Tienen razón. Tienen razón, pero yo soy muy tonto y prefiero encender un cigarrillo más, a tratar de cuidar mi salud y así prolongar mi existencia.

Los cigarrillos siempre serán buenos amigos, grandes aliados, cómplices leales y eso vale más que cualquier otra cosa, incluso más que una vida larga. Además, tampoco es que tenga demasiado que perder. Nadie lloraría por mí, eso es seguro.

Morir suena, a veces, muy placentero, mucho más reconfortante de lo que quisiera admitir. Poder librarme finalmente de esta grasa, de este cuerpo, de esta persona que soy y que ya no quiero seguir siendo. La sola idea me produce un alivio casi inenarrable, por lo menos, la mayor parte del tiempo.

Otros días, en cambio, me da pánico. El vacío sin fin, la injusticia de la muerte, las cosas que dejas sin terminar; siempre hay algo nuevo que uno quiere terminar de hacer antes de morir. Todos esos clichés sobre lo terrible que es morir, muy a mi pesar, siempre acaban aterrándome.

DOS

Una mesera de pelo corto, lentes de carey y cara de niña bonita me trae el café que ordené hace un rato. Estoy distraído, en calma. No pienso en nada y, por ello, es como si pensara en todo al mismo tiempo. Mi mente divaga entre ideas, sensaciones, anhelos y tristezas, entre viejos recuerdos y nuevos pensamientos. Mi cerebro mezcla todo hasta entreverarlo tanto que es como si yo ya no existiese.

Sé que la paz no durará, que este instante en el que puedo perderme en mí mismo fumando un cigarrillo es un regalo fugaz, no más que eso. Doy un sorbo a mi taza de café y lo saboreo junto con los cigarrillos. Soy feliz, no necesito nada más que lo que tengo en frente para poder serlo.

En los parlantes del local empieza a sonar una canción de Cat Stevens, “Sad Lisa”. En este café la música siempre es espléndida; la canción de Stevens es muy hermosa, la más hermosa que escucharé hoy probablemente.

Sin buscar nada en concreto, recorro con la vista las mesas de aquel café y me doy cuenta que soy el único que está solo. La única mesa del lugar donde no hay más de una persona es la mía.

Disfruto estar solo, no quiero que la gente se me acerque y sin embargo me paso la vida buscando compañía, lamentando mi soledad. Aquella contradicción, a la larga terminará arruinándome la vida, lo sé. Pero, como dije, soy demasiado tonto. Doy otra pitada a mi cigarrillo antes de aplastarlo contra el cenicero. Es hora de partir.

TRES

Veo mi caja de cigarrillos, casi no me quedan, pero ya no tengo dinero. Si compro más, tendré que atravesar media ciudad caminando para llegar a casa. Me detengo un segundo para pensarlo, escucho la voz de Calamaro saliendo por los audífonos en mis oídos y eso me convence. Es un camino largo pero, acompañado de cigarrillos y buena música, caminar siempre es un verdadero placer.

Miro la ciudad, las paredes de sillar a mi alrededor y la luz artificial, el viento trae consigo los recuerdos de viejos tiempos, los ecos de pasadas alegrías que retumban en mi cerebro. Compro más cigarros y emprendo mi camino entre la oscuridad.

Antes, la noche era una fiesta. Las calles nocturnas y pendencieras eran el mejor lugar para perderse entre tragos, risas y necedades. Pero me he pasado la vida haciendo que la gente que quiero se aleje por lo que hoy, para mí, la noche ya no es más que una cicatriz, el recuerdo de risas lejanas.

Ya no experimento el mismo vértigo ni la felicidad kamikaze de otros tiempos, de otras borracheras. Continúo escabulléndome, tercamente, por las calles, pero la noche ya no me llama por mí nombre. Nunca más seré el hombre que conversa con los árboles hasta el amanecer. Sólo puedo esconderme, avergonzado, en casas y bares, sabiendo que estoy en un lugar al que no pertenezco. Ahora sólo hay aguas turbias a mi alrededor, paredes llenas de rostros venenosos, de caras nuevas que no quiero conocer.

