César Acuña no solo es la mente más privilegiada de la política peruana, también es el favorito de diosito y hasta recibe mensajes directos de “papalindo”. Este nuevo delirio del dueño de Alianza Para el Progreso salió a relucir cuando era cuestionado por presuntos cobros de coimas en la región La Libertad relacionados al Procompite. El prodigio de las matemáticas negó estar involucrado en actos de corrupción y dijo tener autoridad moral para levantar la voz al defender su nombre.
Acto seguido, alegó que tiene como asesor a Dios, que el creador le aseguró que lo va a cuidar y que la entidad divina hará justicia con la gente que le hace daño. A pesar de su discurso, propio de la más disparatada de las sectas, la gestión de César Acuña en el GORE La Libertad anda de capa caída, colapsado por acusaciones de cobros de coimas, licitaciones irregulares y vacaciones interminables.
¿Y así quería ser presidente?
Daniel Quintero, quien izó la bandera de Colombia en territorio peruano, no se rinde y asegura que Perú violó la soberanía… colombiana.
Si en Perú tenemos a María Agüero, en Colombia tienen a su Daniel Quintero. Expulsados de la cordura por lo que ellos consideran “ser de izquierda”, pero que en la práctica solo les sirve para hacer el ridículo. Resulta que este colombiano fue el autor intelectual y práctico de izar la bandera de Colombia en la Isla Santa Rosa, desatando una polémica que puso incómodo hasta al mismísimo Gustavo Petro.
El precandidato presidencial y fiel seguidor del mandatario cafetero se declaró en “modo guerra” contra Perú, asegurando que, como buen “patriota”, no permitirá que nos apoderemos de una isla que —según él— les pertenece por derecho e historia…
Tras el retiro de la bandera, llamó “vende patrias” a todos los que lo critican, incluyendo a Perú entero. Patricia Juárez, siempre lista para el drama, presentó una moción para declararlo persona no grata y prohibirle poner un pie en suelo peruano, no vaya a ser que traiga su palo de bandera otra vez. Quintero ya había tenido arranques dignos de libreto, como lamentar la muerte del senador Miguel Uribe… y en el mismo aliento insinuar que fue un asesinato planeado para desestabilizar a Petro. Hay fanatismos que ni con café cargado se despiertan.
Pedro Castillo volvió a denunciar un supuesto juicio amañado y se considera una víctima
En otro capítulo de “El Juicio de Castillo”, el protagonista, el expresidente Pedro Castillo, decidió que el tribunal era el escenario perfecto para un monólogo dramático. Con la jueza Carbajal como antagonista, Castillo acusó el proceso de ser un “montaje”, protestó por tener un abogado público “improvisado” y declaró que seguía siendo “presidente” (aunque el libreto diga lo contrario).
Yo soy presidente de la República, no me pueden silenciar ante el país. Díganme dónde encontraron las armas. Mi abogado público no tuvo tiempo de prepararse; yo no tengo para pagar un abogado privado.
La magistrada, menos paciente que profesora de kindergarten, le cortó el micrófono mientras él gritaba sobre corrupción y derechos vulnerados (incluyendo su épica huelga de hambre olvidada por el tribunal). Para cerrar con un final de ciencia ficción, convocó a una “guerra continental” desde su celda en Barbadillo, invitando a Petro y presidentes de Chile, Bolivia y Brasil a unirse contra la delincuencia (¿o era contra los jueces?). Conclusión: aunque el golpe falló, el show sigue en pie.

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