El fujimorista Añaños: “Yo he votado por ella (por Keiko)”

"Es un fujimorista convicto y confeso. El que, entre el 2020 hasta fines de 2023, haya utilizado la camiseta de Avanza País, un satélite fujimorista de ultraderecha, neofascista y criminal, no cambia nada su fujimorismo"

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El pasado viernes 21 de junio, en una amplia entrevista al empresario Carlos Añaños en el programa de Milagros Leiva en WillaxTV, tras hablar sobre la vida laboral de Keiko Fujimori, la periodista le espetó la siguiente afirmación en términos taxativos: “Pero usted votó por Keiko”.

En el acto, inicialmente, el Añaños respondió afirmativamente con una interrogante: “¿Qué querías, qué vote por Castillo?”. Sin pausa siguió con su respuesta: “No podía votar por Castillo. No podía”.

Y, posteriormente, remató diciendo: “Era una irresponsabilidad. Sabía el engaño que nos traía…” Ahí no quedó todo. Cuando la periodista le dijo que le parecía “muy bien que no niegue su voto”, Añaños añadió: “claro que sí, yo voté por ella (Keiko)”.

Esa confesión en el canal del fujimorismo y sus satélites (Renovación Popular y Avanza País), deja muy claro que Añaños ha sido fujimorista. Es un fujimorista convicto y confeso. El que, entre el 2020 hasta fines de 2023, haya utilizado la camiseta de Avanza País, un satélite fujimorista de ultraderecha, neofascista y criminal, no cambia nada su fujimorismo.

Es más, para ser estrictos, podemos decir que es un fujimorista de extrema derecha. Los hechos indican eso. Militó en silencio en el “partido” Avanza País de la chimpunera Chirinos, de Cavero y de Williams Zapata, los justificadores de las masacres en Huamanga y Juliaca, los co-responsables del copamiento y destrucción de las instituciones democráticas y de la modificación de más de 60 articulos de su Constitución.

Así, matices más, matices menos, en los hechos estar en Avanza País o en Fuerza Popular es casi lo mismo. En ese sentido, Añaños miente cuando, Nicolás Lucar le preguntó, en su programa en radio Exitosa, ¿Dónde te ubicas? A lo que Añaños, sin inmutarse lo más mínimo y en tono conciliatorio respondió: “yo no soy de extrema derecha, yo no soy de extrema izquierda. No soy facho ni progre”.

De esa manera, Añaños quiere borrar con palabras su fujimorismo real y su exmilitancia en el grupo neofascista Avanza País. Lo puede hacer en los medios concentrados que han recibido con emoción su inscripción en el partido familiar Perú Moderno, del también empresario Wilson Aragón Ponce.

Pero, en los hechos él sigue siendo un fujimorista de extrema derecha. Veamos. No ha condenado la masacre de diez ayacuchanos en Huamanga, Ayacucho, en diciembre de 2022, por militares y policías, y ni una palabra contra la coalición narco-corrupta que controla el Congreso y que, prácticamente, han destruido la democracia.

En la mente del “emprendedor” y “gestor” no existen los asesinatos extrajudiciales de sus diez paisanos, ni el proyecto golpista y dictatorial en realización desde el Congreso que, a su vez, gobierna el país. Sobre esos temas no dice ni pío. Ni nadie le pregunta.

En su discurso de los “invisibles”

(refiriéndose a los centros poblados), no existen las ejecuciones extrajudiciales. Ni el absoluto rechazo al gobierno de Dina Boluarte y el Congreso que, en promedio, tienen el 5% de aprobación.

Añaños sigue siendo espiritualmente un fujimorista. Más preciso: sigue siendo de ultraderecha. ¿Su reciente inscripción al partido Perú Moderno, el miércoles 19 de junio, lo convierte en un potencial candidato de centro derecha? No. En lo fundamental mantiene lo medular del discurso fujimorista.

Es una falsa opción de centro derecha. Solo Alfonso López Chau lo ve así. Pero, eso sí, a su cogoyo de ultraderecha le ha añadido varias cosas. De un lado, habla muy bien el quechua ayacuchano del cual se siente orgulloso y se reinvidica de la cultura wari. Segundo, se presenta como un gestor y emprendedor “exitoso”, sensible y que ama a Ayacucho y al Perú. Y, tercero, maneja bien algunas cifras de los “invisibles” y las potencialidades que tiene el país.

En cierto modo, es un émulo de Toledo, quien decía que era un “error estadístico” el haber estudiado en Harvard tras dejar Cabana y ser lustrabotas, para destacar su éxito como economista. Añaños, desde otra experiencia, se vende con énfasis como un “exitoso” gestor y empresario de un grupo económico globalizado. El primero desde lo académico, el segundo desde la empresa

Añaños, al igual que Toledo, quien se presentó como el “cholo sano y sagrado” y el “Pachacutec” , está utilizando el quechua, su lengua materna, y la identidad de la cultura Wari, para señalar que es un guerrero de esa cultura milenaria.

En conclusión, estamos ante un pre-candidato ayacuchano quechuahablante que pretende, como lo intentó Acuña en 2016 y Porky en 2021, ser una alternativa de un fujimorismo sin los Fujimori. Sin explicitarlo pretende ser el sucesor de los Fujimori (padre e hija) desde la ultraderecha conservadora chola y provinciana, más no blanca y racista con quienes, sin embargo, se sentía muy bien.

Finalmente, al solo cuestionar la corrupción (repitiendo la cifra de la Contraloría), la inseguridad ciudadana y el no funcionamiento del Estado, más no a la trilogía del criminal organizado (narcotráfico y minería ilegal) que gobierna al país desde el Congreso, no solo ha sido cómplice de esas fuerzas, sino que ha formado parte de ellas militando en Avanza País.

Volveremos sobre el narcotráfico.

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