El equipo creativo de Ninakami trabaja en un proyecto ambicioso que fusiona estética de anime con raíces culturales locales. Durante su paso por Arequipa, Omar Vallejos compartió detalles sobre la metodología de trabajo aprendida en Japón, la importancia de la identidad peruana en la narrativa y el reto de construir una industria de animación sólida en la región.

Arequipa como parte del punto de partida creativo
La llegada de Omar a Arequipa no fue casual. Su estadía forma parte de una investigación de campo necesaria para dotar de autenticidad a los personajes y escenarios que aparecerán en la serie. La gastronomía fue uno de los primeros contactos: “Me han puesto muchas expectativas sobre la comida de la Arequipa. Estoy bastante curioso, de verdad. Hemos probado el queso helado”.
Más allá de la experiencia culinaria, la ciudad se convierte en un espacio simbólico. El Misti aparece en el video promocional del proyecto y, según Omar, esa decisión nace de una memoria personal: “Cuando yo era niño vine y desde ahí vi el Misti igualito. Dije, vamos a hacer que explote el Misti”.
El productor destaca que el proceso no se limita a incorporar elementos visuales. Se trata de comprender cómo piensan y viven las personas en cada región. “No quiero hacer la clásica de poner un adorno sin saber ni cómo es ni cómo actúa la gente”, afirma.
La metodología japonesa en la animación
El proyecto se nutre de la experiencia que Omar adquirió en Japón, donde estudió una maestría apoyada por el gobierno local. Esa formación lo llevó a adoptar procesos estructurados y de alta exigencia. “Aprendí la metodología japonesa de trabajo, tanto creativamente como industrialmente hablando. Y con ese conocimiento pudimos desarrollar nuestra propia forma de hacer las cosas, manteniendo un estándar de calidad alto”.

Esa visión contrasta con los modelos occidentales de producción. Según Omar, en Sudamérica predomina la influencia de Estados Unidos, donde el trabajo suele estar asociado a videoclips o formatos más comerciales. Japón, en cambio, ofrece un esquema más riguroso, con etapas claramente definidas que garantizan eficiencia.
No obstante, aplicar esa disciplina en países como Perú exige ajustes. La cultura laboral japonesa no siempre se traslada de manera directa, por lo que Ninakami ha debido adaptar esos métodos a la realidad sudamericana.
El resultado es un híbrido: un modelo de producción con raíces japonesas, pero que respeta los ritmos y contextos locales, incluyendo las experiencias que surgen en ciudades como Arequipa.
Arequipa en la construcción de identidad narrativa
El anime de Ninakami no busca contar historias universales, sino locales. La instrucción que recibió Omar en Japón fue clara: crear pensando en su propia gente. Ese enfoque lo llevó a replantearse quiénes son los peruanos y cómo representar a Sudamérica en un lenguaje audiovisual global. “Tú piensa nomás que lo va a ver solo peruanos. Piensa en eso y hazlo así”, recuerda.
De esa reflexión nació la decisión de realizar investigaciones directas en regiones como Arequipa y Puno, donde el contacto con la población alimenta la construcción de personajes y escenarios. El objetivo no es solo estético, sino también narrativo: lograr que los espectadores locales se sientan representados.
El productor destaca que las culturas de la región ofrecen un universo rico y complejo, comparable en fuerza a cualquier tradición internacional. Desde los dioses andinos hasta las expresiones cotidianas, el proyecto busca rescatar esa diversidad y darle proyección global.
La autenticidad de Arequipa, con su comida, su paisaje y su historia, se convierte así en un eje para construir un anime que no imite modelos extranjeros, sino que se nutra de sus propias raíces.

Un cierre con proyección hacia el futuro
El paso por Arequipa marca apenas una etapa de un proceso más amplio. Actualmente, el equipo de Ninakami se encuentra en fase de investigación, guion y diseño de personajes. La meta es concreta: producir una serie de al menos doce capítulos, con la posibilidad de continuar con nuevas temporadas y hasta una película.

El modelo de financiamiento, inspirado en el sistema japonés, busca involucrar a empresas y público a través de productos derivados y merchandising, garantizando la sostenibilidad del proyecto.
La ambición es grande, pero el enfoque permanece claro: construir una industria de animación sudamericana sólida, capaz de competir internacionalmente sin perder identidad. Y Arequipa, con su mezcla de tradición y modernidad, ya forma parte de esa historia.

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