Aun así, esta noche, las calles vacías me invitan a transitarlas. El cielo despejado me pide levantar la vista para mirar aquellas pocas estrellas que se pueden divisar desde la ciudad. Recuerdo, entonces, que en algún lugar leí que el firmamento es la mayor mentira del universo. Lo que vemos en el cielo no es más que un espejismo: Viejas estrellas (probablemente muertas muchas de ellas) cuya luz viaja millones de años hasta nuestras pupilas creando así una ilusión de vida, una mística fantasía de falsa eternidad.

En mi cabeza ya empieza a formarse la idea de un viaje, irme lejos. Las playas del norte y aquellas viejas olas rondan en mi cabeza. El mar en la noche es una de las cosas más peculiares que hay en el mudo, sobre todo cuando no hay luna y más allá de las primeras olas, al fondo, en horizonte, solamente se puede ver una oscuridad, vasta e infinita. Esas playas me hicieron tan feliz, me ayudaron tanto durante aquellos años adolecentes cuando el mundo se cerraba sobre mí y era imposible seguir respirando.

Siento pasar un auto a mi costado y enciendo un nuevo cigarrillo. ¿Llorarías mi muerte? ¿Llorarías por mí?, pienso, mientras el humo invade mis pulmones.

CUATRO

Al llegar a casa me doy con la sorpresa de que no hay electricidad. Avanzo por la sala evitando chocarme con los muebles y me dejo caer en el sofá. Todo es oscuridad, todo menos el resplandor de las brasas en mi faso. Doy una larga pitada y siento fuerte el sabor a nicotina y tabaco. Es el último cigarrillo que queda y no hay nada más triste que eso. Quizá debería dejar de fumar.

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Polvoriento bienestar http://localhost:8000/elbuho/2015/04/03/polvoriento-bienestar/ http://localhost:8000/elbuho/2015/04/03/polvoriento-bienestar/#respond Fri, 03 Apr 2015 00:00:00 +0000 Confesiones de invierno]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=7645 Domingo de pascua, helado y lluvioso, ideal para dormir, aún sin tener sueño, sólo por el placer ocioso de descansar. No obstante, despierto cansado y molesto por el ruido metálico de ollas y cubiertos que chocan entre sí haciéndome doler la cabeza. Es domingo de pascua, domingo de resurrección, pero yo como siempre despierto con […]

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silueta

Domingo de pascua, helado y lluvioso, ideal para dormir, aún sin tener sueño, sólo por el placer ocioso de descansar. No obstante, despierto cansado y molesto por el ruido metálico de ollas y cubiertos que chocan entre sí haciéndome doler la cabeza.

Es domingo de pascua, domingo de resurrección, pero yo como siempre despierto con ganas de no haber despertado. Mi madre cocina, desde muy temprano, el caldo tradicional de Semana Santa. Escucho el agua hirviendo, burbujeando dentro las ollas y en mi cabeza puedo ver como la gallina que anoche ayude a desplumar se cocina víctima del calor.

Imágenes de un sueño dulce, pero viejo, se disparan inconexas por mi cabeza. No logro ordenarlas, no puedo darles ningún significado. Cierro los ojos y es como estar dentro de un agujero, dentro de una oscuridad que trata de parecerse a la tristeza. No sé bien cómo explicarlo, sólo sé que quiero volver a dormir y con algo de suerte poder soñar.

Soñar es una mierda cuando hay que despertarse, pero es mejor que este desasosiego.

En el cuarto del lado, el enamorado de mi mamá también trata de dormir pero, al igual que a mí, el ruido parece impedírselo. Él es un buen hombre, me agrada, pero en el momento que enciende el televisor en el canal deportivo no puedo hacer otra cosa que odiarlo. La voz del locutor se escucha hasta mi habitación, narra goles y proezas deportivas de las cuales no me quiero enterar. Las ollas y el fútbol se mezclan acrecentando la bulla que ahora, de manera insoportable, inunda toda la casa.

