Los últimos dioses del opio

Columna de letras Jorge Monteza

“Los últimos dioses del opio” (Surnumérica, 2019) es la quinta obra de Yuri Vásquez. El autor se dio a conocer —tardíamente— el 2010 con la publicación de Cortometraje, libro de cuentos. Digo tardíamente porque Yuri apareció en la escena literaria nacional cuando ganó el Premio Copé con el relato “Cuando las últimas luces se hayan apagado”, en 1994. Solo dieciséis años después del distinguido premio, se anima o encuentra las condiciones para entrar en tratos para las ediciones de sus libros. Desde entonces ha venido publicando con una frecuencia notable.

Esta es una novela que sorprenderá a los lectores por varias razones. Una de ellas es que, para su construcción, se vale de otros géneros discursivos como el diario personal, el teatro, el cómic, el ensayo, las epístolas. Otra, es cómo se combinan esos discursos y los efectos que logra con esas combinaciones.

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En la primera parte conocemos al personaje principal, el Dr. Leo Rubina (abogado) que, en clave de diario personal, describe sus días monótonos y una vida conyugal sumida en la desidia. Uno de sus clientes, un joven artista, al que apodará el Flautista de Hamelin, lo conducirá por la vida nocturna plena de mujeres y excesos. Seguidamente, en esa misma parte, interviene un narrador omnisciente que cuenta la historia de Erick, Dánae y Solange, tres artistas, amigos que sostienen una relación abierta y consentida. El conflicto surge cuando, esa relación que han construido y convencionalizado, secretamente, parece carcomerse por los celos y deseos de exclusividad en lo amatorio.

Podemos decir, una ficción que corre el riesgo de desbaratarse, por la realidad de los impulsos. De un modo análogo, El Dr. Leo Rubina, descreído de la vida matrimonial, la concibe como una convención que va en contra de la naturaleza del hombre; sin embargo, entregado a la vida licenciosa, sus encuentros sexuales se hacen más frecuentes y exclusivos con una sola mujer, pronto se verá cercando una relación, aunque clandestina, exclusiva.

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Por otro lado, la segunda vez que aparece la historia de Erick (página 120 aprox.), sabemos que ha emprendido la escritura de una novela largamente postergada. Es la historia de un hombre socialmente visto como respetable, un prominente abogado, pero que de pronto, guiado por un desgreñado estudiante de artes, se vuelve un asiduo de burdeles y mujeres licenciosas, hasta decantarse por una sola, por una amante. Es la historia de Leo Rubina y su doble vida. Ambas identidades son confrontadas permanentemente y las fronteras entre una y otra, se muestran cada vez más difusas. Se narra una historia, y pronto se alza otra, pero solo para devorarse a la anterior y generar nuevos significados a través de ese contacto. Es decir, no son tan importantes las historias en sí mismas como los efectos resultantes de sus combinaciones y sus múltiples sentidos.

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En “Los últimos dioses del opio” se entremezclan lo carnal y lo espiritual, lo utópico y lo mundano, lo pop y lo barroco. Un personaje juega a ser autor, a ser un arquitecto de espejos, de historias entrecruzadas y autorreflejadas; en permanente contraste. Esta obra también es una potente maquinaria de técnicas narrativas; destacan aquellas reelaboraciones de los códigos teatrales y cinematográficos. Es una novela descomunal. Hasta ahora, la obra más ambiciosa de Yuri Vásquez.

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