Las no ficciones de Ayala y otras increíbles historias

Amor al chancho

Las siguientes son historias que a todos nos hubiese gustado contar, mejor dicho inventar para darle al lector el puro gusto de introducirse en el mundo de “lo nunca antes visto”. Por ejemplo, imaginen un grupo de “jubilados cubanos que cumplen la que podría ser su última misión revolucionaria: resguardar los lentes de una estatua que homenajea al músico británico en una pequeña plaza de La Habana” (Los custodios de Lennon) O También “antes de morir, Ernesto Guevara dejó en La Higuera varios testigos de su pasión y agonía. Una mujer le sirvió café. Un campesino habló con él y sus compañeros. Y hay también quien asegura que le prestó una silla para que descansase. Luego, en Vallegrande, una enfermera lavó su cadáver y un vecino sacó una foto de su torso desnudo en la que dicen que se parece a Jesucristo” (Los mercaderes del Che) A cualquiera le hubiese gustado escribir una historia sobre “los tours más tétricos del planeta. A mano izquierda, la funeraria de Medellín que recibía cuerpos con más de cien agujeros de cuchillo. A mano derecha, los altares con la foto de quien era conocido como el más capo de los capos” (Pablo, presidente) ¿A quién se le podría ocurrir hablar de un personaje de nombre Américo Estévez quien “ vio once veces una película de Van Damme porque su abuela quería que aprendiera a defenderse? (El saxofonista sin saxo) Es más, podrá existir un lugar donde “perder una oreja, una pierna o a un ser querido es sinónimo de buen augurio”, (El club de la pelea). Es probable, quizá tanto como una huida espectacular “como la de cuatro frentistas que en 1996 escaparon de una cárcel de Santiago de Chile desde un canasto que colgaba de un helicóptero” (Los héroes del penal de San Roque), pero no más espectacular que un secuestro en la ciudad de El Alto y “que pasaría desapercibido (…) si no fuera porque los vecinos encerraron allí a su propio equipo, bajo candado” (El secuestro más extraño del fútbol) ¿Acaso usted dejaría de leer una historia con un argumento como este?: “y se lo llevaron a Mauthausen, el más cruel y aterrador de los campos de exterminio nazis. Allí pasó casi media década aguantando torturas de toda clase, sin ni siquiera imaginar que hallaría la felicidad años más tarde en un pedazo de selva de la Amazonía boliviana” (El contador de relámpagos). Y qué si le dijera que en alguna parte del mundo dos detectives “ Juanito y Juanita resuelven homicidios sin salir de la oficina” (Las calaveritas investigadoras y otras historias) Cada una de estas historias fue escrita por el pulso incasable de Alex Ayala, un periodista Boliviano entregado al imposible ejercicio de sorprender prescindiendo de ficción alguna. Las 14 historias están reunidas en su libro “Los mercaderes del Che y otras crónicas a ras del suelo” (editorial El cuervo) que esperemos llegue de alguna manera, al ras de lo que sea a nuestro país.

También puedes ver

No se encontraron resultados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER

SUSCRIBIRSE