Hace semanas que no bebo y, sin embargo, puedo sentir claramente la resaca agriándome la boca. Mi vida es una resaca, siempre una resaca. Estoy tan cansado de todo. Si no duermo me volveré loco. Giro sobre el sitio y me acurruco entre las frazadas. Tengo frío. Me doy otra vuelta entre las sábanas, desordenando la cama. Desesperado por dormir intento concentrarme en el sonido de mi respiración hasta que, por fin, el silencio, acompañado por la oscuridad, lo envuelve todo a mí alrededor…

La luz cálida de la tarde. Un dorado y polvoriento bienestar. Ella que sonríe y yo que no puedo dejar de fumar. Calidez y ligereza. Caminamos de la mano, pero hay lástima en sus ojos, conmiseración. Le invito un cigarrillo, trato de besarla, pero no me deja. Inseguridad y ternura. Frustración. Las calles vacías y nuestros pies silenciosos, el mundo parece nuestro. Si alguien viera nuestros dedos, nuestros dedos enlazados, pensaría…. Yo también quisiera poder pensar, pero…

Un fuerte ruido proveniente de la cocina me regresa a mi cuarto, al frío, a la resaca inacabable. Las lágrimas se desprenden de mis ojos. No entiendo por qué. Caen por mis mejillas completamente ajenas a mi voluntad, como si este llanto no fuera otra cosa que una herida cuya hemorragia no soy capaz de contener. Otra vez no logro recordar que es lo que he soñado pero estoy triste, realmente triste.

Otro ruido, otro estruendo metálico hace vibrar el aire y termina de despertarme. Finalmente las lágrimas se detienen. Las seco y tomo un cigarrillo de mi mesa de noche, me limpio la cara y mirando el techo fumo mientras me esfuerzo por recordar que era lo que había estado soñando. No puedo recordar. No quiero.

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Resaca http://localhost:8000/elbuho/2015/03/26/resaca/ http://localhost:8000/elbuho/2015/03/26/resaca/#respond Thu, 26 Mar 2015 00:00:00 +0000 Confesiones de invierno]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=7577 A los amigos de las viejas borracheras 1 Despierto resacoso. Completamente abatido por un malestar que va más allá de lo corporal. Me arrastro lentamente hasta el baño y arrodillado frente al inodoro expulso copiosamente una sustancia verduzca y repulsiva. Arrojo con fuerza y me arde la garganta. 2 Tengo sabor a bilis en la […]

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resaca

A los amigos de las viejas borracheras

1

Despierto resacoso. Completamente abatido por un malestar que va más allá de lo corporal. Me arrastro lentamente hasta el baño y arrodillado frente al inodoro expulso copiosamente una sustancia verduzca y repulsiva. Arrojo con fuerza y me arde la garganta.

2

Tengo sabor a bilis en la boca y me duele la cabeza, estoy muy débil. “Voy a morir en cualquier momento”, pienso. “Voy a morir arrodillado, abrazando a un inodoro” pienso. “Una muerte de mierda”, pienso.

3

Abro el frasco de Listerine y trago un sorbo. ¡Sabe horrible! pero es mejor que la sensación a bilis carcomiéndome el esófago. Me miro en el espejo, siento como si aquel cristal me robase el alma por los ojos. Odio los espejos, sobre todo durante la resaca. Las grandes ojeras, los parpados caídos, los ojos hinchados, la expresión de agotamiento. Es el rostro de un derrotado el que contemplo. Solamente viendo mi reflejo logro darme cuenta de lo lamentable de mi estado.

4

Estoy en la cocina, hurgando en la refrigeradora en busca de algo que tomar: Nada, maldita sea. Absolutamente nada. Abro el grifo, lleno un vaso con agua y le echo un par de hielos. Deambulo hasta la sala y me dejo caer sobre el sofá. Veo el televisor atentamente; aunque esté apagado contemplo la pantalla con interés vacío.

5

Enciendo un cigarrillo mientras que, desparramado sobre aquel viejo mueble, muevo la cabeza tratando de estirar un poco el cuello. Me duele mucho. También la espalda y la rodilla izquierda. Me siento viejo, como un anciano que ha librado ya todas sus batallas sin haber nunca conocido la victoria. Como un viejo que ahora vive, casi inerte, recordando con amargura sus antiguas derrotas. Enciendo otro cigarrillo, doy una larga pitada y de pronto me veo envuelto en una ligera niebla de tabaco y nicotina. Es reconfortante.

6

Se acabaron los cigarrillos y aparece un vacío en mi pecho, como si hubiese dejado algo inconcluso, a medio hacer y una tierna tristura me invade al ver el último cigarro, humeante apenas, aplastado en el cenicero. Debo comprar más para fumar. También un poco de vino se me antoja, pero no tengo en casa y la sola idea de levantarme de este sofá para ir hasta la tienda me resulta agotadora. Estoy exhausto, cansado más allá de lo descriptible. Trato de levantarme, pero nada, no tengo fuerzas. Siento crujir mis articulaciones con cada movimiento, con cada intento de levantar este cuerpo, esta carne, esta grasa que vive en aumento. Y al ver mi cuerpo, mi panza inmensa, me siento además de viejo, obeso.

7

Abro la puerta de la casa, el sol me calcina la piel. Cada instante bajo la luz natural me sofoca y achicharra, me lastima; pero debo caminar una cuadra más hasta la tienda y comprar vino y cigarrillos y así, sentirme menos viejo y menos obeso y menos harto de mí mismo, y para hacer mi solitaria compañía, un poco menos insoportable.

8

Entro a casa agotado como si hubiera corrido una larga maratón. Maldigo el vivir en un tercer piso. Descorcho el vino y doy un largo y sediento sorbo directo de la botella, prendo la computadora, pongo algo de música “Daniel F”. Regreso hasta el sofá.

9

Nuevamente aquella relajante aura de humo de cigarro me rodea, uno que otro sorbo a la botella para mantenerme despierto mientras espero. Mientras espero que el sueño venga o que la resaca se marche o que la noche traiga su embrujo endiablado hasta mi cuerpo. Mientras espero la lenta resurrección del vino y las fuerzas necesarias para escribir; para escribir o para beber un poco más o para arrojarme al aire sucio de la ciudad y embriagarme, embriagarme nuevamente sin motivo alguno, para renovar, así, el ciclo autodestructivo que me lleve a la resaca inexorable.

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Lechucero http://localhost:8000/elbuho/2015/03/20/lechucero/ http://localhost:8000/elbuho/2015/03/20/lechucero/#respond Fri, 20 Mar 2015 00:00:00 +0000 Confesiones de invierno]]> http://localhost:8000/elbuho/?p=7528 1 Llego tarde al trabajo. Entro apurado, sin saludar a nadie, marco mi entrada y pido la cámara y el resto de equipos. Bajo hasta la sala de prensa, saludo a mi jefe que me regaña por la tardanza; mi compañero no me dice nada, pero su gesto adusto es elocuente. Cara de poto o […]

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sucidio

1

Llego tarde al trabajo. Entro apurado, sin saludar a nadie, marco mi entrada y pido la cámara y el resto de equipos. Bajo hasta la sala de prensa, saludo a mi jefe que me regaña por la tardanza; mi compañero no me dice nada, pero su gesto adusto es elocuente. Cara de poto o mejor dicho cara de alguien a quien, sin ninguna clase de lubricación, le he metido un fierro caliente por el poto.

2

Enciendo el carro y con la noche comienza la rutina. Lechucero, le dicen los coleguitas. Manejo como un orate hasta el hospital general. Manejo con tosquedad, sin respetar los semáforos ni ninguna otra norma de tránsito. Acelero y fumo con vehemencia. En mi pecho, la furia ruge, problemas cotidianos, una pelea con mi chica, estupideces que me alteran los nervios. Siento ganas de llorar a gritos o de matar a golpes al primer idiota que me toque la bocina sin motivo.

3

Llego hasta el hospital con la cámara en la mano, ansioso de que venga rápido algún herido al que pueda grabar; sangre para complacer a los televidentes, sangre para no tener que hablar de las cosas incómodas e importantes que nadie quiere escuchar.

Mi compañero continúa malhumorado por mi tardanza. Como un gorila huraño se rasca los sobacos y la entrepierna, es desagradable. En general nos llevamos bien pero esta noche seria capaz de acuchillarlo sin razón alguna, solo para verlo desangrarse… Incluso podría grabarlo, seguramente abrirían el noticiero con esa nota. Creo que estoy empezando a volverme loco.
En fin, así es esta chamba, me digo, desquiciante.

4

Nos han avisado sobre un choque al que debemos llegar antes que los bomberos. Acelero más allá de mis propias habilidades, consciente de que a esta velocidad no soy capaz de controlar el auto y en cualquier momento podríamos ser nosotros quienes, junto a la calata de ocasión, terminemos en la portada ensangrentada de algún periódico. No me importa, la nota es lo primero.

5

Escupo por la ventana un poco de flema amarga y con sabor a tabaco. Cómo me encantaría estrellarme contra un muro y desaparecer. Me abruma mi proprio mal humor, tanto que ni yo mismo soy capaz de soportarlo, de soportarme. No es enojo, es pena; violenta tristeza que arrebata, que enloquece. No debería dejar que mis asuntos me afecten. Vivo rodeado de desgracias, de muerte y tragedias, y sin embargo, mis pequeños problemas, mis fracasos cotidianos, son los que me trastornan… Eso es más egoísmo del que me gustaría tener que admitir.

6

Me estaciono y saco la cámara, un chofer ebrio que se descarrila un viernes a las 3 a.m. Él está muerto y no hay más heridos. “¡Con esta nota se abre el noticiero!” me dice mi compañero, emocionado, demasiado feliz por aquella muerte.

Yo me limito a grabar sin interesarme por aquel cúmulo de sangre y fierros inservibles que otrora fueron un automóvil. GraBo instintivamente, en automático, a estas alturas ya nada me sorprende y total, yo soy solo el camarógrafo, nada más, mientras mis tomas sean las correctas todo estará bien.

7

Dicen que trabajar en la noche altera el ánimo de las personas, las enajena. En todo caso prefiero la locura que volver a la rutina diurna y el sol ardiente de esta ciudad con clima de desierto. Caminar 5 horas diarias, sudando sin parar, persiguiendo políticos para que me digan cosas que no me interesa oír. Cosas que a nadie le interesa en realidad.

Trabajo para un noticiero de provincias en un país donde no existe la prensa de provincias. Si no estás en la capital nadie escucharÁ tu voz, no importa que tan fuerte grites o que tan importantes creas que son tus palabras. No existes, no existimos. Tengo que salir pronto de aquí, largarme antes de que termine de enloquecer. Mientras tanto la sangre nocturna es mejor que las palabras vacías a la luz del sol.

8

Manejo de regreso al hospital, nos estacionamos y empiezo a fumar mientras espero a que algo pase. Mi compañero revisa mis tomas, me felicita por un par de buenos encuadres. Se le ha ido el mal humor y le brillan los ojos. Saco una lata de Red Bull de mi mochila mientras pienso sin dejar de fumar. Yo también estoy más calmado.

Al poco rato nos avisan sobre un suicidio, un hombre que, por desamor y desesperación, se voló los sesos en un hotelucho del centro. El cadáver aún tenía lágrimas en el rostro cuando llegamos al hotel, tan frescas como la sangre. Morir junto a putas y peperas en un cuarto que apestaba a orines, perderse para siempre en frustración mientras parejas clandestinas y amores furtivos florecían a tan solo una pared de distancia. Nadie merece morir así de solo, así de triste.
Nuestras noticias siempre son malas noticias, pienso mientras enciendo la cámara y sacudo los hombros como tratando de deshacerme de algo desagradable. Así es esta chamba, me digo, así es esta chamba.

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